Comunicación social en un gobierno popular

La comunicación es una dimensión medular de la vida social. Es inescindible de la práctica colectiva a pesar que frecuentemente se hable de “fallas en la comunicación” separándola de la praxis misma. Es decir la acción social y la acción política se estructuran mediante la comunicación.

Una comunicación democrática y sana (no alienante) es condición necesaria para una vida cívica participativa, democrática, emancipadora.

Carlos Almenara*

 Entonces, ¿de quién es el problema de la comunicación?

Siendo así, la comunicación no es algo a tratar solamente entre periodistas, productores, trabajadores y propietarios de medios; es una dimensión constituyente de toda organización social y política, y sólo puede abordarse productivamente de este modo.

Duramente, el campo popular, nacional y democrático, confirmó cuánto daño puede hacer al cuerpo social la comunicación concentrada. No habría Macri ni proyecto de saqueo sin Clarín.

Es que resulta inédito el grado de manipulación mediática de los medios hegemónicos. Si la prensa, desde Mariano Moreno, nuestro prócer señero y periodista, siempre está vinculada a un proyecto político (o al menos a una visión de mundo), lo que vivimos en estos tiempos, en Argentina desde 2008, es la más descarada suma de mentiras, manipulación de masas, construcción de odio e injerencismo político de empresas privadas que registre la historia.

Son capaces de inventar cualquier mentira, y como tienen el poder real, hacer de esa mentira hasta una causa judicial que un juez toma como caso y lleva a encarcelar gente. Cuando los presos son dirigentes sociales y políticos de organizaciones populares se manifiesta nítidamente cómo el objetivo de la persecución judicial y mediática es político. La lucha que debiera ser política (una contienda por el rumbo del país) se plasma en la persecución por parte del poder sin respeto a derechos básicos del “enemigo” que construyen.

Es claro que estamos en un territorio donde se visualiza que no hay disputa política sin la comunicación como punto estratégico.

 No hay territorio separado de la comunicación

Una falsa ilusión de las organizaciones populares es que el daño que hacen “los TN” puede compensarse “caminando el territorio”. Por supuesto que caminar el territorio, las visitas a vecinos, el diálogo, las reuniones, los actos, la militancia en esta dimensión es importante, insustituible, pero aun allí es perdedora si no discute el engaño mediático hegemónico.

La militancia territorial desarrolla toda su potencia cuando lxs compañerxs profundizan los grados de conciencia emancipadora descubriendo, develando, los ardides del poder real a través de sus pantallas. Si esa conciencia no está, está la derrota, tarde o temprano y no hay “identidad” que la desmienta.

 ¿Dónde están las Fake News?

El complot del engaño del poder real a través de sus medios de comunicación ha instalado la preocupación por las supuestas “Fake News”, noticias falsas. Supuestamente ellas proliferarían en Facebook o Twitter u otras redes o páginas. Contrario a ese intento de censura, escasamente velado, la principal fuente de falsedades insidiosas, calumniosas, con influencia decisiva en lo político está en los diarios, canales y radios hegemónicos.

Por supuesto que nadie puede aseverar que todo lo que aparece en una red social sea verdad. Todo el mundo sabe eso. Lo que también sabemos es que sólo allí aparecen las verdades incómodas. Y es ése el verdadero motivo por el que el poder instala los proyectos de censura de los pocos modos de expresión del ciudadano de a pie.

Pluralidad de voces

No se trata de inventar nada nuevo, sólo de respetar un principio obvio para cualquier democracia: deben estar todas las voces en el ágora pública. El relato hegemónico nos quiere convencer que hay pluralismo si podemos ver 10 canales distintos de televisión, pero resulta que ¡todos dicen lo mismo! Pluralismo hay cuando se presentan posturas diversas, tal cual las hay en la sociedad, cuando se da cuenta de problemas y asuntos locales y ellos siempre encuentran una vía (masiva) de difusión.

Responsabilidad social de los medios privados

Cada medio tiene, con toda legitimidad, una línea editorial que define a su criterio. Ello no lo habilita a la calumnia sistemática y a la construcción de odio. Los medios privados hacen uso de bienes públicos, no solo el espectro, la pauta y otros, sino también la comunicación social misma, que es un derecho humano que no puede ser bastardeado. No hay espacio para la censura, pero hay una responsabilidad ética (y esperablemente legal) de ofrecer derecho a réplica a todx aquel que se sienta calumniadx por el medio.

La incidencia de los discursos de odio de los medios hegemónicos en la salud pública debe ser materia de estudio y reflexión. También de regulación que excluya la censura.

Pluralismo en los medios públicos

Los medios públicos tienen un desafío enorme. El pluralismo, las expresiones políticas y sociales diversas, merecen un espacio explícito y específico en ellos.

Desde ya, los medios públicos preservan el acervo cultural de nuestro pueblo muy por fuera e independiente de cualquier razonamiento mercantil. Eso que resulta incomprensible para el macrismo.

 Promoción de voces alternativas

La ley y el espíritu de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que en 2009 sacudió el establishment de la opacidad, no surgió de la nada sino de un proceso crecientemente participativo de medios, trabajadores, universidades, sindicatos, actores políticos y sociales que alcanzaron consensos mínimos para respetar los derechos de todos.

Repensar y reconstituir, adecuado a los tiempos, un proceso análogo supone dar cuenta del variopinto universo de la comunicación alternativa pero también de aquellos creadores, grupos sociales, artísticos, laborales, vecinales, deportivos, políticos y tantos más que comunican permanentemente pero cuya voz, y éste es el núcleo del problema, raramente escuchamos porque el canal siempre está ocupado por la repetición de lo mismo que nos dan los medios hegemónicos.

Fiscalización y restricción de la concentración de la propiedad

Resulta imprescindible para que exista pluralidad de voces, la desconcentración, la regulación antimonopólica en todos los eslabones, desde la producción hasta la distribución de contenidos, pensada también en una escala que dé cuenta de lo local, en cuanto al acceso y la cobertura. Es necesario contemplar la participación de sectores cooperativos, públicos y privados. El Estado debe garantizar el acceso a la convergencia digital y la distribución del espectro, el acceso a las distintas plataformas a los medios alternativos, la neutralidad de la red y el transporte de contenidos.

 Incompatibilidad de la comunicación con otros negocios. Fiscalización

Ya la ley de SCA, sabiamente, declaraba incompatibles las empresas mediáticas con la posesión de concesiones de servicios públicos y ciertos contratos estatales, lo que siempre facilita prácticas extorsivas y distorsivas. Métodos más exhaustivos de fiscalización evitarían reiterados fraudes a la regulación.

Pauta estatal. Pirámide invertida

Es necesario pensar la distribución de pauta como una herramienta más de la promoción de la democratización en especial en favor de los medios comunitarios y cooperativos que tienen necesidades especiales a contemplar.

La pauta privada también afecta un derecho de la comunidad

Si la comunicación social es un derecho humano y un derecho social, como sostenemos, también la pauta publicitaria privada requiere una regulación para que ella misma cumpla su función (promover la venta de un producto, por ejemplo) pero que no sea a través de ella cómo se definen qué medios existen o no existen, qué líneas editoriales existen o no existen, qué verdades se dicen o no se dicen.

 Promoción social de relatos propios

Los grupos artísticos, deportivos, culturales, laborales, políticos, vecinales, tienen para contarnos ellos mismos, con sus lenguajes, sus agendas, sus códigos. Nuestra vida en sociedad se enriquece cuando todos somos más libres para decir. Y eso que tenemos para decir se escucha.

Experiencias como las Radios escolares dan cuenta de la valía de las herramientas de la comunicación social para enriquecer las mismas prácticas sociales, en este caso la educativa. ¿Por qué esto sólo pasaría en las escuelas y no en tantos otros lugares donde nos reunimos? ¡Cuánta mayor potencia le daría a nuestras organizaciones un estrecho vínculo con la comunicación social!

Estos párrafos, incompletos y no exhaustivos, tienen como objetivo advertir, llamar la atención de quienes tenemos preocupación por el devenir cívico: tenemos que revolucionar la comunicación social o no saldremos de la ominosa decadencia a la que nos llevó el complot de poder real que saquea Argentina.

* Carlos Almenara pertenece al SI Mendoza, marco desde donde surge este aporte reflexivo.