Kirchnerismo versus peronismo

 

Queda claro -o al menos a mí me queda claro- que las motivaciones personales de la carta pública que Aníbal Fernández le escribió a la ex presidente Cristina Fernández son atendibles, pero secundarias.

Por Pocho Esperanza

Que el ex Jefe de Gabinete considere que se lo abandonó malamente luego de su derrota electoral y que, despreciando su fidelidad, se intente convencer a los “traidores” (pongámosle el nombre de Jorge Domínguez) para que regresen al redil, deja la sensación de un pase de facturas público que sólo alimenta a las fieras mediáticas de la oposición. Sospecho que no era la intención principal del “compañero”.

Nadie puede negar la altura de este polemista como pocos hay en el país. Sus palabras vienen bien para que el debate se active.

Aníbal se despacha criticando no sólo la falta de compañerismo de muchos, sino que avanza más allá y cuestiona el propio armado de la creación de Cristina, la Unidad Ciudadana. Le endilga que el “peronismo” quedó tan sub-representado en ese armado político que dejó demasiados heridos. Es más, señala que el proyecto debe asentarse “primero” en el peronismo para luego avanzar en las alianzas pertinentes. Queda claro que el ex ministro no quedó conforme con el mix de nombres sin trayectoria política de las listas K.

Además, rezonga -con razón- que el kirchnerismo no se movió con energía y solidaridad de grupo antes las injustas detenciones de Julio De Vido y Amado Boudou -entre otros-; y que prefirió atarse a la letra de algún “gurú” de las comunicaciones para ofrecer una imagen lavada y floja para mostrar un espacio alejado de la corrupción -que vendría a estar representada por algunos de los “impresentables”, esos que son la creación más acabada de los mass media-. Aníbal acusa a Cristina -sobre todo- de no jugarse por los más leales, los más castigados por la prensa canalla. Y aunque reconoce que ella misma es la más bombardeada, reclama mayor acompañamiento para él mismo, pero también para su ministro de planificación, su vicepresidente e incluso para un “incondicional” en el territorio como Luis D’Elía.

Y sigue: le endilga roderarse de “inexpertos” con poder y poca cintura política. Más tarde la crítica por negarse al debate.

Mucho palo para, según propias palabras, el “mejor cuadro político que existe en la actualidad en el país”.

Es un ejercicio inútil discutir cuanto Aníbal se fue y cuanto se quedó en el espacio comandado por CFK. Porque el problema no es Aníbal, sino que rol tiene y/o tendrá el peronismo en lo que queda de mandato de Macri y cuál es su propuesta de cara a las elecciones de 2019. Y -a la vez- como se acomodará el kirchnerismo en ese esquema.

La última pregunta desvela la lectura que proponemos. Kirchnerismo no es igual a peronismo.

Aníbal dice que el peronismo necesita reagruparse para luego negociar las alianzas. Pero el kirchnerismo surgió como un problema de difícil solución en la discusión.

Hay kirchneristas no peronistas y peronistas no kirchneristas. Esto es un dato de la realidad que se debe tener en cuenta. Y no son cuatro ni cinco los compañeros y las compañeras que hoy militan en las filas de los diferentes espacios kirchneristas. Ignorarlos es un error grosero. Y no todos se identifican punto a punto con el peronismo, aunque -y hete aquí el nudo del problema- comparten las aspiraciones históricas del movimiento fundado por Perón.

A la “Unidad Ciudadana” quizás haya que verla como la opción “puramente” kirchnerista. Ese espacio, que integran agrupaciones de izquierda e innumerables hombres y mujeres que se sienten identificados con los Kirchner más que con Perón, tiene el problema de que pone por encima del “movimiento” al “proyecto”. La realidad indica que muchos “kirchneristas” de pura cepa quisieran borrar de un plumazo a lo que llama el “pejotismo” del mapa político nacional. Un importante segmento del “campo popular” cree en el kirchnerismo más allá del peronismo y mira con desconfianza a los popes del PJ, y no oculta su disgusto por mucho del peronismo remanente del pasado (vaya por caso el ejemplo de los gordos de la CGT).

Pero Aníbal llama la atención sobre la inconveniencia de esta idea. La consigna entonces sería: ¡con Cristina sola no alcanza!

Y entonces llama a “reagrupar al peronismo” para luego ir por los “aliados”. Quiere que se fortalezca el peronismo como columna vertebral del movimiento popular para luego ir hacia el encuentro de todos aquellos que quieran sumarse a la aventura.

¿Pero esto se debe hacer con o sin Cristina? El problema es que mucho del peronismo – pejotismo ya no quiere saber nada con ella. Además, ¿los “traidores” con los que hoy Cristina conversa, deben integran ese peronismo reagrupado. Es muy larga esa lista. Al punto que muchos de ellos piden un peronismo sin kirchneristas incluso.

La pregunta es entonces ¿se puede ganar sin Cristina? ¿Es posible un peronismo triunfador sin el kirchnerismo? La respuesta en este caso es “Sin Cristina no se puede”. A menos que se alíe a la derecha y se tiña de amarillo.

Pensar en que le movimiento peronista salió indemne del “menemismo” y negar que el “kirchnerismo” le dio nueva vida es tan inútil como creer que el peronismo es una etapa superada de la historia y que se debe conformar un nuevo sujeto político que vaya más allá de él.

Perón fundó un movimiento con el objetivo de que canalice las aspiraciones de un pueblo a una vida más digna. Pero más que su doctrina -interpretada por unos pocos- fue su praxis lo que le dio vuelo. El pueblo adoptó al peronismo porque le devolvió la dignidad. Néstor y Cristina sumaron a ese sueño. Otros lo seguirán.

Son los pueblos los que eligen a sus interlocutores válidos. Si millones reclaman a Cristina por algo es.

Los peronistas no dejarán de ser peronistas. Los que se sintieron tocados por el kirchnerismo seguirán reivindicando a NK y CFK.

Las estrategias electorales, las ingenierías, tienen vuelo corto.

Las identidades, la conciencia social, el reconocimiento de líderes van más allá.