“Crecimiento” no es desarrollo. Las encrucijadas de un esquema neoliberal que padecen los de a pie

Una de las discusiones actuales de la economía torna en lo que se denomina bicicleta financiera y que está atado a las inversiones, la tasa de interés, el tipo de cambio y la cuestión de moda las Lebacs.

Por Luciano Rey

Exclusivo para Voces de Inclusión

En este marco de discusión debemos realizar una primera aclaración, el crecimiento no es desarrollo. La economía medida a través del PBI puede crecer, pero eso no implica necesariamente que la gente de a pie esté mejor, ni que aumente al poder adquisitivo o el empleo de calidad. De hecho la Argentina ha atravesado periodos de crecimiento de su PBI con aumento de desempleo y caída del bienestar social.

Para que el crecimiento traiga desarrollo y bienestar se debe materializar en un proyecto económico y político con equidad, donde los que ganen sean todos, crezca el empleo de calidad y el poder adquisitivo de los trabajadores.

Por otro lado podemos analizar que el PBI puede crecer por el aumento del consumo, del gasto público, de las exportaciones o de la inversión.

En la actualidad se pretende un doble un doble juego. Bajar la inflación a través de restricción de la demanda (consumo) y del gasto público, y generar crecimiento con inversiones. Este esquema en un contexto donde además se aplican medidas de apertura comercial, liberalización del flujo de capitales y altas tasas de interés para retener la fuga hacia el dólar, receta que afecta necesariamente la industria nacional y el empleo.

Sí es cierto que en estos tiempos electorales su receta colapsa con sus nociones ya que para no agitar las aguas del sentimiento popular aflojan su concepción de reducir el gasto y lo patean hacia delante con esa frase de que “es prioritario discutir las reformas estructurales después de las elecciones”. Pero en este esquema y forma de entender cómo deben funcionar las cosas, la receta neoliberal no cambia: ajuste del gasto público para liberar al capital del “ahogo”, liberalización del comercio y flujos de capitales, mayor flexibilización laboral y centralidad del poder.

Como contrapeso se espera que el crecimiento venga por el lado de las inversiones, lo que en esta lógica traerá aparejado en el mediano plazo un derrame hacia abajo.

Lo complicado del caso es que como se mencionó se da en un contexto con decisión política que tiende a la apertura comercial en búsqueda de mayor “competitividad” y disciplinamiento de los precios internos. Complicado porque en esta lógica podríamos disciplinar los precios, aunque aún no ha pasado ya que esa sola medida es insuficiente si no se trabajan las cadenas de valor y regulaciones eficaces, pero lo que sí sabemos es que matamos la industria nacional y la mandamos a reconvertir de productor a importador, pegando en el empleo sobre todo en los sectores de operarios y de menor calificación que en el corto plazo difícilmente se logren reconvertir. Historia repetida sin resultados optimistas para la gente de a pie.

Además a este panorama se le podría agregar el condimento que la apertura comercial lleva una pérdida de la industria nacional y de su participación en el consumo interno, aumentando las importaciones y la necesidad de divisas. Sabiendo que los dólares los obtenemos de las exportaciones agropecuarias (en general estable) o del endeudamiento (opción elegida), lo que en la última opción sino se genera una robustez adecuada es una complicación para la generación futura que deberá afrontar la deuda sin la correspondiente capacidad de pago.

Retomando lo gran esperado que son las inversiones como motorizador del crecimiento vemos que la lluvia de inversiones aún no se registra por una plausible explicación sencilla que se da por las recetas de este esquema económico para controlar la inflación, la fuga al dólar y el financiamiento de esta “normalización”. El combo viene dado por una alta tasa de interés que restringe el consumo y la fuga al dólar, con endeudamiento externo que desinfla la expectativa de devaluación y mantiene un dólar estable, y una caída del poder de compra de la población.

En éste análisis vamos a detenernos a pensar qué efectos tiene mantener una tasa del orden del 27% anual. La tasa de interés es el costo de oportunidad de la inversión, es decir que uno analiza si invertir en un emprendimiento o ponerlo en letras, bonos o plazo fijo, lo que más dé será la inversión conveniente. Este le imprime a todo emprendimiento tener por lo menos una rentabilidad mayor al 30%. También se puede ver este efecto pensando que ese empresario emprendedor debe financiar su inversión y pide un crédito, hoy tendría un costo financiero del orden del 27% anual, si su emprendimiento no logra esa tasa difícilmente concretará la inversión. Solo se efectuarán las inversiones altamente rentables.

Acá podemos comenzar a entender lo que algunos plantean entendiendo que estas recetas están llevando a una economía rentística financiera y donde la “bicicleta financiera” es el mejor negocio para los inversores. Qué es esto de bicicleta, básicamente invertir en el mercado financiero y no en el real, sabiendo que las ganancias allí son mayores por la tasa de referencia que fija el BCRA y la flexibilidad de comprar dólares luego a un precio bajo y estable. Dándole al inversor externo un espacio para obtener ganancias en dólares muy superiores al resto del mundo e inigualables en la economía real.

Alta tasa de interés + apertura comercial + deuda externa + flexibilidad a la salida de capitales = bicicleta financiera de corto plazo en detrimento de la industria nacional y el empleo

Por su parte como leña al fuego y como consecuencia de la necesidad de financiamiento de corto plazo tenemos la estrella de la noche las Lebacs. Qué son? son las Letras del Banco Central es decir títulos de deuda que emite la entidad monetaria a corto plazo, y que dependiendo la licitación los mismos oscilan entre los 28 y los 273 días de vencimiento. Tienen como objetivo, entre otras cosas bajar la demanda del dólar y bajar la inflación. Se licitan una vez por mes y el total del capital más intereses se paga al vencimiento. Los rendimientos de las LEBAC varían en cada licitación oscilando en el 27%.

LEBAC

PLAZO FIJO

28 días 26.50%

35 días 21.10%

98 días 26.50%

98 días 23%

 

Este esquema de financiamiento de corto plazo del Gobierno Nacional que sirve para apalancar el déficit y controlar el dólar ayuda a que las inversiones de los grandes inversionistas (bancos, fondos comunes de inversión, etc.) se canalicen aún más al mercado financiero.

Sin demanda no hay consumo, sin consumo no hay industria nacional, sin industria nacional no hay empleo, sin empelo no hay proyecto, sin proyecto no hay bienestar

Por último cabe prestar atención a lo que sucede y cómo se desarrolla el empuje de la inversión privada en la obra pública y viviendas. A una tasa de interés de referencia del 27% y con un Estado endeble en el control y regulación, solo proyectos altamente rentables serán financiados, y esa rentabilidad estará dada por el precio de que pagarán los usuarios y las condiciones del “negocio”. Y más aún habrá que prestar atención al discurso de financiar la construcción de viviendas con asociaciones público privadas con la imitación del modelo chileno, ya que ese esquema se mantiene con financiamiento de largo plazo realizado con carteras de largo plazo, las que en Chile son en general los fondos de las jubilaciones gestionadas por aseguradoras privadas las que nosotros nos recuerdan a las AFJP. Hoy se seduce al sistema financiero y se fuerza a tener este tipo de carteras, esperemos haber aprendido de los errores y no querer volver a ese nefasto sistema de aseguradoras privadas con la excusa de generar carteras de largo plazo ya que privilegiaron el negocio a al bienestar de los adultos mayores y no generaron ningún financiamiento de hipotecas.

Estamos expuestos a un nuevo ensayo neoliberal con fuerte sustento en el modelo rentístico-financiero y apoyado por el capital concentrado que repele a los modelos de anclaje popular y de bienestar social, con un contexto de posverdad que nos mantiene ocupados y con una aparente alegría y felicidad.

El pasado es conocido y debemos aprender de él. El futuro se va creando a cada paso que se da en el presente, pero los marginales del esquema neoliberal quedan en el camino y no logran pararse.