¿Dónde está …?

Ya pasaron dos meses de la desaparición forzada de Santiago Maldonado y día tras días somos millones en nuestro país y el mundo los que nos preguntamos: ¿“dónde está? Mientras tanto el gobierno nacional, el verdadero responsable, sigue mirando para el costado y encubriendo, para no llegar a la verdad.

Por Damián Rilo*

Nada bueno nos genera este hecho de terror, un terror que habíamos dejado atrás, un terror del que supimos salir a fuerza de lucha, el terror de un estado desapareciendo gente. Tristemente volvimos a tener un estado que genera terror.

La desaparición forzada de Santiago Maldonado es la consecuencia de las políticas de un gobierno que, aun llegando al poder por medio de los votos, elige sistemáticamente el autoritarismo para llevar adelante el plan de precarizar la vida de todxs los argentinxs. Para eso debilitan profundamente la democracia.

La vida democrática, el vivir en democracia, implica mucho más que votar cada dos años. Es poder ejercer, entre tantos otros, el derecho a pensar diferente y hacérselo saber al resto de la sociedad. Las variadas formas de protesta y manifestaciones del descontento y el no acuerdo son parte fundamental del estado de derecho, es tener derecho a expresarse y que el estado lo garantice.

Pero desde el 10 de diciembre de 2015, desde el mismísimo instante en que Macri recibió la banda presidencial, su gobierno se empecina conscientemente en violar cuanto derecho constitucional exista en beneficio de los ciudadanxs de la República. La República que ellos decían defender ahora es víctima (como sabíamos que no podía ser de otra manera) de los caprichos de un grupo muy reducido de poderosos inescrupulosos que están dispuesto a todo para no dejar rastros de que durante doce años y medio en este país millones estábamos haciendo realidad el sueño de generaciones y generaciones de patriotas luchadores de la libertad, la dignidad y la justicia.

Para la concreción de los siniestros planes del neoliberalismo organizado en la Alianza Cambiemos, es necesario precarizar la democracia, vaciarla de contenido, formalizarla y que se reduzca al sólo hecho de votar. Eso si, siempre que sea votar a su favor sino ni siquiera respetan el resultado de la votación como ocurrió con las PASO del pasado mes de agosto en la provincia de BS.AS.

Nuestra democracia hasta el 9 de diciembre de 2015, aunque imperfecta, estaba creciendo en su sentido social para la mayoría de la sociedad. Se vivía mejor porque la democracia estaba desarrollando su función de integrar a quienes no lo estaban, de alimentar, de curar, de cuidar, de educar de que nadie se sienta ajeno en nuestra tierra. Estábamos generando una sociedad democrática porque se elevaron los niveles de derechos a más ciudadanxs y se reconocieron nuevos derechos y así, de esa forma, extender el concepto de ciudadanía.

Pero todo eso a los poderes concentrados los asusta y mucho, los asusta cuando un presidente como Néstor Kirchner transgrede lo preestablecido y en su propia asunción y nos decía No debemos ni podemos conformarnos los argentinos con haber elegido un nuevo gobierno. No debe la dirigencia política agotar su programa en la obtención de un triunfo electoral. Sino que por el contrario, de lo que se trata es de cambiar los paradigmas desde los que se analiza el éxito o el fracaso de una dirigencia y de un país” y seguía “Se intentó reducir la política a la sola obtención de resultados electorales; el gobierno, a la mera administración de las decisiones de los núcleos de poder económico con amplio eco mediático, al punto que algunas fuerzas políticas en 1999 se plantearon el cambio en términos de una gestión más prolija pero siempre en sintonía con aquellos mismos intereses.” . Ellos no pueden tolerar que la democracia y la política sean la herramienta para generar la conciencia del enorme poder que la sociedad organizada tiene. Sus planes dependen de dominar los cuerpos y las mentes, por la fuerza o por las ideas, pero siempre dominar.

De lo que se trata es de una disputa central por el sentido de la organización de nuestra sociedad, si se establece como natural el individualismo donde el rey mercado determina los destinos de nuestro país o ganamos todxs con un sistema político/social/economico/cultural, es decir integral, de solidaridad donde el otro es uno, donde el desarrollo depende de lo colectivo, donde el hacer de la política estatal se encuadre en el concepto “la patria es el otro”.

Nuevamente, el interés del neoliberalismo en esta etapa (las anteriores etapas fueron la dictadura de 1976 y a década del menemismo) es la de romper la mayor cantidad de lazos, desmembrar el entramado social para frenar de esta manera cualquier tipo de iniciativa de organización ciudadana. Nos quieren desmovilizados y desorganizados, nos quieren sumergidos en el desaliento y la desesperanza para someternos y así poder desarrollar sus miserables e inhumanos planes con comodidad. Nuestro interés supremo, en cambio, es el de motivar la esperanza como objetivo y motor de nuestra militancia, nuestro proyecto es esperanzador porque busca un pueblo con autoestima al que no le puedan decir lo que es bueno para sí mismo, sino que sea totalmente consciente de sus propios deseos y de su capacidad para conquistarlos mancomunadamente.

En todos los tiempos los poderes concentrados necesitan generarse enemigos. Cuanto más “peligrosos” sean mejor ya que permiten justificar mecanismos desde el estado que restrinjan las libertades en nombre del orden. Es así que, en las distintas épocas de nuestra historia, hasta los más remotos tiempos, ellos marcaron a sangre y fuego la vida de quienes supieron enfrentárseles. Santiago Maldonado, con mucho dolor y sin que nunca nadie de nosotros lo hubiera querido, se transforma en un nuevo símbolo de lo que ocurre cuando, con tal de acallar a quien piense diferente, no respetan límites legales, morales, éticos ni humanos.

Santiago Maldonado, por quien seguimos exigiendo la aparición con vida y castigo a los culpables materiales e ideológicos, se configura como el punto de inflexión entre democracia y autoritarismo, y no porque Macri sea la dictadura, sino porque no es necesario ser una dictadura para ser autoritario y prepotente y no alcanza con haber ganado con los votos para ser democrático.

¿Cuándo nos preguntamos “dónde está Santiago Maldonado?” también nos preguntamos, ¿“dónde está la democracia?”

*Secretario General del partido Solidaridad + Igualdad.