La tarde de los paraguas populares

Y marchan bajo el agua y un frío abrazador. Y marchan atravesados por la llovizna persistente. Allí van los estudiantes y los profes, los obreros y jubilados. Marchan.

Parece un revival surrealista. Pero no. Aún cuando las imágenes aterradoras del 2001/02 se agolpan en la cabeza y hacen trizas el corazón, es la realidad abrumadora del principio del final que ya el 49% sabía inexorable, mientras dentro de la otra porción multiforme, las sonrisas socarronas, (algunas persisten todavía) saboreaban una efímera gloria de inconsciencia colectiva.

Volvieron y cantaron “Si se puede”. Y avanzaron restituyendo derechos a la oligarquía. Que no son derechos sino opresión, injusticia y hambre para millones.

Volvieron aunque nunca se fueron del todo. Siempre estuvieron. Escondidos. Agazapados, preparando el zarpazo asesino, mortal. Disfrazados de demócratas, vestidos de “política y neutralidad”, con el discurso de la eficiencia y la decencia. Ellos, justo ellos que del saqueo y las riquezas mal habidas tienen bibliotecas completas atravesando toda la historia.

Ellos, los inmorales. Los cómplices de las dictaduras. Los emisarios del norte de camisas algodonadas, títulos comprados e inglés mal hablado.

Y como el 49% presuponía, cumplieron exactamente el plan que tenían asignado por el Tío Sam. Transferencia de recursos de pobres a ricos, endeudamiento, pérdida de soberanía política y económica, fragmentación social, desempleo, quita de derechos, estado cuasi policial, represión, retrocesos en legislación laboral, vaciamiento del Estado, abandono de las reivindicaciones por los Derechos Humanos, exacerbación del odio y el resentimiento, ataque sistemático a la oposición, sometimiento de la justicia, censura de medios plurales o críticos, limpieza de prontuarios empresariales vía blanqueos impositivos, criminalización de la protesta social, sindical o política, operaciones de prensa, ahogo financiera de provincia y municipios, desindustrialización y primarización de la economía, etc.

Vea el libreto de cualquier dictadura cívico militar y podrá constatar las enormes similitudes. No son parecidos, son los mismos. Volvieron.

Pero están ellos y nosotros. Los que marchamos una y otra vez, por la educación pública esta vez, pero también contra las políticas escandalosas de tarifas impagables, o por los adultos mayores, cuando no es por nuestros hospitales y obreros; marchamos porque tenemos esperanza, memoria y los jóvenes, hoy, reincidentemente, nos empujan, nos fortalecen en la identidad vital de las utopías colectivas.

Hoy la lluvia nos abrazaba mientras cantamos, gritamos, lloramos y crecimos. Hoy fuimos cientos que decimos  que no van a pasar.

Y esa consciencia colectiva aumenta, suma voluntades, descubre corazones y se une en sentidas melodías entonadas con los 30.000.

Se cruzaron Pañuelos Blancos. Imposible no saber dónde está el camino y por dónde se debe transitar. Perseverantes, férreas, estoicas, imponentes. “MADRES”. “ABUELAS”. Y nosotros, sus hijos.

El 30 de agosto ya no será el mismo. Millones nos unimos, reclamamos, resistimos, y nos recreamos.

La antorcha que los Lanata y las Legrand pretendía fenecidas, alumbra con un resplandor tan potente, que ni los Macri y asociados, por más intentos que hagan, podrán disimular.

Después de todo, el poder reside en el Pueblo. Solo hay que despertarlo.

Como dice la canción: Usted preguntará por qué cantamos…