La Clase media en América Latina: ¿Fachos, héroes o inconscientes? Concepciones y recorridos sobre la categoría en la región.

A dos años de la llegada como Presidente de Mauricio Macri en nuestra República Argentina, como claro referente liberal y de derecha en Argentina, se torna imprescindible continuar realizando un proceso de análisis clave: ¿Cómo podemos explicar la decisión de amplios sectores, de votar por un representante de los sectores corporativos que vendrían – y que sin dudas vienen- retrocediendo en derechos de los sectores populares y de los trabajadores?

Prof. Román M. Scattini

 La clave de este análisis es fortalecer argumentos e ideas que contribuyan a debatir, persuadir, explicar y argumentar con elementos teóricos y claros, sin caer en innecesarios slogans o recurrentes panfletos a los que, en innumerables ocasiones, los integrantes del Campo Nacional y Popular hemos caído. La capacidad para explicar y debatir sin rótulos ni reduccionismos es una obligación y responsabilidad, para alejarnos de la auto referencialidad. Como solemos decir, a quienes son militantes, y entre quienes ya estamos convencidos, no debemos repetirnos lo mismo. Debemos avanzar, en una renovada batalla cultural, para dar el debate a compatriota que socialmente se conforma con derechos y oportunidades de un Estado que interviene en la Economía, con un modelo de Gobierno que defiende sus intereses.

En este marco, en los intercambios, se ha utilizado, recurrentemente, la noción de “clase Media”. En América Latina, los gobiernos populares en general, y en Argentina en particular, han fortalecido, y reconstituido, aquello que se considera una Clase Media, o -al menos-, eso se dice y se repite en diversas ocasiones. Ahora bien: ¿Qué es la clase Media? ¿Quiénes y por qué pertenecen a esta “clase media”? ¿Existe una sola “Clase media”? ¿Qué intereses económicos, culturales, identitarios, y políticos poseen los integrantes?

El presente trabajo pretende dar cuenta de un recorrido sobre la categoría de Clases Sociales en América Latina, en pos de un camino teórico que analice respecto de la gestación de la noción y del proceso y utilización en América Latina y en Argentina en particular. Dicho recorrido sostiene como puntapié que la categoría posee un bagaje conceptual denso y complejo, por su instalación, en las líneas de producción y de discusión teórica en América Latina. Además, es una categoría que ha sido apropiada en gran medida por diversos sectores sociales con una iniciativa de autoidentificación, sin por esto poseer conocimiento o dimensión en un plano teórico de los elementos que la construyen.

Camilo Sémbler, por su parte, considera que desde la década del 80 del Siglo XX en América Latina se ha dejado de realizar análisis sistemáticos y profundos respecto de la noción de Clase Media. En palabras textuales: “De este modo, no es de extrañar que en la actualidad se posea escaso conocimiento e información concreta sobre las clases medias latinoamericanas, su composición ocupacional interna, sus perfiles de ingreso y educación, sus orientaciones culturales y sociopolíticas, etc., a pesar de las constantes referencias a ésta que se pueden hallar en los medios de comunicación y en las aspiraciones de buena parte de la población latinoamericana. La clase media, en suma, parece haberse tornado una especie de “zona gris” de la estructura social de América Latina, que constantemente es referenciada sin lograr, en concreto, una mayor claridad y precisión en la identificación de sus rasgos particulares constitutivos”

Retomando de esta manera la noción de zona gris, a modo de espacio que ha abandonado un estudio sistemático, el autor aclara no obstante que en el caso de Europa, dichos estudios se han sostenido y profundizado, dando una serie de conceptos y bagaje cultural que permite un análisis de condiciones y recorridos en América Latina.

Los procesos

En América Latina el surgimiento de las clases medias es concebido como una de las principales bases sociales impulsoras de las políticas desarrollistas, pero al mismo tiempo, es una categoría social profundamente transformada en su composición y orientación por las transformaciones estructurales implicadas en dichas políticas. Por eso, en suma, puede precisarse que las clases medias aparecen analizadas principalmente desde las líneas temáticas de la modernización, el aumento del empleo público y el fenómeno de la movilidad social durante el desarrollismo latinoamericano.

Respecto del análisis de autopercepción, o autoidentificación, cabe destacar que Germani se basa en criterios de análisis que dan cuenta de la estructura ocupacional, como núcleo básico de la estratificación social, en donde ésta se concibe jerárquicamente a partir de las pautas socioculturales (valoraciones) de los roles y grupos ocupacionales, los diversos tipos de existencia que éstos implican –en términos de nivel económico y grados de instrucción-, los valores, normas y actitudes que les corresponden característicamente y, por último, la “autoidentificación” de los individuos con los diferentes grupos y estratos sociales.

A partir de esto considera que la estructura ocupacional de América Latina, producto de la modernización ligada a la industrialización sustitutiva de importaciones, ha tendido a incrementar las posiciones laborales en el sector secundario y terciario, lo cual se traduce en un crecimiento importante de los grupos ligados a funciones de dirección y a organismos burocráticos (públicos y privados), vale decir, aquellos que típicamente pueden identificarse como sectores o “clases medias”. En suma, desde Germani, se plantea el nexo existente entre la modernización de las estructuras socioeconómicas de América Latina y el peso que adquieren los sectores medios, tanto en términos cuantitativos – en la estructura ocupacional y el acceso a mecanismos de movilidad social- como en relación a su comportamiento sociopolítico – en tanto encabezarían, debido a la débil organización del proletariado, las alianzas multiclasistas modernizadoras.

En el proceso de estratificación social, los estudios de Florestán Fernández señalan que no se ha configurado un modo de producción estrictamente capitalista en la región, sino que conviven estructuras y formas sociales de diversos estadios de evolución económica, razón por la cual no sería acertado referirse al conjunto de la estructura ocupacional en términos de clases sociales

Es decir, se trataría de que una parte relevante de los grupos sociales de la región no se estructura a partir de las condiciones que plantea un mercado de trabajo propiamente capitalista, sino que la diferenciación y estratificación transcurre en torno a otros mecanismos societales –siendo el caso más evidente lo que ocurre en el sector agrario–, todo lo cual se traduce en que junto a las clases sociales se presenten una serie de grupos que corresponden más bien a “categorías sociales”

Por su parte, el autor Costa Pinto analiza la coexistencia de dos sistemas de estratificación, lo cual se expresa a través de lo que denomina como “fenómeno de halo”, es decir, la inadecuación entre el prestigio que alcanzan determinadas ocupaciones y su consiguiente posición en la escala de remuneraciones. Es el caso, precisamente, de las nuevas ocupaciones representadas por la clase media (principalmente las burocráticas), que tienden a presentar un alto status, pero salarios no significativamente mayores que los presentes en el trabajo manual más calificado.

En la perspectiva pensada como neoweberianos o neomarxistas, Anthony Giddens desarrolla que las clases sociales no son un actor social que se explique por su existencia en una estructura preexistente. De allí, desarrolla la idea de estructuración de las relaciones de clase.

Dice Camilo Sémbler: “De este modo, se trata de una estructuración activa de las clases y grupos sociales, en donde para su identificación y comprensión no basta con señalar los principales rasgos de la estructura económica, sino que es preciso clarificar los distintos factores, con sus correspondientes tipos y niveles, que intervienen en la estructuración de las clases.

Sobre la base de esto, Giddens va a distinguir entre factores mediatos e inmediatos de estructuración de clases. Los primeros corresponderían a aquellos que intervienen, precisamente,entre la existencia de determinadas posiciones en el mercado (capacidades de mercado) y laformación de clases como grupos sociales identificables, lo cual liga con la noción de movilidad social. Las oportunidades existentes de una coyuntura socio históricaimplican distintos niveles de conformación de grupos sociales, siendo su caso extremo aquél en donde la carencia absoluta de movilidad contribuye a la reproducción permanente de las experiencias vitales comunes entre distintas generaciones y, por ende, al cierre y permanencia temporal de un grupo o clase social.

Acorde a Giddens, en clara continuidad de los postulados weberianos, tres características inciden en la construcción de la noción de Movilidad Social: los medios de producción –es decir, la propiedad de los mismos. Por otra parte, la posesión de cualificaciones educativas o técnicas y para finalizar, la posesión de la fuerza de trabajo manual. En este marco general, puede retornar una distinción de tres grandes clases sociales: clase alta, una clase media, y una clase que solo es dueña de su fuerza de trabajo.

Por su parte, Erik Olin Wright propone la categoría de clases medias desde un complejo esquema de cuadros, en los cuales los sectores medios habitan en posiciones contradictorias entre los propietarios de los medios de producción, una burguesía que ejerce la explotación y dominio, y los proletarios que carecen de propiedad de los medios de producción ni del orden de su trabajo. No obstante, en lugares de contradicción, siempre esquematizado en un cuadro o “mapa relacional de la estructura de empleos”, existen las diversas relaciones que dan identidades a las clases intermedias.

En este punto, es preciso introducir la perspectiva de Ruth Sautu, quien en el Capítulo 2 de El análisis de las clases sociales: teoría y metodología, retoma el recorrido de los autores marxistas e incluye una lectura de Bourdieu y la noción de habitus. No obstante, la autora es categórica respecto de su desinterés en esta perspectiva final, y en la importancia de retomar estudios clásicos como Marx o Weber, para comprender macroestructuras económicas y la subordinación de las corporaciones como parte de las fracciones de las clases dominantes en el mundo actual.

Por otro lado, un aporte sumamente interesante realiza en su recorrido el autor Carlos Filgueira (2001), La actualidad de viejas temáticas sobre los estudios de clase, estratificación y movilidad social en América Latina, en el cual realiza un análisis sobre las formas de capital social y el rol que determinan los lazos fuertes y lazos débiles respectivamente. Para dicho recorrido, debe explicar el carácter del capital social, como aquel capital que el sujeto establece en su esfera de socialización inmediata, con ciertas características fuertes como son las Normas, y los sistemas de premio y castigo por el cumplimiento. El capital social es de carácter intangible, y se construye en una red de relaciones con aspiraciones e imaginarios de cada sujeto que está inmerso.

Por otro lado, el rol de los lazos débiles, como ex compañeros, etc, permite otra trama de accesos de información y en muchos casos de vínculos laborales fuertes y perdurables. Esas redes de socialización, de inserción, construyen una trama de opciones para los sujetos involucrados. Otras variables, como las posiciones geográficas y el capital físico o educativo se ponen también en juego. No obstante, el encerramiento entre iguales puede garantizar cierta resolución inmediata de la supervivencia, pero no garantiza una movilidad ascendente.

Por su parte, en el “Dossier sobre Clases Medias en América Latina”, parte de la Revista Todavía, Pensamiento y Cultura en América Latina N° 33, se realiza un breve pero concreto repaso de las situaciones actuales de las Clases Medias en algunos países de América Latina. De esta manera, en el caso de Brasil, la discusión sobre el ascenso de una numerosa cantidad de habitantes a la compleja trama que se denomina Clase media, conlleva discusiones de la índole de realidad material, simbólica, derechos, accesibilidad a políticas públicas, y dependencia económica de las mismas, e incluso una autopercepción de clase. Es decir, mediación de condiciones objetivas y subjetivas de existencia. A su vez, en una división entre “nuevas clases medias”, o “clases medias en ascenso”, y las clases medias “tradicionales”, se conjugan los factores de lógicas de medición de este ascenso, su pertenencia y proyección hacia futuro. Es decir, la capacidad de mantenerse en una esfera social si las políticas públicas cambian o no profundizan lo conseguido en determinados aspectos.

En “caso” Argentina es particular de estudio, por ser uno de los primeros en América Latina en constituir una Clase Media con Movilidad Social Ascendente, pero el vaivén volatilidad de las clases medias se sujeta a la dificultad de sostener condiciones para tal. Así, en Argentina, entre 2003 y 2013, Ana Wortman realiza un recorrido respecto de la relación entre la identificación con la clase media, los procesos económicos y políticos y el acercamiento o consumo de bienes culturales como el cine, el teatro, y en especial el libro. A su vez, el rol de Internet y los medios masivos de comunicación, en especial la televisión, como una construcción de espacio dentro/fuera respecto del hogar, la educación, el acceso a bienes culturales y la construcción subjetiva de interioridad y exterioridad.

En este marco general, cabe destacar como la autora recorre el  rol del libro en los 70, como un bien cultural  que era elegido en preferencia.

“Asimismo, el crecimiento de la matrícula universitaria hacia fines de los años 50 y 60

incidió en la conformación de un público más culto y exquisito, ahora ya no proveniente

de las viejas elites sino derivado de cierta sofisticación de un sector de las clases medias

que accedió masivamente a las aulas universitarias, ávido de nuevas propuestas.”

…” Cabe señalarse que las condiciones del mercado en los años sesenta eran muy diferentes a las actuales, había un público creciente y una política editorial más agresiva (King 1985: 23).

Retomando el trabajo de Camilo Sémbler, cabe destacar cómo él recupera que en las últimas décadas en América Latina, no será solamente la posición laboral el generador de la identidad social, sino también el lugar que ocupa el acceso y distinción respeto del consumo cultural y educativo como forjador de identidad. De allí, retoma la noción de Jean Baudrillard, quien postula la noción de objeto-signo, es decir, el acceso o búsqueda de acceder a ciertos elementos de capital social o cultural que identifique y profundice una identidad de clase.

Recuperando al célebre personaje “Mafalda” de Quino, podemos encontrar sobrados ejemplos. De esta manera, vemos en la preocupación del papá de Mafalda por conseguir un primer auto, como una expresión de esta búsqueda.

El vehículo será apoderado el “Pelagatos”, como una forma burlona que le atribuyen socialmente a un trabajador de clase media del acceso a este objeto-signo de representación que lo afianza como tal. Más allá de estas expresiones, no se registran en la obra autoidentificaciones de los padres de Mafalda como pertenecientes a una determinada clase. Sin dudas, es Susanita desde su lugar, o incluso Manolito como un sujeto ambicioso con pretensión de hacer negocios y ser parte de una clase dominante, quienes son depositarios de las características visibles que empiezan a traslucirse en un punto subjetivo en las clases medias ascendentes en Argentina, afirmando una identidad desde lo material, laboral, y por diferenciación con los demás.