El peronismo del pejotismo

El autor propone una mirada polémica y provocativa que invita a dejar abierto el debate y los análisis políticos sobre el futuro del campo popular, poniéndo énfasis en quizás uno de los emergentes más importantes del mundo en el siglo XX como lo es el “Peronismo”.

Por Nito

En términos históricos, el peronismo surge a partir de un conjunto de variables históricas y abreva en múltiples vertientes nacionales e internacionales. Perón, en efecto, resulta un dirigente fundador difícil de encuadrar y definir, permitiendo por eso mismo, que al General se le pueda atribuir concepciones fascistas como revolucionarias, aunque sería mucho más acertado hablar de una tercera vía ecléctica más cercana en muchos aspectos a la socialdemocracia europea que a cualquiera otra experiencia política.

Si consideramos la profesión del fundador de esta fuerza emergencia, una de cuyas características fundamentales es la de ser un movimiento antes que partido rígido y estructurado, es decir, su carácter militar, resulta sencillo comprender algunas miradas sobre el mundo, la sociedad y la realidad política.

Imposible comprenderlo, si eso es del todo posible, sin la enorme figura simbólica y testimonial, vital en el compromiso social partidario, de Eva Duarte, sin referencias posteriores a su marido por ser innecesaria dada su propia luminosidad que se proyecta hasta el presente y de manera internacional.

Es una tarea inútil indagar sobre Perón sin la figura descollante de esta magnifica mujer en la cual se concentra el legado de luchas poderosas y largas de otras a lo largo de la historia.

El postulado de las tres banderas sintetizando de alguna manera todo un cuerpo ideológico y doctrinario,  posibilitan o abren el camino a alternativa revolucionarias o cuasi revolucionarias, pero  la premisa de la asociación entre capital y trabajo, rompen de cuajo la posibilidad cierta de constituirse en un movimiento rupturista de estructuras e instituciones  en el sentido estricto de la palabra, aunque ello no impida que en algunas de sus políticas efectivamente haya realizado revoluciones importantes, como ser la consideración política del trabajador como sujeto de derecho y objeto de las políticas públicas.

Para acciones o decisiones puntuales no hacen al fondo de la cuestión, sino que la matizan. Es en efecto la cosmovisión holística, no los accidentes circunstanciales.

Resulta conveniente resaltar que el peronismo nace conquistando el gobierno del Estado. Desde allí desarrolla su estrategia de poder y de construcción, con una fuerte impronta de Estado protector y promotor de la movilidad social ascendente. Lo que podríamos denominar un Estado presente para disminuir y disimular las desigualdades que provoca por su propia esencia el capitalismo.

Ahora, jamás el peronismo de Perón buscó combatir al capital, sino asociarlo al trabajo, cuya versión actualizada es la definición dada hace unos años de “capitalismo bueno”. El peronismo es capitalista, y por consecuencia, reformador. De todas formas, lo mismo se podría decir del socialismo considerando los sujetos humanos que lo apliquen. La diferencia, y fundamental, radica en los principios básicos de una u otra definición.

Esta definición ideológica y filosófica, según muchos autores, en especial de la izquierda, fue responsable de inhibir en muchos aspectos otras alternativas inclinadas hacia el socialismo y basadas en la lucha de clases. Según otros fue en realidad la viabilización de demandas históricas llevadas a la práctica. De una y otra manera, el Estado durante el gobierno de Juan Domingo Perón fue el canalizador de las demandas sociales disminuyendo considerablemente la conflictividad social y el enfrentamiento de clases.

Los aportes de John William Cooke, en este entramado, si bien un aporte intencionado de giro a la izquierda, estructuralmente nunca tuvo real incidencia dentro del PJ, manejado desde siempre por los varones, más ocupados en preservar sus quintitas (en algunos casos cuasi mafiosas) que en custodiar las enseñanzas de Perón. Los ejemplos sobran y no aporta a la discusión de fondo.

No se trata de una lección de historia, por lo tanto, baste esta introducción para poder desandar el camino actual de aquello que nación a mediados del siglo XX y que ha ido mutando, llegando incluso a ponerse en las antípodas de aquel proyecto original, léase la experiencia neoliberal menemista.

Las experiencias frentistas, si bien importantes, siempre han estado bajo la hegemonía del PJ y cualquier crítica de los propios aliados ha sido mal vista y muy comúnmente de aliados a ser considerados “enemigos”. Esa impronta sigue, según esta mirada, plenamente vigente, como presumiblemente sea catalogada por algunos lectores. De allí frases como: “¿quién tiene el peronómetro?”, o “a los peronistas que no nos vengan a decir qué es el peronismo”, cuyo sesgo autoritario y acrítico es notable. Ello no es importante ni relevante. Sí lo es la capacidad para asumir posiciones críticas y constructivas, superando visiones y postulados puristas o ya perimidas.

Al ser un movimiento, la flexibilidad es una fortaleza para aggiornarse a los tiempos, a cualquier tiempo. Pero a la vez, esa flexibilidad tan flexible ha permitido que incluso se saliera de la dirección y el sentido que puede tener cualquier movimiento para realizar círculos, elipsis y/o cualquiera otra figura que se pueda ocurrir. Ya se ha mencionado la etapa menemista, pero no es la única, toda vez que, en las provincias, aún en medio de un proyecto cercano al primer peronismo, y, por lo tanto, a Perón, hubo gobierno denominados “justicialistas”, como los de Entre Ríos, pero a los que no les temblaba el pulso para atacar y destruir sindicatos y trabajadores por medio de medidas neoliberales como el descuento (y qué descuentos) por días de huelga.

Sin embargo, no hay que engañarse con espejos de colores. Aún en esos doce años de gobiernos “nacionales y populares” el PJ siguió siendo aquel de varones, acuerdo de cúpulas, de transas y negociaciones. Cada quien cuidando su quintita y fervientes menemistas de ayer se travistieron en entusiastas kirchneristas… hasta que ganó la Alianza de derecha neoliberal y conservadora Cambiemos.

La construcción política no se desarrolló desde las bases ni se permitió o fomento el debate interno. Las experiencias de nuevas agrupaciones tenían el sesgo verticalista y como siempre estructurado desde el Estado y desde arriba. Y una vez más los frentes fueron de adhesión, no de construcción colectiva o debate.

La supuesta “transversalidad” no devino de las propuestas de cada espacio frentista, sino digitadas desde el poder central del PJ advenido en kirchnerista.

La emergencia de una nueva militancia ha sido un dato distintivo. La incorporación de miles de jóvenes a la política ha sido quizás el logro más significativo en términos culturales de esta etapa. Pero una juventud no formada en la autocrítica y en el debate, sino en el apoyo incondicional a un proyecto diseñado por la dirigencia. Una juventud que por ello mismo muchas veces ha sido presa de cierto fanatismo o miradas parciales y bondadosas sobre cuestiones que de suyo eran altamente cuestionables.

La situación del PJ actual es compleja, e incluso ya hace años que parece más una idea ficticia que realidad la cuestión de “un PJ”, en especial si uno mira, por ejemplo, los gobernadores que se dicen “peronistas”. Lo mismo podemos decir de intendentes, diputados, senadores, concejales, etc.

La nota sobresaliente es la enorme capacidad de la inmensa mayoría para volverse sobre sus propios pasos y volcarse abiertamente a opciones que distan, y demasiado, de Perón. Tránsfugas, al fin de cuentas, hay en todos lados. Camaleones y chupamedias también. Al respecto, podemos analizar la que alguna vez fue UCR liderada por un tipo al que le llaman Raúl Ricardo Alfonsín. Ahí está Oscar Aguad (entre cientos de todo el país) para dar testimonio de ello.

Podríamos ir dejando en claro que el peronismo de Perón es sólo una idea romántica, y lo que sucedió al golpe del 55 fueron las interpretaciones de Perón, ya que el regreso del General fue, además de efímero, una experiencia trunca con un Perón enfermo, rodeado de personajes siniestros y en un contexto de violencia institucional y social sin precedentes. El Perón que volvió distaba mucho del que alguna vez partió.

Y todos sabemos que una cosa es el texto original, y otra muy diferente las interpretaciones. Y en este sentido las hubo de derecha, de centro derecha y algunas, las menos, de centroizquierda. La intención de grupos peronistas revolucionarios de izquierda fue diezmada por la dictadura cívico militar del 76, y los resabios jamás logran constituir un cuerpo con incidencia real más allá de lo testimonial y simbólico.

En este contexto, el peronismo de Perón, esta idea de Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica, está en crisis en lo que denominamos PJ, en especial en la dirigencia en general (con excepciones que confirman la regla), provocando una atomización fenomenal y al mismo tiempo conformando un entramado de relaciones enfermizas y de supervivencia. Las elecciones legislativas de medio término dan cuenta de ello, pero también la dispersión luego de la derrota electoral del 2015.

El Senado, con mayoría “justicialista”, se ha cansado de avalar las políticas neoliberales y que atentan directamente contra las Tres Banderas, con la anuencia concomitante de diputados que se autodenominan “Bloque Justicialista” o disfrazados de “Frente Renovador”. Es que justicialismo y peronismo, desde hace años no son necesariamente sinónimos, como asimismo puede que no lo sean Partido Justicialista y Perón.

En esta situación, el peronismo requiere una refundación ideológica, doctrinaria, organizativa, dirigencial y estratégica, para lo cual es imprescindible que se generen los espacios para el debate de las bases (no las roscas y transas de dirigentes).

¿Está el PJ preparado para estas discusiones? ¿Quiere el PJ darse esta instancia? ¿O solamente la idea es reagruparse para llegar nuevamente a la presidencia, pero repitiendo in eternun la historia cíclica?

¿O será necesario reemplazar la vieja cáscara para construir un nuevo “nombre” (que, obviamente, es mucho más que un nombre) que recupere lo mejor, la esencia de aquello y que resulte superador respondiendo al sujeto político del siglo XXI?

En un detalle muy significativo que marca claras diferencias en el proceso histórico, es que al primer peronismo le sucedió política y sociológicamente una “peronización” de los trabajadores y las clases populares en general. “El Pocho”, como le decían amorosamente a su líder, fue mucho más que alguien que amplió derechos e interpretó las demandas sociales para constituir una construcción cultural que disputara hegemonías con el rancio liberalismo conservador. Ese entramado condicionaba incluso el debate sindical y lo ordenaba dentro de un marco político ideológico concreto y además, encarnado. Hoy esta situación no existe. Ni la mayoría de los trabajadores tienen un sentido de pertenencia o asociación con el peronismo (aun cuando disfrutan de sus bonanzas), ni las políticas aplicadas por el Kirchnerismo han resultado en un “empoderamiento” real y profundo como aquel. Es un grave error estratégico y conceptual intentar leer la realidad con categorías del pasado hoy difusas o inexistentes.

¿Será, quizás, el momento de una conformación política de centroizquierda que aglutine a todos los espacios afines en una propuesta programática, tipo Frente Amplio?

Muchas preguntas que van más allá de lo superficial y que derivan en nuevos cuestionamientos estratégicos y tácticos.

Quien no lo quieran discutir, analizar o ver, allí está Urtubey, Menem, Pichetto, etc., para dar testimonio de ello.

Al fin y al cabo, la primera experiencia neoliberal democrática nació del PJ. Menem lo hizo. ¿Sólo Menem?

En el 2019 podremos decir Macri lo hizo. ¿Solo Macri?

La militancia del siglo XXI exige partidos, estrategias, propuestas, militancia, que recupere lo mejor de siglos pasados, pero que a la vez responda al sujeto político y al mundo actual.

Allí radica la clave para romper con el característico “vamos a volver” para concebir y concretar una propuesta transformadora y que modifique definitivamente las condiciones materiales, culturales y políticas de nuestra Patria Grande.