La mujer, el feminismo y la coyuntura electoral

Qué difícil es el camino a transitar por las mujeres en una sociedad que privilegia, en muchísimos aspectos, la vida de los varones. Si bien hace muchos años la lucha feminista ha marcado agenda, también es cierto que esa agenda ha significado el recrudecimiento y la visibilización de la matriz patriarcal y pensamiento machista en un sector muy grande de nuestra sociedad.

Prof. Silvia Da Roz

Si nos remitimos a nuestro país, que no queda fuera de lo que acontece en América Latina, podemos notar un avance en el número de asesinatos (hoy llamados femicidios/feminicidios) de mujeres exclusivamente por su condición, por el  rol asignado socialmente, y por los estereotipos que alimentan la escalada de violencia. Es dable remarcar que cuando decimos asesinatos de mujeres, también se incluye el de aquellas sujetas que han elegido este género para identificarse en la vida, siendo el número, entonces, aún mayor, a pesar que también los medios colaboran en invisibilizar los asesinatos del colectivo trans, tan de la mano con prácticas de poder, negocios entre fuerzas de seguridad y funcionarios cómplices que vienen vinculados a la trata de personas y la prostitución.

Esta problemática, en el marco de las políticas públicas actuales y del avance de la pobreza, ubican a las mujeres en un lugar sumamente vulnerado. La violencia extrema, traducida en femicidios, es el resultado de un complejo entretejido de desigualdades que abonan en las subjetividades un predominio de la idea de la mujer como sujeta desvalorizada en comparación con el sujeto hombre. Esas desigualdades que son enormes, desde la imposición de roles domésticos, cuidados del hogar, responsabilidad total en el cuidado de menores y mayores, escasos tiempos para la participación en el espacio público o el acceso a estudios superiores, la menor tasa de empleo por su condición de mujer, las finanzas destinadas a mantener el núcleo familiar, la dilación del poder judicial en resolver temas urgentes como la cuota alimentaria, la falta de casas refugios para amparar a mujeres madres e hijos, por citar algunas.

Este breve análisis introductorio, hace que reflexionemos en cómo surge este cambio de paradigma, cómo la coyuntura actual y la agenda política se ve en la necesidad de aggiornar su discurso e incorporar, a modo de captar votos del colectivo feminista, la “preocupación” por el cupo en las listas a conformar en las contiendas electorales solamente por responder a una fuerza ineludible que ya nadie puede obviar. Las mujeres en la Argentina hemos demostrado una fuerza imparable, y el patriarcado político lo observa.

¿Por qué y para qué sería urgente el involucramiento de la mujer en los espacios políticos estratégicos?

Porque los cambios vienen de la mano de las voces de mujeres (y hombres que se deconstruyeron y pueden dar fe de sus privilegios)  que exigen Justicia Social, para que las leyes vigentes dejen de ser letra muerta, para que  los presupuestos de la política incluyan seriamente el acompañamiento en lograr el objetivo de esa  Justicia amplia, esa Justicia que incluya a todes, hombres, mujeres, niños y niñas, adultos mayores, que promueva el acceso a los derechos básicos, educación real, salud y salud reproductiva, derecho a contar con  guarderías en los organismos del estado, en las empresas públicas y privadas, campañas de concientización sobre vínculos sanos en todas las franjas etarias, educación sexual  en las escuelas y en la formación docente, reconocimiento del trabajo doméstico, acceso al trabajo, a la vivienda y tanto más.

Esta lucha, que no es nueva, tiene su momento álgido en la contienda política actual, esta lucha que remite a siglos tiene sus líderes, una de ellas, Eva Duarte,  y en un contexto aún más adverso expresó:

”Ha llegado la hora de la mujer que comparte una causa pública y ha muerto la hora de la mujer como valor inerte y numérico dentro de la sociedad. Ha llegado la hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta, y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país, (….) Ha llegado la hora de la mujer argentina, íntegramente mujer en el goce paralelo de deberes y derechos comunes a todo ser humano que trabaja, y ha muerto la hora de la mujer compañera ocasional y colaboradora ínfima. Ha llegado, en síntesis, la hora de la mujer argentina redimida del tutelaje social, y ha muerto la hora de la mujer relegada a la más precaria tangencia con el verdadero mundo dinámico de la vida moderna.”