La lectura en tiempos fluidos (o el imperio de lo instantáneo)

La autora hace un recorrido interesante buscando descorrer velos sobre la cuestión de la lectura

Lic. Verónica Galetto

“Los docentes no leen, los chicos no leen”, afirma Corea (2008: p.85), preguntándose a su vez “¿cuál es la solución?”, y apunta: “¿Buscar textos motivadores?” y sigue planteando que la motivación se ensayó con creces y magros resultados se obtuvieron. Quizás, dice, no sea una falla de estrategias sino el modo de considerar el problema. En la era de la información y la comunicación quizás deberíamos plantearnos que se trata de un cambio de estatuto en una nueva era, la de la fluidez. La modernidad líquida, como es nombrada por Z. Baumann (2006), donde el mundo cambia de una manera que continuamente desafía la verdad del conocimiento existente y toma constantemente por sorpresa hasta a las personas “mejor informadas”.

En tiempos sólidos e institucionales, afirma Corea (2008), la alfabetización era el modo en el que el ciudadano conquistaba su libertad y sus derechos ante el Estado. La conquista de la humanidad era sinónimo de la conquista de la civilización, y ser civilizado era ser alfabeto. Pero sin Estado, o con un Estado ausente o achicado se pierde la capacidad de instituir a la escuela, la familia, la universidad o el trabajo como dispositivos estructurantes de una subjetividad genérica, el carácter universal de la humanidad se ve seriamente cuestionado.

Un alfabeto contemporáneo, en la era de la fluidez, no es un ser que ha conquistado la civilización, sino un individuo competente en un entorno acotado. Leer y escribir son otras de las tantas herramientas que tiene a su disposición, pero su subjetividad no está enteramente comprometida en la experiencia de la alfabetización”, afirma Corea (2008: p.86)

En un entorno informacional los chicos navegan, editan, realizan funciones de búsqueda, se conectan a los sitios. El valor de estas operaciones pasa desapercibido si lo que vemos es lo que no hacen cuando hacen esas operaciones: no hacen lectura comprensiva, no deducen, no razonan, no interpretan. En el entorno informacional, la lectura y la escritura son herramientas técnicas al servicio de la navegación y la conexión.

La operación de lectura y escritura basada en la interpretación, sirve y es pertinente en un entorno de saber”, afirma Corea (2008: p.86), y continúa expresando que no existe un código compartido entre los estudiantes y los docentes.

Larrosa (2018: p.107) plantea que “la experiencia de la lectura es una conversión de la mirada que tiene la capacidad de enseñar a ver las cosas de otra manera, que convierte la mirada ordinaria sobre el mundo en una mirada poética, poetiza al mundo, hace que el mundo sea vivido poéticamente.”

La etimología de leer, dice Larrosa (2018) citando a Heidegger, “remite a recoger, cosechar, coleccionar, recolectar, juntar y poner delante, no es un juntar cualquier cosa de cualquier modo, no es un mero amontonar, sino que implica una búsqueda y una elección previamente determinada por un meter dentro, por un poner bajo techo, por un preservar o albergar.”

La lectura como ejercicio de la libertad

Ranciere (2018) afirma que “El libro, es la fuga bloqueada, no se sabe qué camino trazará el alumno. Pero se sabe de dónde no saldrá: del ejercicio de la libertad.” Y continúa afirmando que “Se sabe además que el maestro solo tendrá derecho a permanecer en la puerta. El alumno debe ver todo por sí mismo, comparar incesantemente y siempre responder la triple pregunta: ¿Qué ves? ¿Qué piensas? ¿Qué dices? Pero ese infinito ya no es el secreto del maestro, es el camino del alumno. El libro está completo. Es un todo que el alumno tiene en sus manos, algo que él puede abarcar enteramente con su mirada.”

Ranciére (2018) plantea la existencia de la trampa de la incapacidad: el “no puedo”, “no entiendo”… No hay nada que entender, dice, todo está en el libro”. Es necesario comenzar a hablar, no digas no puedo decir, de esta manera afirma “comenzará el círculo de la potencia”.

Larrosa (2018: p 118) dice que “el profesor es un lector que da a leer”, donde el “dar a leer” es elaborar transiciones, resonancias y relaciones entre los textos”.

El amor a la lectura

Williams (2016: p.28) en su novela Stoner habla de amor en referencia a la lectura, se reproduce aquí el siguiente diálogo:

  • ¿Acaso no lo sabe, señor Stoner?- preguntó Sloane- ¿Aún no se comprende a sí mismo? Usted será profesor.
  • ¿Está seguro?
  • Estoy seguro. –murmuró Sloane.
  • ¿Cómo lo sabe? ¿Cómo puede estar seguro?
  • Es amor señor Stoner – Dijo jovialmente Sloane.
  • Usted está enamorado. Es así de sencillo (en referencia a la literatura que era la materia que enseñaba)

En referencia a este diálogo, también Larrosa (2018: p.39) aporta: “Solo se da lo que se ama, solo se enseña lo que se ama” “No se puede transmitir lo que no se ama”. Y continúa diciendo que: “todo es cuestión de corazón y de palabra” (p.174)

Hanna Arendt plantea que “la vocación pedagógica supone un doble compromiso, uno con los que nacen y otro con las vidas que muchas veces están condenadas a malograrse. Y en segundo lugar, un compromiso con el mundo es inseparable de venir al lenguaje en común”. (En Larrosa 2018: p.174)

También, “de lo que se trata, dice Larrosa (2018: p.184)  es de convertir algo en público y común, y conversar sobre ello, de lo que se puede escribir, leer, poner en relación con nuestras formas (singulares y colectivas de vivir y estar juntos)”.

Pennac (2014: p.130 y 131) afirma que: “En la lectura, el corazón es el de la lengua, sumergirse en la lengua, ahí está todo”, “vaciar la taza y pedir otra”.

Asimismo afirma que “el saber es primero carne, son nuestros oídos y nuestros ojos los que lo captan, nuestra boca la que lo transmite. Nos llega por los libros, es cierto, pero los libros salen de nosotros mismos. Un pensamiento hace ruido, y el placer de leer es una herencia de la necesidad de decir”. (Pennac, 2014:p.133)

La experiencia de la lectura

Larrosa (2000) habla de la experiencia de la lectura como experiencia de lenguaje haciendo referencia a lo que nos pasa cuando leemos, la transformación de mis propias palabras, lo que aún no puedo o no quiero decir, puede ayudarme a decir lo que aún no sé decir. La lectura puede ayudarme a formar o transformar mi propio lenguaje, a hablar por mí mismo, a escribir por mí mismo, en primera persona, con mis propias palabras.

Lo importante, dice Larrosa, es el modo como en relación con los pensamientos del autor del libro, se puede formar o transformar los propios pensamientos, a pensar por sí mismo, en primera persona, con la propia sensibilidad, con los propios sentimientos.

La lectura como formación

Implica pensarla como una actividad que tiene que ver con la subjetividad del lector, no solo con lo que el lector sabe sino con lo que es. Pensar la lectura como algo que nos constituye o nos pone en cuestión en aquello que somos.

Larrosa plantea que puede pensarse también la lectura como escape, ocio, para acceder a otras realidades, y también como búsqueda de conocimiento, como formación y transformación de la subjetividad.

A modo de conclusión inconclusa

Vale pensar en las características de los tiempos que vivimos en los que impera lo instantáneo, la negación de lo que es considerado pérdida de tiempo y esfuerzo, donde la satisfacción debe ser instantánea y estar muy cerca de la demanda, evitar la engorrosa tarea de perder tiempo, ya que no es necesario posponer las necesidades, la espera ha sido finalmente eliminada del deseo de consumir lo que sea.

Baumann habla del síndrome de la impaciencia, ya que es los tiempos fluídos esperar se ha convertido en algo intolerable, dada la existencia del síndrome de la aceleración, un nuevo estado en el que el tiempo ha llegado a ser un recurso cuyo gasto se considera abominable e intolerable, en realidad un desastre y una bofetada a la dignidad humana, una violación a los derechos humanos. Toda demora o dilación o espera se ha transformado en un estigma de inferioridad. La jerarquía de poder instaurada a partir de unos que hacen esperar (superiores) y otros que esperan (inferiores).

El emblema del privilegio en estos tiempos es el acceso a los atajos, dice Baumann, a los medios que permiten alcanzar la gratificación lo más inmediatamente posible.

El síndrome de la impaciencia transmite lo contrario de “el tiempo es oro”, valioso, es un bien a cuidar y resguardar.

Myers (1960) observó la creciente tendencia a considerar la educación como un producto antes que como un proceso. Teniendo en cuenta que como producto la educación sería “una cosa que se consigue completa y terminada”. Y no como un proceso cuyo valor es que el conocimiento es duradero.

Así es que Baumann considera que el primer reto de la educación debería ser la valoración de lo duradero ya que la solidez en tiempos de liquidez se considera como una amenaza. La verdadera pasión de nuestro mundo, dice el autor, es la alegría de desprenderse de las cosas viejas. El consumismo de hoy se define por el breve goce de las cosas. El conocimiento se ajusta al uso instantáneo e instantáneamente desechable.

Todo este encogimiento del lapso de vida del saber está exacerbado por la mercantilización del conocimiento y el acceso al mismo.

Hoy el conocimiento es una mercancía y se invita a seguir formándose en concordancia con el modelo de la mercancía y no mediante la indagación, la exploración, la lectura reflexiva y el análisis complejo de la realidad.

Por esto, el segundo reto de la educación ha de proceder de la naturaleza errática y esencialmente impredecible del cambio contemporáneo y agrega nueva fuerza a la primera amenaza.

En fin, vale poner en cuestión los fines de la educación en función de las características que pretendemos desarrollar en nuestra sociedad a través de la educación y sus prácticas contemporáneas.-

Bibliografía citada

  • Arendt, H. (1977) La crisis de la educación.
  • Bauman, Z. (2005) Los retos de la educación en la modernidad líquida. Barcelona. Editorial Gedisa.
  • Corea, C. (2008) La destitución de la interpelación pedagógica. En Corea, C. y Lefkowitzs, I. Pedagogía del aburrido. Buenos Aires. Paidós educador.
  • Larrosa, J. (2018) P de profesor. Rosario.Noveduc
  • Larrosa, J. (2000) Pedagogía profana. Rosario. Noveduc
  • Pennac, D. (2014) Mal de escuela. Buenos Aires. Literatura Randon House
  • Ranciere, J. (2018) El maestro ignorante. Buenos Aires. Libros del Zorzal.