EL LEVANTAMIENTO IRIGOYENISTA DE LOS HERMANOS KENNEDY EN LA CIUDAD DE LA PAZ -Entre Ríos- (3 de enero del año 1932).

Seis de septiembre del año 1930.

 

Buenos Aires festeja el alejamiento de la “chusma” que por primera vez en la Historia Argentina había osado transitar los   alfombrados salones de la Casa Rosada.

 

Dicen que los hermanos Kennedy estaban en un remate de hacienda en el norte entrerriano cuando se enteraron de la noticia: Un batallón de cadetes, un puñado de estudiantes y un General retirado con veleidades aristocráticas habían terminado con el gobierno popular de ese hombre silencioso y honesto que se llamaba Hipólito Irigoyen.

 

Desde ese momento al decir de Yamandú Rodríguez “los hermanos Kennedy viven para combatir al dictador…Sufren una opresión constante…. Sienten el taco de Uriburu sobre sus pechos”.

 

Entonces, muy lejos de la ciudad de La Paz –Entre Ríos -, más precisamente en Mendoza, un joven de 28 años, indignado al igual que estos entrerrianos, sale a   proclamar su lealtad al presidente depuesto. Lleva en su cintura un Colt 38 y luego de un breve tiroteo es detenido el jefe del cuartel   Teniente Coronel Edelmiro Farrel se apiada de este joven idealista apresado con armas en las manos y no le aplica la Ley Marcial, lo cual le hubiese costado la vida, solo lo expulsa de la provincia previo levantamiento de un prontuario, el cual señala lo siguiente:

 

Fecha de Nacimiento: 13 de noviembre del año 1901.

Lugar: Lincoln, Provincia de Buenos Aires.

Nombre y Apellido: Arturo Martín Jauretche.

 

Al decir de Lugones había llegado – finalmente – “la hora de la espada”. Otros ciudadanos no tienen la suerte del joven detenido en Mendoza. En Rosario se fusila a Joaquín Penina anticipando el crimen de José León Suarez, y en la Penitenciaría Nacional a los obreros anarquistas: Severino Di Giovanni y Paulino Scarfó , antes bárbaramente torturados por la Policía de Uriburu.

 

Pero volvamos a Entre Ríos y a los Kennedy. El atropello a la Constitución lo viven como una afrenta personal y saben que esa Constitución consagra el derecho de combatir a la opresión.   Eduardo, el mayor de los hermanos Kennedy viaja a Europa a denunciar ante la Liga de los Derechos del Hombre el atentado cometido contra Hipólito Irigoyen, aprovecha allí cuanta tribuna encuentra para hacer visible a nivel Internacional esta injusticia, pero además como buen criollo – a pesar de su apellido –  deslumbra bailando tangos en los salones de París.

Pronto esta nuevamente en la Paz…, en Buenos Aires, en el Uruguay o en donde haya alguien conspirando contra el dictador.  Por ello: “… Cuando Pomar, el Bayardo del Ejército argentino, alza la visera, encuentra a Eduardo Kennedy”.              

 

El General Gregorio Pomar encabezó el alzamiento Irigoyenista del año 1931 cuyo epicentro estuvo en la Provincia de Corrientes. Allí muere el coronel Lino Montiel padre del que fuera dos veces Gobernador (Radical) de la Provincia de Entre Ríos (Sergio Montiel). Paradójicamente su progenitor cae en defensa del verdugo político de Irigoyen.

 

Si bien esta sublevación fracasa y Pomar debe refugiarse en la República Oriental del Uruguay la conspiración y los movimientos revolucionarios continúan.  Los hermanos Kennedy recorren la provincia y en Rosario del Tala   toman contacto con un joven guitarrero y cantor conocido como el negro Chavero *.

 

Se establece una nueva fecha para el levantamiento general, el Comando Central estará en la ciudad de Concordia, “la provincia esta sobre las armas, es un camuatí, – dice Eduardo – …. El día 3 de enero a las 3 de la mañana, desde los campanarios alertas, los bronces soltarán el pampero”.

 

La misión de los hermanos Kennedy era sublevar La Paz, tomar la Jefatura de Policía y luego pedir instrucciones al Comando Central con asiento en Concordia.  Están jugados, hacen testamento y cumplen el plan de acuerdo con lo convenido.

 

Son catorce los hombres que, a las tres de la madrugada de ese caluroso enero del año 1932, se dirigen a tomar la Jefatura. Portan armas cortas y largas. La pequeña columna es encabezada por tres extraordinarios tiradores. Mario, Eduardo y Roberto Kennedy. Aún no se ha podido establecer si fue intencional o una simple demora en la comunicación, lo cierto es que la ciudad de La Paz quedó sola, la sublevación se había suspendido y la Jefatura de Policía como nunca estaba protegida por veinticinco hombres distribuidos en tres guardias. “…tropa escogida, veterana y sobre aviso”. Era una verdadera encerrona. Los Kennedy y sus compañeros avanzan en apretado grupo. “ARRIBA LAS MANOS” -gritan- Ha estallado la revolución”, el centinela no acata la orden y hace fuego sobre los atacantes. …Mario, con revolver en mano corre cubriéndose de los disparos y tira dos veces. El centinela cae con dos plomos en su cuerpo. Ya están adentro, les quedan dos guardias y 24 hombres atrincherados. Pero vayamos al relato textual de Yamandú Rodríguez: (…) Roberto le intima la rendición. Desde su bufete el policía responde con varios disparos. Kennedy hace fuego entonces. Hiere. Es éste un bello encuentro personal, bala por bala. Pero se aproxima un gendarme. Y entra en pelea. Ambos apuntan al brioso Roberto. – “Mátalo Mario” – dice encarándose con el gendarme.

Suenan dos detonaciones: Mario derriba al comisario de un balazo en la frente, Roberto hiere al soldado en las manos y le hace caer el máuser. Así a plomo y bravura toman la segunda guardia(…) “ENTRÉGUENSE PORQUE EL QUE TIRA MUERE” …son cinco hombres contra 23 que los reciben con cerrada ráfaga de fusilería.se calientan los revólveres y caen dos policías …, todo es confusión, un valiente agente se adelanta, -era el alma de la resistencia -. Mario hace fuego y mata, este fue el final del combate, el resto se entrega. La jefatura es tomada por los Irigoyenistas pero quedaban en el piso cinco policías muertos y tres heridos. El segundo paso fue comunicarse con Concordia para informar el triunfo. Entonces se enteran de que están solos y que todas las fuerzas gubernamentales -como una gran tenaza –  comienzan a cerrarse sobre la ciudad de La Paz.

 

El peso de la responsabilidad –seguramente- ha sido enorme. La suerte estaba echada, saben muy bien que los revolucionarios que fracasan se convierten -según el orden que manda – en gauchos alzados, bandoleros y asesinos.

 

El gobernador radical antipersonalista   se comunica con Mario y les intima la rendición, están perdidos – les dice – doscientos hombres van por Ustedes….será si pueden – le responde Mario.

 

Los hermanos se pierden en el monte.  Comienza aquí el segundo capitulo de esta cinematográfica historia: El cerco para capturar vivos o muertos a los corajudos Kennedy.

 

Ya hay tropas de línea en La Paz, barcos de guerra surcando el Paraná y sus arroyos y hasta aviones calentando sus motores. El monte que conocían de niños los cobija, pero el asedio será brutal.

 

Los hermanos y Papaleo (uno de sus leales hombres) descansan, hablan lo menos posible hasta que un poco en broma Roberto dice “che Papaleo… mirá no vayan a venir milicos por ahí…el compañero se sienta, mira y exclama: ahí hay uno. Así los abanica la primera descarga.”  Son muchos , vienen furiosos por el desquite , fusilan prácticamente al grupo que busca refugio entre los árboles, ya están de pie Winchester en mano buscando a  sus enemigos , dos disparos y dos militares que se desploman , los atacantes se atrincheran cuerpo a tierra, los Kennedy se mueven, saltan , buscan a sus enemigos , solo el sargento que mandaba la partida se mantiene de pié, queda al descubierto, Mario y Roberto le apuntan , el sargento cae fulminado, luego descubren a otro que combate rodilla en tierra , cae también con dos tiros en el corazón.

 

Los atacantes abandonan el monte. Imposible asomarse sin recibir un tiro entre ceja y ceja; entonces, la estrategia cambia. A las dos de la tarde una escuadrilla de aviones sobrevuela y bombardea la zona. El quebrachal es sacudido por las explosiones.

 

Horas de castigo. Los pajonales incendiados, la metralla cruzada y las bombas indican que es prácticamente nula la posibilidad de salir vivo del lugar, pero, irónicamente, en el único y desolado descampado, con yuyos que apenas los cubrían, los Kennedy observan inmóviles y en silencio el vuelo rasante de los aviones.

Era el momento de cerrar aún mas el cerco, de atacarlos, pero los jefes dudan, temen perder más hombres, su estrategia ahora es reforzar el sitio: las rutas con artilleros, el río con barcos de guerra y cuanta senda, casa, rancho y arroyo con soldados y policías  emboscados.

 

Atardece, las sombras se alargan y pronto la noche cubre a los Kennedy que comienzan a moverse. Son árboles, serpientes, gatos de montes. Avanzan sin ser vistos… y logran filtrarse. Los tres cruzan el Guayquiraró; están exhaustos, arañados, heridos, acosados por la sed y el hambre. Eduardo arde de fiebre, logran llegar a la Provincia de Corrientes, pero las estancias amigas están ocupadas por militares al acecho. Tienen que llegar al río Uruguay, y luego de esforzada caminata lo logran. Cruce a la otra banda y arribada salvadora a la República Oriental.

 

Entre Ríos quedó atrás, la provincia que conoció, pese a intencionados olvidos, la corajuda decisión de estos tres Radicales Irigoyenistas de combatir a la opresión por todos los medios, con la convicción patriótica que la Constitución y las leyes también se defienden con las armas en las manos.

 

*En una visita a Gualeguaychú, Roberto Chavero, hijo de Atahualpa Yupanqui, comentó que su padre había estado comprometido en esta conspiración.

El encomillado es del libro Los Kennedy (La gesta radical de La Paz, Entre Ríos) de Yamandu Rodríguez.

Algunas de libros y artículos consultados son:

– Yamandú Rodríguez, Los Kennedy (La gesta radical de la La Paz, Entre Ríos), 1934.

– Scenna, Miguel Angel, FORJA: La lucha en la “Década infame”, revista Todo es Historia Nº 37, año 1970.

Mario, Roberto y Eduardo Kennedy