Disyuntivas: Vida o corporaciones

En general, luego de las movidas conocidas, resulta difícil catalogar la propuesta de Martín Lousteau como un error de cálculo o estratégico, o si bien definirlo como un “error calculado” por aquellos que desde siempre detentan el poder real en la Argentina y el mundo.

En cualquier caso, no deja de ser lógico que aquella crisis “agraria” (que incubaba en sí misma el triunfo de la derecha en 2015) cuyo desencadenante fue la famosa Resolución 125, tuviera como epicentro a algunos de los sectores más favorecidos desde el punto de vista de la renta, ya que en términos históricos fue éste el sector más conservador y reaccionario ante cualquier tipo de política de redistribución de la riqueza producida.

Tal lo ocurrido en siglo XIX y notoriamente así en el siglo XX. Baste recordar aquí las masacres ocurridas en el sur en el año 1921 a manos del ejército y en defensa de los intereses ingleses y norteamericanos. O los sucesivos golpes de estado saludados con fervor por este sector.

¿Por qué motivo habría de ser diferente en el siglo XXI si las condiciones estructurales y las composiciones sociales siguen siendo cuasi idénticas? No es inteligente dejarse seducir por análisis que pongan el énfasis en nuevos actores particulares cuando no son más que expresiones de corporaciones o iniciativas populares, los mismos en pugna. Unos por privilegios. Otros por derechos y dignidad.

En ese contexto y el marco mundial de fuerte retrocesos en materias de Derechos Humanos y ética, inversamente, de la emergencia de una derecha más sofisticada y coordinada en sus movimientos y construcción de poder, pero que inevitablemente en su ADN reincide ideológicamente en ser reaccionaria e inhumana, no debería llamar la atención que ante las definiciones de cualquier poder de gobierno, sea este nacional, provincial o local, cuyo eje sea afectar la “cuestión económica con centro en el lucro aún si ello es claramente una inmoralidad”, o bien en la “defensa del buen vivir de la población con respecto al ambiente” y por ende, de la vida misma en sentido lato, se manifiesten, organicen y accionen para invalidar este tipo de iniciativas.

Gremios, confederaciones, partidos políticos, sindicatos, jueces y fiscales, ONG, medios de comunicación, corporaciones, etc., que responden a ese sector por afinidad, asociación económica, convicción o extorsión (ya que los medios no son una cuestión para la derecha) actúan de forma monolítica y sistemática.

No hay dudas de la potencia y las capacidades que poseen estos sectores cuyo interés fundamental no suele ser coincidente con el del pequeño productor que es arrastrado a un camino sin sentido que pone en juego, incluso, su propia salud, sino el simple lucro a como de lugar optimizando al máximo las ganancias y reduciendo al mínimo los costos beneficiando a los grandes productores.

Un caso que recién comienza y da muestra de esta situación es la ciudad de Gualeguaychú y su recientemente aprobada ordenanza de Glifosato Cero en todo el ejido municipal, aprobada con los representantes del Frente para la Victoria, el frente UNA y la disidencia cerrada del bloque el PRO (ya que es un eufemismo hablar de Cambiemos con un radicalismo inexistente).

Los movimientos previos, una entrevista realizada a Darío Carrazza (abogado) criticando el proyecto y de paso a la gestión, los comentarios amenazadores por redes y medios de los empresarios agrarios y la “Mesa de Enlace”, etc., son un avance de la disputa que lejos de terminar con la sanción y promulgación de la legislación, es su punto de partida.

Es en esta lógica que se debe comprender la nota de un medio local, eterno vocero de las oligarquías conservadoras de la ciudad, como asimismo la amenaza con acciones de amparo y juicios varios, con una justicia que ya se sabe sus “naturales inclinaciones” corporativas.

Lo paradójico es que tanto productores agrarios como el resto de la población que ronde los cincuenta años, recuerda muy bien aquellos tiempos en que la tierra no era herida de muerte por venenos y demás productos químicos cuyas derivaciones ya son hartas conocidas, en especial por estos suelos de cáncer frecuente, donde, además, entre sus víctimas más dolorosas están los niños.

Por otra parte, pone en tensión a los movimientos ambientalistas, pues muchos de sus miembros, hoy seguidores o funcionarios de Cambiemos, apoyan el modelo actual en una evidente contradicción. Si algo quedó claro con el debate del glifosato, son las intenciones de muchos.

La discusión no es jurídica o económica, sino filosófica e ideológica. Es ridículo plantear que una producción sin agroquímicos no es posible, toda vez que ya en esta zona se realizan cultivos que respetan el medio ambiente y son perfectamente sustentables y redituables.

Por supuesto que esta disputa de poder es desigual, y depende de la capacidad para comunicar y construir consensos por parte del poder popular que el resultado sea favorable al pueblo, y no como aquella nefasta batalla de la 125. Estrategia y táctica.

El artículo anónimo del diario local, la absolutamente subjetiva interpretación de los hechos, el sesgo con el que fue escrito el artículo, el involucramiento del “periodista” fijando su posición e incluso personalizando el debate en el intendente con mejor proyección y formación política de Entre Ríos, Esteban Martín Piaggio, no hacen más que dar cuenta de cuan dura y desleal será esta lucha, y de cuantos están prestos para prestar sus plumas a estos intereses que por supuesto, siempre se oponen al progreso real y verdadero, es decir, al desarrollo con inclusión, aunque para ello usen un discurso tomándolo como base. Un eslabón dentro de la campaña electoral 2019 que ya asoma sus garras.

Al final, lo que está en discusión es el modelo de producción, la forma, y ello no puede prescindir de poner en el tablero el gran tema de discusión en la que se juega incluso la supervivencia de la especie humana: el capitalismo.