Sobre la faz de la tierra, una nueva y gloriosa Nación &?=%#&

Desde el amanecer de la patria, se nos exige responder una pregunta, un nudo troncal: ¿País sin industria o país industrializado?, y la respuesta es inequívoca: ¡país agrícolo-ganadero! ¿Para qué intentos estériles de desarrollar una industria, que siempre termina en fracaso? Queremos que todos los ciudadanos nos ayuden a construir un país en serio.

Por Rubén Fernández

Exclusivo para Voces de Inclusión

Ese país ideal en el que crezcan nuestros hijos y nietos será, como siempre ha sido, un país de paz. Basta de paredes pintadas, grafitis, y volantes que solo ensucian. Basta de protestas. Con la flexibilización que imaginamos, no habrá más huelgas, siempre aprovechadas por extremistas. Un país en serio se construye con ciudadanos dóciles, gente callada, que no anda gritando por las calles. Sin desaparecidos, lo pasado pisado, sin próceres en los billetes ni en ningún lado; sin capacidad de acción ni de reacción. Un país como el que estamos edificando, no tolera piqueteros, ni populismo, ni plazas repletas de gente. En ese país, no habrá encapuchados con palos, excepto cuando buscando recuperar el orden perdido, se encapuchen los nuestros, infiltrados.

Los pueblos originarios volverán a ser indios; los homosexuales, putos; las mujeres volverán a la cocina, como corresponde, aunque se las eximirá de lavar los platos —esa tarea se reserva a los investigadores científicos, a quienes ya les bajamos el presupuesto—. Por decreto lograremos pobreza cero: todos serán indigentes, hasta que empiece el derrame.

Las paritarias quedarán suspendidas, ponerles techo demanda mucho trabajo. Los feriados serán días laborables. Si no, ¿cómo levantar el país en el estado que lo hemos recibido? Aspiramos a formar representantes obreros que digan “mande señor”, como ciudadanos educados. Sin embargo, inexplicablemente, la oposición más sombría puso el grito en el cielo cuando supo que crearíamos cientos de miles de puestos de trabajo con la reforma educativa en los colegios secundarios.

Ya no volveremos a sentir angustia, querido rey, porque no habrá Independencia. No mandaremos más heladeras al espacio, el colegio Cardenal Newman, cuna de héroes, será declarado patrimonio cultural de la humanidad, y los Panamá Papers serán incorporados a las cenizas del Iron Mountain. Los auténticos trabajadores serán consultados sobre temas sindicales, como hicimos siempre con el recordado “Momo” Venegas. El Fútbol para Todos, seguirá siendo para todos los que paguen.

Ya bendijeron nuestro proyecto, Cavallo, De la Rúa, Astiz, Rico, y otras personalidades, aunque el Papa nos siga poniendo cara de culo. Cavallo, que ya visitó el Banco Central, dijo que nuestro plan económico es similar al que condujo hasta 2001. Él, que estatizó la deuda privada de las mejores familias en 1982, ahora propone privatizar 130.000.000.000 de dólares de la deuda tomada, para que la paguemos entre todos. Un círculo perfecto ¡Es fantástico! Mandamos las reservas en barras de oro a Inglaterra. Ellos, que se llevaron nuestro tesoro en 1806, tienen experiencia en cuidarlo. Además, desde que volvimos al mundo, son nuestros aliados.

El periodismo militante será combatido. El país que queremos construir no necesita una prensa hostil, ni radios, mucho menos televisión —tampoco de cable— en los que impere el odio. No les crea. Jamás incorporamos a familiares de funcionarios con elevados sueldos, ni quisimos condonar la deuda del Correo, ni nuestro líder olvidó declarar un terreno valuado en 1000 millones. Tampoco manipulamos la justicia para gobernar a los carpetazos, ni callamos los robos de los amigos mientras escarbamos en las dudas del pasado. Si no nos cree, sintonice TN, Canal trece, lea Clarín, o tantos otros medios veraces e independientes, y verá. No es momento para periodismo de guerra.

Nuestro proyecto necesita de maestros con aptitud para domesticar a los jóvenes, de modo que resulten perfectamente adaptados al país del futuro. En ayuda de toda la sociedad, convocamos a nuestra gloriosa Gendarmería, dándole un amplio rango de acción: luchar contra organizaciones mapuches-kurdas-iraníes-venezolanas, visitar escuelas, universidades, radios, murgas infantiles y cambiar pericias a fiscales según el “uso nostro”. A la Cultura le daremos el lugar más alto posible; se trasladará el Ministerio al último piso de una torre. En este nuevo país seguro, acompañamos los dichos de Esteban Bullrich, y todos los días, un chico irá preso.

Nos ahorraremos el presupuesto de Ciencia y Tecnología, ya que el gran Hermano del Norte proveerá todas nuestras necesidades y de esa forma, por fin, venderemos limones.

Las verdaderas Universidades serán las tradicionales ¿Qué es eso de crear universidades por todas partes? Se derogará por decreto la autonomía universitaria por obsoleta, piensen que data de 1919. A los que no tengan más remedio que caer en la educación pública, se los seleccionará a pura “meritocracia”. Y como muestra de amplitud, no habrá restricciones para quienes puedan pagarse una privada.

Nuestros queridos viejos rezarán más, porque PAMI gastará menos. Eso, afianzará su fe, y los acercará a Dios, con el consiguiente beneficio ante la proximidad de visitarlo. Necesitamos invertir en nuestra amada niñez, verdadero futuro de ese país nuevo que queremos construir. A quienes no encuentren vacantes en las escuelas públicas, se le facilitarán pasaportes exprés a toda la familia. Se emplazará a los enfermos para que dejen las camas de los hospitales lo antes posible. Se organizarán jornadas para orar, cada uno en su religión —no somos nazis—, dirigidas por el rabino Bergman para pedirle al Señor que impida todo cataclismo natural.

Nada de lo que pueda ser privado, será público, como dijo un honorable personaje.

Pese a los agoreros de siempre, somos un país que CRECE. Crece la deuda y la desocupación, crecen los precios, crece la mortalidad de recién nacidos, crecen los femicidios y la prostitución infantil. También aquí nos regimos por la Teoría de la Incertidumbre, de nuestro benemérito Esteban Bullrich. Esta situación estimulará una avalancha de emprendedores y surgirán paseadores de perros, pilotos de drones, puestos de panchos, fabricantes de cerveza artesanal, vendedores de biromes en el transporte y todo un amplio espectro que mostrará la creatividad argentina. En todo estás vos.

En custodia de la moral que merece el país que soñamos, quedará expresamente prohibido besarse en la vía pública y darle de mamar a los bebés en las plazas. Para ello apostaremos un guardia en cada espacio público. Esos trabajadores irán a paliar la desocupación creciente por el cierre de las fábricas inútiles, dado que abrimos la importación, como corresponde a un país libre y soberano.

En la patria del sinceramiento, las tarifas y el valor del transporte lo fijarán las empresas, como forma de mostrar al mundo un amplio margen de ganancias que estimule la esperada lluvia de inversiones, y además, se dará la oportunidad para que todos los ciudadanos puedan bajar su consumo. El ahorro y el esfuerzo son la base de la fortuna. Juntos podemos.

Ya abandonamos todo reclamo sobre las Islas Malvinas y otras isletas lejanas, territorios que no sirven para nada y solo nos darían gastos. Además, privilegiamos la relación con nuestros socios británicos dándoles la posibilidad de extraer petróleo e instalar una base militar en Tierra del Fuego. Los gastos que esos soldados realicen en kioscos, bodegones y prostíbulos fueguinos serán un ingreso genuino de divisas.

Finalmente, en el país serio y maduro que pretendemos, vamos a inculcar a los ciudadanos desde niños, que hay un destino prefijado que deben asumir: el pobre es pobre y el rico, rico. A cada cual, lo que le toca. Y entre éstos, y achicándose, quedarán esos desorientados de siempre, llamados Clase Media. “Nunca Más” les haremos creer que pueden comprar una moto, un celular de última generación o cenar en un restaurante alguna vez.

Mienten descaradamente los que dicen que gobernamos para los ricos. Los hechos están a la vista. Todos los días instrumentamos políticas para todos los sectores: si un día bajamos las retenciones a sojeros, otro día bajamos la cantidad de medicamentos gratuitos a los jubilados. Si un día sacamos las retenciones a las mineras, otro sacamos las pensiones a discapacitados. Siempre buscamos la igualdad: apenas quitamos aranceles a los coches de lujo, también quitamos las notebooks a alumnos y maestros. Nos critican haber incluido a familiares de funcionarios en el blanqueo del dinero sucio depositado en el exterior, pero se olvidan que beneficiamos a todo el pueblo permitiendo la compra de cinco millones de dólares mensuales.

Para conseguir este país ideal, necesitamos su voto. Dos senadores ya están adentro, queda la duda sobre el tercero: entre Taiana, un “populista” al que metieron preso los militares —imagine qué clase de sujeto será—, y Gladys Gonzales, de intachable gestión, pese a que la acusen de intento de soborno, incumplimiento de los deberes de funcionaria pública, malversación de fondos y otras veinte acusaciones, todas mentirosas por supuesto.

Queremos un PAIS con mayúsculas, donde se respete la identidad mediatizada de
una sociedad que tal vez parezca adormecida, pero que despertará cuando estén dadas las condiciones. No vamos a parar hasta lograr el cambio.

Bienvenidos a la nueva y gloriosa Nación Argentina. ¡Alce su copa, vecino, y brindemos por los próximos cien años!

CAMBIEMOS QUE SE PUEDE, ¡¡SÍ, SE PUEDE…!!