India, el paraíso de la mano de obra barata

India se convertirá durante el 2018 en la quinta economía del mundo, superando a Francia y Gran Bretaña.

Sergio Lanzafame

Según un informe del Centre for Economics and Business Research (CEBR), una consultora con sede en Londres, para el 2032 llegará ya a ocupar la tercera posición con lo que sólo quedaría por detrás de China y Estados Unidos. E incluso la consultora PWC ubica a la India en segundo lugar para el 2040.

De esta forma, dos de las cinco principales economías del mundo ya serán este año “países en vías de desarrollo”.

Eso significa que ser un país económicamente poderoso no se corresponde necesariamente con ser un país desarrollado, si es que esta categoría se mide por Índice de Desarrollo Humano, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Es decir, se puede ser un país poderoso con una población que no tenga en su mayoría acceso a los servicios básicos, una alimentación adecuada, vivienda digna, empleo formal, seguridad social, educación de calidad y servicios de salud accesibles.

El neoliberalismo imperante transformó la carrera por el crecimiento económico en el objetivo principal que simplemente no tiene en cuenta las poblaciones en cuestión.

Esto no significa que a largo plazo algo de la bonanza económica se traslade a buena parte de los habitantes de los países que logran altas tasas de crecimiento. Lo que importa es “a costa de qué”.

India es un ejemplo de cómo un país puede crecer de manera sostenida y rápida, crear empleo y lograr el aplauso de los organismos multilaterales del mundo, y al mismo tiempo condenar a cientos de millones de personas a la esclavitud y la miseria.

Alguien podría responder que “los indios ya vivían así” antes de esta “revolución productiva”.

La respuesta es simple: “El fin no justifica el medio”, es decir “la esclavitud y la muerte de miles de personas nunca puede ser una solución”.

 

El paraíso de los Costos Bajos

 

Según PWC, una de las principales consultoras del mundo, India crecerá entre 2017 y 2050 a un promedio anual de 4,9%. Así llegará a explicar el 15% de la economía mundial dentro de 33 años.

La pregunta que se impone es qué explica este crecimiento.

El primer dato a tener en cuenta es el vertiginoso aumentio poblacional de ese país.

Hoy viven allí alrededor de 1.250 millones de personas y en 2040 habrá poco más de 1.600 millones. Así, la India será un gigantesco mercado de consumidores.

Aunque, según el mismo informe, la población en sí misma explica apenas 0,7% del 4,9% de crecimiento esperado.

Desde 1990 India comenzó a especializarse en la exportación de servicios, particularmente en sectores como la informática. Desde ese momento, ayudados por un sinnúmero de incentivos a las inversiones, muchísimas empresas multinacionales se instalaron en el paraíso de los “costos bajos”.

En un mundo que alienta todo el tiempo la “reducción de costos” de producción, la India ofrece las mejores oportunidades. Cientos de millones de personas disponibles en un ámbito de una población pauperizada al extremo. Lo que sobra en la India es gente dispuesta a trabajar.

Cuando el Gobierno vende a los inversores las ventajas relativas de India ofrecen: “Su vasto territorio la convierte en una importante fuente de recursos. Cuenta con una mano de obra sin parangón en términos de formación, cualificación y productividad que incluye ingenieros, personal directivo, contables y abogados. Su base de consumidores aumenta sin cesar, haciendo de India uno de los mayores mercados del mundo para bienes y servicios”.

Queda claro. Mucha gente, mucha competencia. Las empresas tienen para elegir mano de obra barata y calificada.

Lo que no se puede vender por razones obvias es que el 90% de los indios trabajan de manera informal con altas dosis de esclavitud.

Los sindicatos de la India son quienes explican de manera palmaria quienes son los que construyen el “milagro indio”.

Los jóvenes ingenieros trajeados del sector de las tecnologías de la información en la India tienen algo en común con los pauperizados trabajadores del sector informal: la falta de derechos laborales.

Las empresas del sector “tecnología de la información”, exportó servicios por un valor de u$s 80.000 millones en 2011, pero impiden la formación de sindicatos en sus empresas.

Pero, peor aún es la situación 400 millones de empleados “invisibles”, que sufren jornadas interminables en el sector informal sin ningún tipo de derechos, ni indemnizaciones por despido, que cobran salarios que llegan a u$s 4 por día.

La empresa “Asiainspection” recomendaba en 2011 a ir a la India porque se encontraban salarios hasta “siete veces más baratos que en China”.

 

El infierno de la miseria planificada

 

En el primer Censo Socioeconómico y de Castas que se realizó en ese país mostró lo que, en realidad, es India.

Se censaron 179 millones de hogares, la mitad de ellos rurales. El 21% de ellos pertenecen a las “castas” más desfavorecidas y la mayoría vive en sectores rurales.

Alrededor del 51,8% de las familias ganan no más de u$s 80 al mes (u$s 4 al día), ganados con trabajos manuales y/o casuales.

Solo 20% de los hogares rurales poseen un vehículo, y el 11 por ciento tiene implementos tan básicos como una heladera.

El 56% de las familias no poseen tierra y el 23% de las personas es analfabeta entre los más pobres.

Entre las castas más bajas sólo el 4% de los hogares registran trabajadores en el sector público y cerca del 2% en el sector privado formal.

El presidente Narendra Modi es un representante conspicuo del neoliberalismo a nivel mundial. Sus programas sociales incluyen una colección de planes de asistencia destinados al fracaso, toda vez que no hay intención de viabilizar ninguna forma de redistribución del ingreso. Las recetas ortodoxas hablan de “oportunidades”, “creación de empleo” y “esfuerzo”. Y parece que le va bien. El futuro es prometedor para el 10% de los indios que están catapultando, gracias al sacrificio de millones de desarrapados, a la India a la cima del mundo capitalista.