La deuda de las democracias Latinaomericanas

Desde aquella noche tenebrosa, cuando la oscuridad se adueñó de nuestra Patria Grande. El maquiavélico Plan Cóndor diseñado en la CIA.  La imposición de un modelo económico. El callar de los templos. Los silencios. El dolor. Las ausencias. Las complicidades. La pobreza. El exilio. La transformación cultural. Las secuelas innumerables. La traición. El “no te metás”. Las violaciones. Nuestros nietos apropiados. Nuestro jóvenes masacrados. Nuestros vientres arrancados. La ignominia. La censura. El desgarro. La tragedia. La ruptura. El miedo. Las persecuciones. Los enriquecimientos ilícitos. La deuda externa. La pobreza y el hambre. Malvinas. La abominación de la desolación usurpando el altar del Pueblo. Y los niños en la calle. Muchos niños en la calle. Y se multiplican en un mudo peregrinar indecente para una especia que se precia de racional. Como cada vez que los explotadores llegan a ocupar el lugar de la dominación expoliante. Como ahora que están sus hijos dilectos. Son los mismos. Nunca se fueron. Estaban como siempre escondidos en las mentiras, disfrazados de pastores de ovejas. Llenos de ira y sed de venganza. No volvieron porque siempre estuvieron, camuflados de demócratas, modositos, almidonados, adornados con la maquinaria infernal de los miserables con vos y estilográficas. Y otra vez hay un niño en la calle. Hasta que las calles efectivamente sean nuestras. Auténticamente nuestras. Totalmente nuestras.

Y nuestra querida Negra Sosa, Mercedes, con su mágica expresión y su prodigiosa sensibilidad, viene aquí a recordarlo

LP. Para cantarle a mi gente (1967). 9.Canción para un niño en la calle (Armando Tejada Gómez – Ángel Ritro)