Contradicciones, lamento y ocaso….

La autora desanda un camino cuya complejidad no admite lecturas lineales, aportando una mirada crítica del sindicalismo ante la actual coyuntura.

Por Mirta Monti

EDUCAR SIEMPRE ES UN ACTO POLÍTICO

  “Es preciso considerar una relación interna entre educación y política, esto es, toda práctica educativa en cuanto tal, posee una dimensión política, así como toda práctica política posee en sí misma, una dimensión educativa.”  (D. Saviani).

Decir que la educación es siempre un acto político equivale a afirmar que posee una dimensión política independientemente de que se tenga o no conciencia de ello, en la medida de que se capta determinada práctica. También puede ser aplicada a otras dimensiones o disciplinas: educación y religión; educación y arte; educación y ciencia.

Si la relación entre educación y política es intrínseca e identitaria: ¿por qué recibe ese rechazo de las comunidades educativas en general y de los trabajadores de la educación en particular?

Tal vez tengamos que apresurar respuestas en los fundamentos ideológicos de las concepciones contrapuestas en el debate (¿) educativo actual.   Estos ensayos de respuestas no harán más que surgir nuevos interrogantes los cuales requerirán caracterizaciones claras y exponer posibles variables que surjan desde el campo ideológico, político, educativo y social.

Considero que éste es un punto central que a muchos compañeros docentes les impide ubicarse claramente dentro de una corriente democrática y clasista dentro de la educación, construir reformulaciones acerca de qué, cómo, por qué y a  quiénes corresponde el derecho a educar en una sociedad democrática y avanzar en cambios y transformaciones que nuestro sistema educativo requiere.  Difícil hacerlo sin tener en cuenta la afirmación inicial.  Grimson y Tenti Fanfani sostienen que en las sociedades modernas la única democracia posible es la democracia representativa donde los individuos participan a través de las organizaciones políticas, sociales o sindicales que los representan.  La educación no es un asunto que compete sólo a los sindicatos y al Estado como el gran empleador o financiador del sistema educativo. La escuela es un asunto de ciudadanía, volviéndose así una cuestión objetivamente política. Los sectores dominantes, contrariamente a esta perspectiva, sostienen que la escuela es una institución que debe quedar protegida de los debates y las dimensiones que atraviesan el campo político. Pero  debemos ser  contundentes en esta afirmación: la cuestión escolar es objetivamente una cuestión política porque tiene que ver, nada más y nada menos, con el desarrollo de un capital en las personas como son el conocimiento y la cultura. La lucha por el conocimiento es una lucha política por eso es imposible, sociológicamente hablando, un maestro neutral que no se mete en política  o dice no permitir que la política entre al aula. En la acción o inacción todos tomamos posición política. Si el acceso a los conocimientos es un derecho de todos,  su realización práctica es objeto de lucha.

Además debemos tener en cuenta la situación actual que es de un profundo retroceso político e ideológico. Vuelven a surgir y se actualizan, a través de las políticas neoliberales, emergentes que tienden a golpear la educación pública y la formación docente, entre otras  reformas y acciones que intentan destruir lo que las luchas colectivas han logrado en años, contribuyendo a realimentar la desigualdad económica y social y a agilizar aparatos institucionales del Estado que funcionan como mecanismos de bloqueo de captación y/o satisfacción de necesidades y demandas de los sectores populares.  Así, por ejemplo, todas las críticas dadas a la educación pública provienen de resultados de pruebas estándares nacionales e internacionales,  que se presentan como fundamentos  para futuras reformas de nuestra educación pública mientras que, paralelamente, justifican las bondades de la educación privada.

¿Nos encontrará la historia, otra vez, luchando contra estas políticas de exclusión en la calle, con los trabajadores y los movimientos populares, en una enérgica defensa global de la escuela pública y contra las políticas de ajuste?  ¿Cómo imaginar este escenario de acciones conjuntas y de respuestas críticas a lo que se pretende implementar desde el gobierno si sabemos con certeza que nuestros propios compañeros trabajadores han legitimado con el voto estos mecanismos de la nueva derecha que considerábamos superados? Intentaré explicar esta paradoja.

UNA SENSACIÓN DE ELEVACIÓN…

“Sucede que, cuando a uno no le gusta un fenómeno político, cuesta explicar por qué la ciudadanía vota a ciertos referentes, va a una marcha, celebra con alegría…Es difícil explicar la fiesta que uno no comparte, no sólo por gusto sino por conciencia de clase” (A. Grimson)-

La inseguridad económica desencadenada por el nuevo capitalismo ha conducido a una gran parte del conjunto de los trabajadores a buscar “seguridad” en una zona nueva, en el “universo moral” que, por otra parte, no sería nada nuevo e incluso rehabilitaría procedimientos antiguos de dudosa moral. Y así aparece la derecha ganando entonces con ayuda de ambos bandos: el tradicional y el liberal. La aspiración a la vuelta al orden social, racial, sexual y moral, aumenta el ritmo de las “necesarias” reformas económicas. Las conquistas obreras que el neoliberalismo debe desmantelar son presentadas como reliquias de una inmoralidad de la era pasada. Orden, autoridad, trabajo, mérito, moralidad, familia, son condimentos de una vieja receta de la derecha que utiliza para defender a una minoría que la conforma.

Tomás Frank sostiene que el éxito de la derecha en terreno popular no se explica solamente por la tenacidad o el talento de sus portavoces, sino además que se aprovecha de transformaciones sociológicas y antropológicas y de un debilitamiento de los colectivos obreros y militantes, que ha llevado a numerosos electores a vivir su relación con la política y la sociedad de un modo más individualista, más calculador.

El análisis aquí requiere de la incorporación de un componente más: los medios masivos de comunicación. El poder que éstos representan como formadores de opinión, sumado al deterioro social del gobierno anterior, han generado la necesidad en la población de un “cambio”. Los dueños de los medios, socios del gobierno, trabajaron mucho en operaciones mediáticas cuyo objetivo era el de hacer creer que la nueva derecha neoliberal sería la solución a los problemas de la nación, a través del ocultamiento de los verdaderas medidas  de ajuste que se generaron y se generarán.  Mintieron. Propiciaron un fraude de la campaña electoral, ocultaron los verdaderos planes que tenían en favor de unos pocos y en contra de la mayoría. Y las demás fuerzas políticas han pactado ese ajuste desde el congreso aprobando las leyes.

Y el juego perverso sigue…y les creyeron. Y los votaron. Los votaron porque les hicieron creer que eran distintos. Que eran la opción más beneficiosa para el país.

“Porque esa idea les produce (a los que votan) una sensación de confirmación de su propio lugar, ajeno al universo de la pobreza, de la política, de los lazos sociales que impliquen obligaciones recíprocas” (A. Grimson)

Para que una gran parte del voto popular fuera cooptado por el macrismo debieron conjugarse instancias previas de complicidad entre los medios de (in)comunicación, la burocracia sindical y la oposición empresarial y patronal para ir contra las reservas de lucha de la clase obrera en particular y del movimiento popular en general.

Mientras el gobierno arremete contra el Pata Medina, arregla con la burocracia sindical la entrega de conquistas laborales. El combo reaccionario del gobierno se completa en una reforma al sistema de salud que da inicio al fin de la salud pública.

NO HAY QUE SUBESTIMAR A LA DERECHA

La desinformación es una de las herramientas que utiliza el macrismo para aparecer como la única salida posible a la crisis social en que  nos ha dejado inmerso el kirchnerismo.

Y, siendo la educación parte de la formación social en crisis, no sólo es necesario generar justificaciones a largo plazo, sino también de las particularidades y especificidades de alternar períodos  cercanos. No bastan las miradas estáticas. La dimensión política aparece, de nuevo, como un instrumento de privilegio para explicar la mediación entre la estructura, los grupos sociales y las construcciones  ideológicas dominantes.

Considero necesario incorporar a esta reflexión para enriquecer el debate,  el grado de responsabilidad de las conducciones del movimiento obrero.

CRISIS DE CONDUCCIÓN.

Sostengo que otra de las cuestiones centrales acerca del resultado de las elecciones que le otorgaron a la nueva derecha el poder de gobernar, pasa por la crisis de conducción de la fuerza sindical. A pesar de haber desplegado enormes esfuerzos para rechazar las políticas de desempleo y ajustes, las acciones  del movimiento obrero  fueron aisladas por las burocracias de sus sindicatos o soportaron luego el bloqueo de las centrales obreras. La CGT se sumó abiertamente a la negociación de la reforma laboral y el kirchnerismo  permitió, por acción u omisión, que esta situación siga en pie desalentando cualquier tentativa de movilización de sus gremios simpatizantes. Por ejemplo, la gran huelga docente que el yaskismo y la Ctera nunca promovieron desde la intencionalidad de derrotar al gobierno.

Afirma Grimson: -“Pero en este caso, como en muchos otros, hubo identificaciones de clase que convivían con identificaciones populares. Se pretendió sustituir una versión esquemática, que afirmaba que la clase social  llevaba a un tipo de lucha y un tipo de sociedad, por otra que afirma que la desaparición de las clases lleva a luchas puntuales, sin cambios profundos”. Creo que aquí radica el origen de la crisis de los sindicatos.

Y USTED PREGUNTARÁ POR QUÉ MARCHAMOS…

Los sindicatos reciben algunas de las críticas más extendidas en la sociedad. Se critica a los sindicatos patronales que acordaron el modelo neoliberal. Es una crítica relevante. Algunos dirigentes sindicales no atienden los reclamos de los trabajadores y están alejados de sus bases. En situaciones como esta, las disputas quedan libradas a la espontaneidad y a la capacidad de organización de las bases. No hay Justicia Social sin Lucha Organizada. Esto también refiere al carácter político que necesariamente tiene todo reclamo de los trabajadores que toman la calle.

Y no se marcha por un choripán. Se marcha por indignación o por esperanza.  Por potencia o por impotencia. Se marcha en respuesta a una agresión o a una muerte.  Para lograr reclamos más vastos y plenos. Por solidaridad, por miedo, para obtener beneficios colectivos, para cuidarnos…aunque en el palco cegetista  haya bolsillos llenos de salarios de más de cinco cifras. Marchamos.