Macri, Cambiemos y la represión neoliberal

El Plan Condor II remixado

La escena de tanques de guerra y soldados armados hasta el hartazgo vista en las calles de varias ciudades de Brasil por la que suspiraba la derecha argentina, encuentra hoy satisfacción con la firma del decreto firmado por el gerente presidente, cuya misión fundamental es la restauración. La pata civil de la dictadura hoy en el gobierno ceocrático acaba de pasar un límite que muchos ilusos creían inexpugnable.

 

La famosa campaña del miedo difundida como mentira por los medios de comunicación nacionales, periodistas mercenarios de por medio, comprada y aún hoy defendida por un porcentaje importante de la población, tenía (tiene) claros argumentos y fundamentos de parte de quienes vislumbraban lo que se avecinaba para el país. Lo previsto quedó muy lejos de la realidad y los supuestos límites han sido arrasados.

La firma y publicación del decreto 683/18 viene a cumplir un viejo anhelo de Macri y de la derecha autóctona en general, y como expresó Estela de Carlotto, Esto nos hace recordar a la doctrina de seguridad nacional que se implementó durante la última dictadura”

Muchos, atravesados por las estrategias y el marketing del cual Cambiemos es un avezado ejecutor, han sido convencidos de las bondades de poner elefantes dentro de un bazar con el supuesto objetivo de atacar la inseguridad, reducida ésta a delitos de menor porte o a la imaginaria lucha contra el narcotráfico.

Observando los hechos acontecidos en Paraná, por citar un ejemplo, parece que la exitosa campaña contra las mafias de las drogas no deja de ser un buen eslogan publicitario, pero con pocas muestras reales de concreción.

En el fondo lo que se oculta es la verdadera jugada escondida y que no es sino la preparación estratégica ante las revueltas populares que se avecinan inexorablemente ante una situación del cuadro económico y social grave y cuya crisis autoprovocada no hace más que profundizarse.

No hay periodista o persona con cierto grado de información que ignore esta realidad, que, por supuesto, no es privativo de Argentina, sino que obedece a una estrategia diseñada por poderes supranacionales que operan en toda Latinoamérica. Lo que ocurre en Brasil con la ilegal e inmoral prisión de Lula, el golpe parlamentario dado contra Dilma, los intentos desestabilizadores y destituyentes en Nicaragua, etc., dan cuanta de esta afirmación. La ingenuidad no es parte constitutiva de la realpolitik.

El decreto firmado por el gerente avenido en presidente Macri y asociados, es de una gravedad institucional insoslayable, atacando quizás uno de los únicos puntos en los que, caída la dictadura cívico militar del 76, todas las fuerzas políticas coincidían: las fuerzas armadas en los cuarteles y sólo con funciones de defensa ante ataques extranjeros o participando en misiones internacionales de paz.

Este es el contenido explícito de los Juicios a las Juntas Militares, el de un libro de suma trascendencia como el “Nunca Más”, o bien de las luchas sostenidas por décadas por los organismos de Derechos Humanos.

Permitir que las fuerzas armadas tengan injerencia en asuntos de seguridad interior es mucho más que una ingenuidad o un error. Deviene en una cuestión de vulneración de acuerdos políticos básicos y elementales atendiendo la historia reciente y remota de nuestro país, de la Patria Grande misma.

La coyuntura, pero también el discurso y la acción de gobierno así lo indican, la idea fundamental de este decreto es preparar la logística para la represión de la protesta social, que como ya se sabe, es inevitable en cualquier país que se apliquen las recetas económicas, políticas, sociales y culturales del neoliberalismo.

Porque el neoliberalismo mata, y lo hace de variadas maneras: recortando derechos, aumentando la pobreza y la indigencia, cerrando escuelas y universidades, terminando con programas sanitarios, bajando salarios e incrementado la desocupación, generando transferencias de riquezas de las clases medias y bajas hacia un decil acomodado, etc., pero cuando ello comienza a manifestarse orgánicamente o de forma anárquica, entonces recurre a la represión. Santiago Maldonado y Nahuel son un claro testimonio de ello.

Estos no son tiempos de ingenuidades o mezquindades. Este gobierno no se detiene ante leyes o “mesas de diálogo” que no hacen más que tirar la pelota fuera de la cancha y ganar tiempos. Hace rato que Argentina, igual que Brasil, esta viviendo un cuasi estado de derecho. O mejor: un derecho a la carta del poder económico financiero. El caso de Milagro Sala y de Julio de Vido son patentes al respecto. Como en su momento lo fue el de Amado Boudou.

El problema mayor, quizás, surge no tanto de lo que se conoce y es la convicción restauradora y neoliberal de Cambiemos con la UCR vendida en todas sus facetas, sino lo que hay del otro lado.

¿Será que la dirigencia que se dice progresista, izquierdista o peronista estará a la altura de las circunstancias?

¿O nuevamente, como con la reforma previsional, muchos cuidarán su propia quintita antes que la defensa irrestricta de los Derechos Humanos más elementales?

Como se dijo hace algún tiempo y este medio lo ha tomado, no hay neoliberalismo sin traidores.

Entonces, ante tal coyuntura, la pregunta concreta y central para cada gobernador, legislador, intendente o dirigente es simple:

Vos, ¿de qué lado estás?