La política del “Telegrama”

Como en las políticas laborales y económicas de la dictadura genocida del 76 reeditadas con una hábil utilización de los mass media, el gobierno del gerente Macri reincide en las políticas de desindustrialización y destrucción del entramado social de bases populares.

 

Existen opiniones que consideran exagerado comparar la dictadura genocida del 76 con la actual gestión del gerente de las multinacionales en el gobierno, es decir, Maurizio que es Macri. Desde nuestra perspectiva se verifican muchos puntos de contacto entre estas políticas públicas y aquellas, mediadas por la experiencia neoliberal del caudillo embaucador Carlos Saúl Menen.

Es bastante simple encontrar continuidades al respecto, y los intersticios de los gobiernos kirchneristas no socavaron aquellas solidas bases del “Proceso de Reorganización Nacional”, aunque sí dejaron mojones para otro tipo de construcción y sembraron una maleza que ataca la mejor siembra de la derecha: la politización de la cuestión social.

No es comparable, por supuesto, la posibilidad del accionar del movimiento obrero, las libertades en uno y otro contexto, la existencia de organizaciones políticas actuando abiertamente en las calles.

Pero sin embargo se observa con claridad la búsqueda permanente de la proscripción de agrupaciones y dirigentes políticos opositores por dos vías diferentes pero perfectamente coordinadas: la judicial y la mediática.

Esta persecución de opositores es difusa: todo lo que huela a oposición, organización o restencia a la aplicación de las políticas neoliberales y de destrucción del estado de derecho es automáticamente atacado sin piedad. El caso de Milagro Sala es paradigmático. Pero no el único, pues se trata de una decisión política de las autoridades nacionales, y si para ello es necesario violar la Constitución Nacional y sus garantías, tratados internacionales, avasallar la Corte Suprema de Justicia de la Nación, romper con acuerdos paritarios, vejar la inmunidad parlamentaria o gremial, se hace. En ésto no hay diferencias entre dictadura, menemismo y macrismo (a la Unión Cívica Radical no se la nombra por estar totalmente cooptada por la derecha neoliberal, deshonrando un mandato expreso de su máximo líder contemporáneo Raúl Ricardo Alfonsín).

El hilo conductor es evidente: destruir las organizaciones populares; primarizar la economía; desarticular el movimiento obrero; generar desocupación vía despedidos indiscriminados y por ajustes; instalar la idea del salario como un costo de producción que impide la competitividad; dar mayor trascendencia a los sectores concentrados de la economía como se el agro – financiero; endeudamiento externo; sometimiento a los organismos financieros internacionales; ruptura de cualquier avance virtuoso de la Patria Grande e incluso Sur – Sur; transferencia de riquezas de los deciles más vulnerables o medios al decil más pudiente, entre otros.

El proceso se vive en Brasil, Argentina, Ecuador, etc., y por supuesto que se pretende implantar en los focos de resistencia como lo son Bolivia y Uruguay, por ejemplo. No se cita Venezuela por las particularidades del caso que ameritan un tratamiento más complejo y geopolítico. De una u otra manera es indudable la mano de las agencias de inteligencia norteamericanes en todo el proceso de desestabilización en el todo el mundo, comandadas por el poder financiero internacional. Salvo que algún iluso crea que se trata de Trump sin vislumbrar detrás todo el complejo industrial – militar – financiero, verdaderos dueños del poder real.

El papel de la Unión Cívica Radical es inaceptable para un partido centenario, pero no por aplicar y defender políticas de derecha, o por usar la represión (el neoliberalismo no cierra sin represión), que ya lo han hecho en reiteradas oportunidades incluso durante el vanagloriado Irigoyen, sino por el sometimiento a la voluntad de un partido vecinalista como lo era el PRO, que ahora ha logrado un desarrollo más importante destruyendo en gran medida su “padrino político”. Si Alfonsín viviera… se moriría.

En este contexto, aparece la política del “telegrama”, que tiene muchos objetivos diferentes, pero centrados en uno básico: destruir la resistencia y horadar la base social de los movimientos populares. Es diáfano… y repetido. Nada nuevo bajo el sol.

Así, por citar un caso, en el Parque Industrial Gualeguaychú en estos últimos meses ha comenzado una dinámica por la cual una tras otras las empresas se desprenden de su personal, y ello con dos formatos diferentes pero complementarios: la estafa de los retiros voluntarios y los despidos sin causa.

Mientras desde la CODEGU (Corporación del Desarrollo Gualeguaychú) se defiende al gobierno de Macri y se hacen públicos informes donde la actividad industrial se mantiene estable lo mismo que el empleo (bastante lógico si uno analiza la composición de tal institución plagada de “radicales” y conservadores),  la realidad es muy diferente: despidos, retiros voluntarios, suspensión de actividades, baja de producción, etc.

Un caso emblemático y actual es el de Rontaltex SA, que el viernes 9 de noviembre envión siete telegramas de despidos y el lunes 12 otros cuatro más, a lo que hay que sumarle veinte retiros voluntarios, lo que hace un total de treinta y un trabajadores fuera del sistema. Estamos hablando de personal de entre veintisiete y nueve años de antigüedad.

De una planta de aproximadamente noventa (90) trabajadores, el despido de treinta y uno (31) significa la reducción de un tercio del personal. El impacto social y económico es tremendo en una ciudad donde la actividad industrial es significativa.

Suscribiendo lo expuesto en párrafos anteriores, entre los despedidos se encuentra el secretario gremial de la comisión directiva, cuestión taxativamente prohibida por la legislación en vigencia. Por supuesto que pueden aparecer apreciaciones jurídica sobre la “interpretación” de la norma. Desde la buena fe y la definición política hay una sólo interpretación y es la defensa irrestricta de las garantías sindicales para la defensa de los derechos de los trabajadores. El resto es hacer decir de otro color lo que es evidentemente blanco. Por eso la definición no es jurídica, sino eminentemente política.

El despido no hace más que confirmar la persecución sindical que para el neoliberalismo y el empresariado en general es mala palabra, aunque existen excepciones a la regla y salvando las distancias entre Pymes y multinacionales.

El retiro voluntario es un canto de sirenas que se ofrece a los trabajadores con tentadores cifras que seducen y engañan, pues se conceden, además, en contextos de recesión económica donde cualquier emprendimiento tiene más posibilidades de fracasar que de alcanzar cierto éxito.

Pero también bajo el ambiente de que “podemos cerrar” y entonces te quedas sin el pan y sin la torta. Contexto de miedos, incertidumbre, seducción, espejismos, amenazas, etc. La década del 90 fue prolífica en este tipo de acciones y las consecuencias sociales y económicas tremendas. Se cuentan por miles los trabajadores que aceptaron retiros voluntarios y que luego de vivir de unas mieles circunstanciales pasaron a la pobreza y la indigencia. El resultado: familias destruidas, desempleo, aumento de la pobreza, excluidos del sistema, etc.

El retiro voluntario es una estafa laboral y perjudica siempre a los trabajadores. Puede haber mínimas excepciones que confirman la regla.

Los trabajadores, ante este panorama se organizan, buscan alternativas de lucha, avanzan con las conducciones o por encima de ellas. En el caso del sindicato de los textiles, es lamentable el papel de la conducción nacional, siguiendo el vergonzoso ejemplo de la conducción cegetista, gran aliada del gobierno de derecha neoliberal de Macri y el FMI. No es extraño. Igual que en los 90 hay un Daer.

Y en este contexto surgen otras construcciones que se van fortaleciendo, tal el caso de la Multisectorial Gualeguaychú, con la participación de organizaciones sociales, sindicales, políticas, culturales, cooperativas, etc. Este organización crece y va transformando en un actor importante de la política de base no partidaria, pero con expresiones concretas que la contienen como el Partido Comunista de Gualeguaychú y el Partido Solidaridad + Igualdad Gualeguaychú.

Esto proceso dinámico tiene otra característica central: la unidad de la Central de los Trabajadores Argentinos Gualeguaychú (CTA) y la Confederación General de Trabajadores (CGT) Gualeguaychú. Y eso no es un dato menor.

La gran pregunta en este contexto y de cara a las próximas elecciones es si la oposición política del campo popular tiene claro que existe un único y claro enemigo que derrotar, o si amplios sectores continuaran su apego por el purismo por un lado, el negacionismo de la realpolitik por otro y la ambiciones personales como la de cierto ex gobernador (por citar un ejemplo) por el tercero.

El tiempo lo dirá, con el condicionante del tiempo.

Mientras tanto, con la complicidad de muchos, el noeliberalismo sigue avanzando y destruyendo todo a su paso. Y no se detiene ante nada, ni siquiera ante las personas y su dignidad. Pretender que sea distinto es no comprender la naturaleza del enemigo. Ese enemigo es despiadado, cínico, inhumano, insensible y le importan tres pepinos los Derechos Humanos. No tiene límites y dispone de un poder imponente. Cuenta, además, con la complicidad de “representantes” del sector popular que le hacen el aguante.

Como dice el Secretario General de la CTA, el camino, el único camino, es la organización y la unidad de las/os trabajadoras/es.

Al final, Goliat fue vencido por una piedra del pequeño David.