Un país y muchas realidades

El autor presenta una mirada crítica sobre la actualidad boliviana poniendo énfasis en la diversidad propia de un país pluricultural.

Por Federico Parodi*

Podríamos hablar de nuestra propia casa, de nuestra Argentina tan diversa y dispar, pero hablaremos hoy de Bolivia, ese desconocido que todos asociamos al ser nombrado, con llamitas, gorritos de lana, montañas altas, secas y terrosas –gredosas-, e indigenismo.

Tenemos como argentinos –especialmente los litorales-, al decir de una historiadora local, una fascinación con lo incaico; y es verdad, no hay progresista, hippie chic o cualquiera del espectro que se alinee del centro a la izquierda, que no alucine con frecuencia sobre las bondades culturales del país altiplánico. En esta ocasión nos vamos a enfocar en la determinación de país altiplánico.

Ahora volvamos a la realidad. Bolivia es un gran país de 1.098.581 km2 de los cuales sólo el 28% (307.603 km2) son espacios andinos netos y otro 13% (142.815 km2) lo constituye el espacio sub-andino. Eso deja un 59% de territorio del país altiplánico (648.163km2) en una sorprendente e inesperada llanura que no supera los 400 msnm. Lo que nos deja ese sinsabor de la pregunta ¿por qué altiplánico con más de la mitad del territorio bajo y llano? Llegaremos allí en unas líneas.

Para cerrar a grandes rasgos con lo geográfico, Bolivia cuenta con tres cuencas hidrográficas, la amazónica, la platense y la interior que vincula el lago Titicaca con el lago Poopó, pero la única navegable comercialmente es la platense. Recordemos que Chile se apropió por la fuerza del Litoral boliviano en 1879 por lo que Bolivia es un país mediterráneo. Con todo y a pesar de las facilidades que otorgaba la cuenca del Plata, los gobiernos bolivianos han insistido en la conexión con el Pacífico. ¿Por qué?

Es preciso hacer una breve exégesis histórica para comprender el devenir histórico de este territorio. Desde los tiempos anteriores a la conquista española, los centros de poder indígena se situaron en el área andina, aunque nunca les fue posible traspasar los contrafuertes andinos que limitan con la llanura cruceña. Su último límite al Este fue el fuerte de Samaipata; una construcción que es anterior al Collasuyo pero que dominaron durante algunos años. Del otro lado, los Chiriguanos (una cultura guaraní), asediaban al incario.

La conquista española -recordemos que la idea de los españoles era llegar a conquistar imperios y disponer de sus riquezas como conquistadores, sin ir más lejos- que había comenzado en América del Sur por la entrada del Río de la Plata en 1536 por Pedro de Mendoza (aunque ya había sido prospectado el territorio anteriormente) y por el Perú, bajando desde Panamá, por Francisco Pizarro y sus socios en 1533 con la muerte de Atahualpa y la subordinación de todo el incario a la corona española. Todos los conquistadores apuntaron al descubrimiento del Rey Blanco y los pizarristas lo encontraron primero: desde 1545 el Cerro Rico de Potosí entró en el circuito comercial del Imperio Español. Por aquél entonces las noticias tardaban bastante en llegar y el primero de los platenses en enterarse de tal descubrimiento fue Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien tomó conocimiento de la conquista que había realizado Pizarro luego de partir en expedición con población asuncena para alcanzar al Rey Blanco. No concluyó su expedición, pero desde entonces supieron los habitantes de la Asunción que las riquezas de la plata ya tenían dueño.

Uno de los participantes, Ñuflo (o Ñufrio) de Cháves consiguió, no sin pasar por diversas dificultades de toda índole, fundar la primera ciudad del actual Oriente Boliviano en 1561 que se llamó Santa Cruz de la Sierra y que fue trasladada unas 2 veces desde su fundación. La idea de Ñuflo era establecer una vía de comunicación entre Chuquisaca y Asunción, cosa que en los hechos no se concretó porque la comunicación se dio por otra vía.

Retomemos algo que dijimos más arriba: los españoles venían a conquistar y a hacerse con las riquezas. El Cerro Rico había sido descubierto y subordinó la economía a la extracción de Plata (tal así que un adelantado de Asunción se perdió, llegó primero a Lima y se quedó explotando una mina antes que llegar a hacerse titular de su título real) y su transporte hacia España.

En ese tiempo el camino conocido era el andado, por lo que las riquezas seguían el camino de la conquista. De Lima partían a Panamá, cruzaban a pie los kilómetros de continente y se reembarcaban a España en el Caribe.

A los españoles no les interesaban más que las riquezas rápidas y trabajar la tierra no era una de sus prioridades, a no ser que significase la subsistencia de una población (como mantener el circuito potosino) o que ella le redituara sin trabajar –con encomiendas-. Las grandes llanuras y las zonas selváticas del Chaco y de la Amazonia no eran, para los españoles, una fuente atractiva de recursos, por lo que no valía la pena defenderlos –véase el avance portugués por la cuenca del Amazonas- y además estaban llenos de indios que la Corona no permitía esclavizar. Los únicos interesados españoles en ese medio fueron los Jesuitas que con sus reducciones llegaron a constituir su imperio económico a base de la explotación que no querían hacer los conquistadores; cosa que también significó su ruina, pero esa es otra historia.

Por lo tanto, las vías de comunicación hacia el sur, no se establecieron primero por el Chaco sino por el norte argentino, bajando las quebradas el incario hasta sus límites en las serranías cordobesas y de ahí cruzar una zona gris hasta Buenos Aires. Sin embargo, esta vía no se practicó de manera fluida hasta la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776.

En esas condiciones de abandono, desconexión ya que no había caminos y de autosatisfacción de sus necesidades es que se dio la existencia de la Gobernación de Santa Cruz durante toda su vida colonial. De ahí que sólo recibiera noticias cuando hubiera de cambiar autoridades reales o su situación amenazara con volverse separatista y/o subversiva. También vivió al constante acecho de los avances portugueses e indígenas que se supieron repeler de manera efectiva. Cabe aclarar que la Gobernación de Santa Cruz incluía en ese entonces todos los territorios de Santa Cruz de la Sierra, Beni, Pando, parte del actual departamento de La Paz –dentro de la frontera actual- y la zona de Madre de Dios (hoy parte del Perú), el Acre, el Chaco, la región del Río Madera y el Matto Grosso –perdidos entre guerras y tratados- los que suman un total de 1.086.546 km2 perdidos de esta gobernación mayormente en tratados que en guerras. Hablaremos en otra ocasión sobre este particular, aunque cabe remarcar que, durante toda la historia del territorio boliviano, la llanura fue siempre la pieza de cambio con que se negociaba.

Bolivia fue uno de los últimos territorios españoles en América en conseguir su independencia y el último de Suramérica en conseguirla en 1825. Bolívar dudó mucho sobre las intenciones de los independentistas altoperuanos por lo que, al concederles su primer Constitución, vinculó todas las decisiones del Congreso de la República de Bolívar a la aprobación del legislativo peruano; previa consulta a Buenos Aires y a Lima de si permitirían la autodeterminación de las provincias de Charcas.

Su vida económica no varió después de su nuevo estatus jurídico y continuó dependiendo del tributo indígena y la extracción argentífera; por lo que sus regiones relevantes continuaron siendo las mismas, Potosí y sus vinculaciones económicas con el exterior. Mientras que Chuquisaca seguía en decadencia, La Paz creció como intermediario hacia el exterior.

Santa Cruz siempre pidió a las autoridades centrales, pacífica y a veces intempestivamente, la vinculación con el resto de Bolivia por medio de caminos, la protección de sus industrias frente a los productos importados y la elección de sus autoridades (que antiguamente eran nombradas desde el poder central). Con bastante tino, la aristocracia cruceña pidió siempre la salida al Atlántico puesto que los mejores mercados de entonces se encontraban en Europa y la circulación de bienes del Altiplano hacia los mercados internacionales sería más fácil por esos caminos. Todos sus reclamos fueron desoídos cuando no reprimidos y silenciados a sangre y fuego; y las prioridades de comunicación se establecieron con el Pacífico. Detalle interesante es que Bolivia grava con pocos impuestos a los productos importados y Chile y Perú se lo permiten (ya que no gravan las mercaderías que van a Bolivia) a fin –según algunas interpretaciones- de mantener a Bolivia subdesarrollada.

Durante la guerra del Chaco (1932-1935) uno de los mayores problemas del ejército boliviano fue casualmente la falta de caminos para abastecer al ejército.

El problema de la desvinculación del oriente boliviano se solucionó parcialmente por iniciativa de un plan de desarrollo norteamericano –el Plan Bohan-, desde la construcción de la carretera que une Cochabamba con Santa Cruz en 1943 y terminada 11 años más tarde en 1954. Antes de esa vía las comunicaciones tardaban 3 meses en llegar a Santa Cruz desde La Paz. El Plan buscaba ser una alternativa a los proveedores azucareros norteamericanos, pero en este caso era de utilidad para la región.

Las líneas férreas no vinculan el altiplano con la llanura y ver un mapa de su desarrollo marca a las claras la voluntad del gobierno central de priorizar el desarrollo de la zona del altiplano frente a la llanura y de no vincular una zona con la otra.

Sólo con el agotamiento de los recursos de la plata y el estaño, y el surgimiento del valioso recurso del gas es que el Gobierno Central comienza a mirar al oriente y esa situación comienza en la segunda mitad del Siglo XX.

Pese a las grandes riquezas de la llanura boliviana, el poder sigue en manos del poder central y de la oligarquía que se resiste a negociar el poder. Ha elaborado hábilmente una historia donde el oriente boliviano no existe más que como un díscolo departamento donde se desterraban a los presos políticos y de donde partían las revoluciones. En la que el altiplano aparece como discriminado por los habitantes de la llanura –que usualmente los llaman “collas”, adjetivo que según su contexto puede ser peyorativo o no, pero proviniendo de un cruceño (camba) y oído por un occidental será siempre tomado como ofensivo- y ellos son víctimas de su maltrato. Lo que sienten los cambas y lo que explica el “altiplanocentrismo” lo describió Tristán Marof que, en 1936, después de la guerra del Chaco, escribió “Bolivia es el altiplano. Los españoles fundaron ciudades en el lugar que descubrieron las minas. El resto de Bolivia permaneció abandonado, en manos de la inercia y la ineptitud. No obstante de su debilidad como nación, Bolivia se dio el lujo de llamar colonias a las vastas regiones del noroeste y del sudeste (…) Santa Cruz, Tarija y el Beni, departamentos ricos, llenos de materias primas, agricultores por excelencia, fueron desatendidos (…). Nunca llegaron a estos ricos departamentos los caminos ni los ferrocarriles ni las escuelas. Llegaron los delegados del altiplano a mandar, beber y lucrar como esos capitanes generales destructores que enviaba la metrópoli española a sus colonias conquistadas y sometidas (…). Matones del altiplano o nativos del lugar corrompidos por el altiplano, sabían ganar elecciones, sabían explotar a los indios, sabían redondear una pequeña fortuna y luego retirarse a gozar de sus crímenes. Estos instrumentos, como es natural, provocaron el regionalismo, el odio contra el altiplano, la idea suicida de una Bolivia desdichada y paralítica.”

Por eso, cuando se habla de Bolivia cabe siempre hacerse la pregunta ¿de cuál de las Bolivias hablamos?

* Profesor de Historia. El autor actualmente está trabajando en el Museo de Historia dependiente de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno de Santa Cruz.

federico.parodi86@gmail.com