PARADOJAS

 

Que un Ministro de Trabajo (Jorge Triaca) mantenga un empleado sin cumplir los recaudos de la legislación laboral, pero que además utilice la intervención de un sindicato para usufructuar de la situación acomodando personas en beneficio propio, y que luego de ello el Jefe de Gabinete (Marcos Peña Braun) explique que “es un error, pero no le va a costar el cargo” (Sic), es un cuadro por demás elocuente sobre el estado actual del capitalismo neoliberal en boga, pero no como patrimonio de estas latitudes, sino de forma global.

Por Lic. Sergio González

No es extraño para pensadores y analistas que ya lo habían predicho con tiempo como Zygmunt Bauman, o  Karl Marx en el siglo XIX, entre muchos otros.

Sin embargo, lo que si asombra es el cinismo, la desfachatez y desvergüenza con la que exhiben sus vidas personales y las acciones de gobierno, que, por otra parte, tiene una característica cada vez más concurrente: la ceocracia (Piñera en Chile, Trump en Estados Unidos, Macri en Argentina, Kuczynski en Perú, etc.). Sobre el cinismo resulta interesante la lectura de la excelente obra de Dante Augusto Palma “El gobierno de los cínicos”. Si no fuera trágico y real, sería catalogado como una espléndida obra de ficción.

Sin embargo, aunque parezca paradójico (no lo es), esta forma de hacer política cuenta con una base de apoyo electoral importante en todo el mundo, y en Argentina de forma patente y persistente, lo que lleva el análisis a un terreno bastante diferente a situaciones anteriores en la historia del país. Baste recordar que desde el advenimiento de la ley Sáenz Peña en 1912, el conservadurismo jamás pudo hacerse con un triunfo electoral en elecciones libres y con la participación plena de todo el espectro político, y su acceso al gobierno siempre fue por la vía de golpes de estado, década infame incluida.

Podríamos poner un paréntesis a la reelección de Menem de 1995 luego del giro a la derecha del PJ, o bien el triunfo de Marcelo T. de Alvear, pero en ambos casos utilizando estructuras y propuesta políticas de base popular (independientemente de las gestiones de gobierno que luego se practicaron y salvando las diferencias históricas y políticas de ambos casos).

En el contexto actual, es interesante ver cómo funciona (o no) el sistema de comunicación, las redes sociales, la construcción de subjetividades y los modos que disponen los grupos de poder para difundir sus estrategias, y en este sentido, los sectores de la economía y de las finanzas concentradas han logrado cerrar un círculo “perfecto” para completar el cerco y producir el golpe final a una nueva organización social, política y económica: un país para una clase social y el resto subsistiendo o muriendo en las nuevas formas de explotación laboral o abandono de personas. Se llama neoliberalismo y no tiene ningún tipo de límite ético ni moral.

No aportamos nada nuevo en sostener la participación escandalosa del sistema judicial, avenido en un brazo político más para la ejecución de las políticas más retrógradas que ponen en cuestión incluso los Derechos Humanos en su acepción más profunda y amplia.

El órgano judicial, o partido tecno judicial, desenfadado y desajustado con cualquier referencia al derecho o la constitución, cumple los mandatos del poder fáctico persiguiendo, encarcelando, siguiendo la agenda de la hegemonía mediática, y consolidando el enemigo que necesita el conservadurismo para sostener su caudal electoral: el odio concentrado en un proyecto político y ejemplificado en algunos de sus referentes más destacados.

De allí que en Argentina los argentinos no discuten política, sino corrupción, y no discuten “la corrupción”, sino la agenda instalada por los medios direccionada e intencionada. La (in)justicia hace su parte derribando principios básicos como la presunción de inocencia o la exposición al escarnio popular, tal el caso de Amado Boudou.

Poder económico financiero, concentración mediática, partido tecno judicial, y las necesarias traiciones a la voluntad popular y los principios ideológicos y doctrinarios por parte de quienes deberían constituir la oposición, crean una sinergia que ha pintado de amarillo una parte importante del país, pero en especial en tres distritos claves: Ciudad Autónoma de Buenos Aires, provincia de Buenos Aires y gobierno nacional, independientemente de la certeza que quien ocupa la titularidad del ejecutivo no es quien manda en la realidad, sino que cumple dictados del poder oculto (aunque ya es perfectamente visible) detrás del poder formal.

Sería ingenuo pensar que la llegada a esta situación ha sido solo obra de una estrategia perfectamente diseñada y ejecutada, que lo es, sin abordar algunos aspectos que resultan altamente significativos para obviar. Pero se obviaron.

Nadie que entienda algo de política o economía y que obre de buena fe podría negar los avances notables en muchas dimensiones del país, igual a lo ocurrido en otros como Brasil en las gestiones anteriores al neoconservadurismo. Entonces: ¿qué pasó?

No son pocos los analistas, entre los que se incluye este escriba, que los avances en el sistema de derechos, la movilidad social ascendente y la inclusión vía programas de salud, vivienda, educación y especialmente trabajo, fue vertiginoso, y que tal avance no fue acompañado debidamente por una sociedad que no logró en ningún momento asimilar este nuevo status quo, y que en la imposibilidad de procesar este cuadro de situación, comenzó un sentimiento de incomodidad fogueado por los medios del establishment, recurriendo a la mentira por sistema, sembrando dudas  e incentivando posicionamientos individualistas, fascistas y discriminatorios, que llegaron en algún momento a cuestionar los derechos de cualquier niño/a de percibir su salario familiar, esto es la Asignación Universal por Hijo (que vaya paradoja, uno de los errores que tenía era precisamente el de no ser universal sino masiva).

Una sociedad que ante los cambios quiso volver a comer las cebollas de Egipto. No es lo mismo que te den la libertad a que te hagas cargo de ella. ¿Qué es esto de todos y todas? ¿La Patria es el Otro? ¿Repartir riquezas? ¿Pobres con autos y vacaciones?

Y sumado a ello poner en cuestión poderes que nunca se habían impugnado o refutado, llámese Sociedad Rural o Fondo Monetario Internacional. En efecto, un país históricamente sumiso al imperialismo del norte y que miraba con desprecio al sur, de pronto se integra y hace geopolítica con Brasil, fortalece el MERCOSUR, juega un rol preponderante en UNASUR, comercia con China y Rusia, mira con simpatía los BRICS, etc., pone nervioso a cualquiera.

Y para colmo ¡ES MUJER!

Y esa mujer se planta, enfrenta, habla con autoridad y poder, rompe estereotipos y paradigmas, supera barreras y estigmatizaciones… ¡Mujer! “Y se compra carteras y le gusta “producirse”” (un poquito).

Ni aun atravesada por el peor dolor, por el desgarro de su esposo fallecido, aquel con el que soñaron y caminaron tantos caminos, pudieron doblegarla. Acaso tanta resistencia, tanto ovario incidieron en algunas decisiones… y en las lecturas políticas.

Pero esta sociedad no quiso, no supo o no pudo interpretar estos desafíos, y aterrorizada comenzó a comprar los cantos de sirena que sistemáticamente actuaban: Presidencia de Boca; Cromañón y destitución de Ibarra lo que abrió las puertas para el triunfo del contrabandista e hijo de la patria contratista Macri, el mismo de la estafa por la cloacas de Morón, el mismo condenado en la República Oriental del Uruguay, que tendrá un rol importante de coordinación y sostenimiento durante el conflicto agrario por la 125 y su emergente la Mesa de Enlace donde, como dice Serrat en su famosa canción Fiesta, “Hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha… Por una noche se olvidó que cada uno es cada cual.”, que marcó una ruptura cuyo impacto inmediato fue que Néstor Kirchner perdiera las elecciones legislativas en Buenos Aires a manos de un Donald Trump autóctono como era Francisco De Narváez, sin olvidar la ayuda que involuntariamente le dio Martin Sabatella con su candidatura y que dividió votos del mismo espectro electoral. Y que se entienda que el resultado no es responsabilidad de Sabatella, sino fruto de la disputa de la 125 y de la falta de unidad del campo popular.

Los apellidos de las dictaduras, los mismos de los hechos más siniestros y perversos, los evasores y negreros seriales, los que luego con sus políticas condujeron el vehículo haca el paredón mortal del 2001, comenzaban a volver para restaurar, para una vez más, garantizarse impunidad y la apropiación sin límites de la riqueza.

No obstante, luego del cimbronazo económico que implicó la crisis global de 2009 con la quiebra de bancos y la transferencia de las crisis a los países emergentes, el proyecto nacional y popular tuvo una importante elección pero que es bueno contextualizar: Cristina con una fuerte presencia y una economía en recuperación tuvo contendientes con nula posibilidad electoral. Ese triunfo amplio encandiló a cientos de dirigentes y esta situación impacto profundamente en un proceso que fue reformador en muchos aspectos y transformador en otros (la vuelta a un sistema previsional solidario, por ejemplo) hasta 2011, pero que a partir de ese momento se volvió más conservador y conformista. Como si de pronto lo realizado fuera suficiente y solo se tratara de sostener un estado de situación. Las propuestas de transformación estructural se discontinuaron y la relación y construcción geopolítica y económica quedó trunca. El Banco del Sur, eslabón estratégico de la creciente independencia Sudamericana, fue dejado en el olvido. Acaso uno de los errores estratégicos más trascendentes para la consolidación del proceso.

Por otra parte, en los doce años de gobiernos peronistas no se trabajó en la construcción política desde las bases, formando cuadros, promoviendo espacios políticos abiertos, críticos, que respondieran a un proyecto y no a un dirigente. Obviamente aquí hablamos de un proyecto político basado en líneas programáticas que pusieran en discusión estructuras e instituciones, y que por supuesto requiere de conducción, pero la conducción de un proyecto consensuado, elaborado y empoderado en el pueblo. Así, se podría discutir cuál era el programa que sustenta el proyecto. Y entonces la cuestión electoral quedó supeditada en gran medida a personas, a personalismos. Las consecuencias son más que elocuentes.

Recuerdo una discusión, un debate en el 2011 cuando algunos dirigentes sostenían que un triunfo del proyecto en ese año aseguraba el poder por otra década. Algunos, entre los que me incluyo, decíamos que con el fallecimiento de Néstor Kirchner y la reelección de Cristina Fernández, el proyecto tenía su peor escollo en el 2015 por no contar con un sucesor. Pues bien, el 2015 fue lapidario al respecto donde incluso de ganar Scioli, no era precisamente un candidato nacional y popular. Tan así que hasta la militancia de base tuvo enormes dificultades para aceptar esta candidatura, mientras los dirigentes jugaban al Antón Pirulero… y lo siguen haciendo.

Luego de la primera vuelta la suerte ya estaba echada, y de no ser por el esfuerzo impresionante, conmovedor de las bases politizadas, de vecinos que ya percibían qué pasaría si llegaba la derecha al poder y salieron a convencer a sus amigos, familiares o compañeros de trabajo, la derrota hubiese sido mayor.

Párrafo aparte para gobernadores como De La Sota y su candidato Schiaretti que jugaron abiertamente contra el candidato oficial.

Seguramente otros factores como los egos de cada organización, las disputas por candidaturas, la actitud funcional de muchos espacios denominados progresistas con dirigentes como Pino Solanas,  Victoria Donda, Claudio Lozano, Víctor de Genero, por citar algunos, (todavía siguen sosteniendo la misma postura), más la incapacidad del kirchnerismo para aglutinar en un frente amplio y representativo, sino a todo, a la mayoría del campo popular, el alejamiento y ruptura en muchos casos con los trabajadores y sus organizaciones, deberían ser motivo también de éste análisis, pero baste su mención para comprender la multicausalidad de por qué la derecha conservadora y restauradora (independientemente del fraude electoral) llegó a la Casa Rosado por voluntad popular, voluntad popular que reincidió en su apoyo recientemente.

Y por supuesto, un hecho que dio un golpe terrible y del que jamás el gobierno de Cristina Fernández pudo reponerse, fue el suicidio del fiscal Alberto Nisman, detrás de cuya muerte hay mucho más que lo aparente, pero que en una jugada magistral Clarín y sus medios afines capitalizaron de forma contundente. Tan así que si hoy se sale a la calle la mayoría inmensa de los argentinos le dirán que a Nisman lo mataron y que fue el gobierno por la denuncia que iba a hacer a Cristina.

La corrupción, la muerte del fiscal, la percepción de que Scioli era el felpudo de Fernández de Kirchner, etc., fueron los ejes nodales y sistemáticos de la campaña mediática para llevar a Mauricio (que es Macri) a la presidencia, sin escatimar en el encubrimiento de toda cuestión relacionada con su oscuro pasado.

En otros artículos se analiza desde diferentes miradas los resultados de los dos años de la derecha conservadora en el gobierno, donde se ejecutan decisiones que buscan desandar el camino de los derechos recuperados, pero esencialmente, reconfigurar culturalmente la sociedad.

En efecto, el neoliberalismo es primero y antes que nada una construcción cultural que deconstruye subjetividades para proponer sujetos ahistóricos y sin conciencia política.

Y uno de sus aspectos fundamentales es la destrucción de los avances en Derechos Humanos, la instalación de un estado represor y la desarticulación de cualquier tipo de organización política, sindical o social que se oponga. De allí el permiso para que los dedos de la fuerzas de seguridad no duden en disparar, aunque sea por la espalda, y que luego la mayor transfuga de nuestra historia, Patricia Bullrich, los avale.

¿Qué depara el futuro?

Eso será el tema del próximo capítulo. Por ahora, basta…