FMI en Argentina y Grecia: similitudes y diferencias de cada caso

Tras ocho años de fuertes ajustes, Grecia cerró esta semana el último de tres planes de rescate recibidos desde el FMI. Mientras tanto, Argentina hace malabares para mantener a raya los indicadores exigidos por el organismo a cambio de un rescate de 50.000 millones de dólares. ¿En qué se parecen y en qué no ambos países?

El FMI es un viejo conocido de los argentinos y de los griegos. En ambos rincones del mundo, las tres letras de sus siglas bastan para generar el repudio de los sectores más golpeados por las recetas económicas de la entidad, particularmente los más desfavorecidos.

En Argentina, basta recordar el estallido social de 2001, producto de una gravísima crisis financiera generada a lo largo de una década de cumplimiento a rajatabla de los mandatos del FMI, que incluyeron privatizaciones masivas y la liberalización de amplios sectores de la economía. Ahora vuelve con un rescate de 50.000 millones de dólares, que genera resquemores en la sociedad.

En Grecia, los coletazos de la crisis global de 2008 provocaron protestas masivas, particularmente a partir de 2010 y 2012, cuando la llamada ‘troika’ —la tríada de Banco Central Europeo, Comisión Europea y FMI— intervino en el rescate de los bancos y el pago de la deuda soberana, a cambio de la aplicación de medidas severas de austeridad.

El FMI, “un instrumento de geopolítica”

Para analizar estas y otras intervenciones del Fondo, hace falta entenderlo “no como un simple prestamista y muchísimo menos como un órgano técnico”, sino como “un instrumento de geopolítica”, explicó a Sputnik el economista Francisco Cantamutto, integrante de la Sociedad de Economía Crítica de Argentina (SEC).

“Si uno analiza las recomendaciones que ha sostenido a lo largo de 70 años de existencia,  se va a encontrar que, a pesar de que las estructuras del mundo hayan cambiado muchísimo, en esencia sus recomendaciones son las mismas: tienen que ver con el ajuste laboral por un lado y las reformas estructurales que liberen al mercado de ataduras por el otro”, explicó el también miembro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

En ese sentido, el FMI “refuerza el lugar subordinado de los países de la periferia” y consolida “el poderío estructural de los grandes centros, donde el lugar prominente lo tiene y lo seguirá teniendo EEUU”, al menos mientras el órgano “estructure la arquitectura financiera internacional”.

Para entender el rol de Washington en este esquema, es necesario retrotraerse a la salida de la Segunda Guerra Mundial. En los pactos que dieron origen al organismo, EEUU “impuso su voluntad, incluso frente a otras potencias”, explicó el experto.

Un modelo sin cambios

Salvo por algunos “retoques”, las condiciones exigidas en ese entonces y ahora siguen siendo las mismas. Por ejemplo, en sus exigencias, el FMI ha optado por “incorporar un léxico de equidad de género que luego no se visualiza en una herramienta práctica”.

También han introducido las llamadas “salvaguardias sociales”, que “tienen que ver con no empezar el ajuste golpeando las cuentas que sostienen la política social”. Al gradualizarlo de esta manera, se evita “un estallido social” al posponer algunas medidas de austeridad.

Estos pequeños cambios fueron introducidos luego de la caída de la imagen de la institución tras el ‘argentinazo’ de 2001. Apenas tres años antes, según se puede leer en un artículo de Clarín, el mismo organismo consideraba al país como “un modelo a imitar”. Los miles de personas que luego tomaron las calles pusieron este elogio seriamente en duda.

“Ninguno de estos cambios son coactivos, ni refieren a cláusulas cuyo incumplimiento genere la suspensión del acuerdo. Las que generan problema son las que tienen que ver con el ajuste fiscal, la apertura de las cuentas externas que someten a los países a una creciente volatilidad y lo que tiene que ver con el alcance de reformas estructurales”, explicó el economista.

También han introducido las llamadas “salvaguardias sociales”, que “tienen que ver con no empezar el ajuste golpeando las cuentas que sostienen la política social”. Al gradualizarlo de esta manera, se evita “un estallido social” al posponer algunas medidas de austeridad.

Estos pequeños cambios fueron introducidos luego de la caída de la imagen de la institución tras el ‘argentinazo’ de 2001. Apenas tres años antes, según se puede leer en un artículo de Clarín, el mismo organismo consideraba al país como “un modelo a imitar”. Los miles de personas que luego tomaron las calles pusieron este elogio seriamente en duda.

“Ninguno de estos cambios son coactivos, ni refieren a cláusulas cuyo incumplimiento genere la suspensión del acuerdo. Las que generan problema son las que tienen que ver con el ajuste fiscal, la apertura de las cuentas externas que someten a los países a una creciente volatilidad y lo que tiene que ver con el alcance de reformas estructurales”, explicó el economista.

El préstamo ‘stand-by’ acordado entre mayo y junio de 2018 “equivale al total de fuga de activos desde que Cambiemos está en el Gobierno nacional, es decir, diciembre de 2015”. Para el investigador, “es una cifra significativa”, que no solo expresa el aval a la actual administración sino que “señala la magnitud de la crisis percibida por el organismo”.

De momento, el Gobierno argentino se está centrando en las exigencias que tienen que ver con la macroeconomía. Con el ajuste fiscal, “sobrecumplió” la meta pactada, pero no está teniendo éxito con la inflación, que puede llegar a ubicarse en un rango superior al 32% acordado. Es posible que por este motivo pida un “perdón” en la primera revisión trimestral, indicó Cantamutto.

Para el resto de las reformas, la administración de Mauricio Macri y el oficialista frente Cambiemos “no está visualizando con claridad la posibilidad” de implementar sin resistencias reformas en el sistema de pensiones, los impuestos o la legislación laboral, pues eso requeriría de mayorías de las que no dispone en el Congreso de por sí.

En diciembre de 2017, cuando intentó poner en marcha una reforma previsional, miles de personas salieron a manifestar su descontento en las calles. La medida, que cambiaba el sistema de reajuste de las prestaciones sociales, fue aprobada.

Pero esto no es suficiente para satisfacer las recomendaciones del FMI, que incluyen el alza de la edad jubilatoria y la baja de la tasa de sustitución (es decir, la relación entre el promedio de los sueldos y la pensión que un trabajador retirado recibe). Implementar estas medidas sería algo “difícil de gestionar” para el Gobierno.

En materia laboral, a falta del apoyo del Congreso, el oficialismo ha impulsado “la posibilidad de  incluir cláusulas de flexibilización en los acuerdos paritarios por sector”, como ha sucedido en las industrias del petróleo, automotriz y lechera. Asimismo, existe “una suerte de activismo judicial antiobrero” en fallos que van contra trabajadores, constató el experto.

“La posibilidad de avanzar con las reformas no es algo que el Gobierno tenga garantizado, a pesar de que quiera ir por ese rumbo. Para poder garantizarlo va a depender de fuerzas políticas que no controla y es ahí donde la movilización de fuerzas populares puede ponerle un dique de contención al ajuste”, resumió Cantamutto.

El caso griego

El tercer salvataje que recibió Grecia de la ‘troika’ culminó el 20 de agosto, y en los últimos ocho años, Atenas recibió financiación por 330.000 millones de dólares. Las exigencias de los acreedores redujeron el PIB en un 27%.

El desempleo, que llegó a un pico de 27%, hoy oscila en el 20%. La deuda se ubica en el 180% del PIB. Las pensiones se vieron sustancialmente reducidas, y las reformas allanaron el camino para que lo hagan aún más en 2019.

En 2008, “los países centrales” optaron por “un mecanismo” que otorgó un salvataje a los bancos de la región. Con esta decisión, trasladaron la Grecia, Portugal, España e Irlanda se vieron afectados por políticas de austeridad.

“Cuando el FMI negocia con Grecia, lo que busca es sostenerla en el redil. (…) Estalló una crisis social muy importante cuyo emergente final fue el Gobierno de Syriza, que en su momento llegó a proponer la posibilidad de salir de la eurozona para poder salvar la crisis”, recordó Cantamutto.

Economistas que participaron del proceso griego, como el exministro de Finanzas Yanis Varoufakis, o Costas Lapavitsas, “cuentan cómo se dio la negociación”, con un modo de proceder “cruento” de los funcionarios de la troika.

Y si bien “hubo unos retrocesos del discurso a los hechos” el Gobierno de Syriza, encabezado por Alexis Tsipras, “declaró cierta resistencia y negoció en virtud de eso”. Este movimiento político es el “emergente” del descontento social surgido con la crisis griega, pero “terminó siendo garante de la gobernabilidad a favor de la troika y en contra de los sectores populares”.

Las diferencias

“En el caso argentino, [el acuerdo] se da en un Gobierno que tiene un tinte político claramente distinto, porque se para en un lugar donde no hay resistencia a las exigencias”, opinó Cantamutto.

Según el analista, desde la llegada al Gobierno de Cambiemos la deuda “aumentó en casi 100.000 millones del dólares, pasó de más del 50% del PIB al 70%, el salario real cayó en los últimos años entre 5 y 6% en trabajadores del sector privado formal hasta un 11% en los estatales”, enumeró.

Estas tendencias, que recuerdan el desempeño de Grecia desde el inicio del rescate en 2010, se están dando hoy en Argentina. “La pregunta es si Cambiemos va a lograr garantizar la gobernabilidad durante ocho años que dio Syriza”.

“Cambiemos no tiene todo regalado para garantizar su continuidad en el Gobierno. En ese sentido se prende una luz de esperanza para que en 2019 [año electoral] pueda llegar un gobierno de distinto cuño que pueda sacar a argentina de este corset que es el acuerdo con el FMI”, concluyó.

Fuente: Sputnik