Amurados

Héctor Rodríguez

Será xenófobo y todo lo que quieran, pero el tipo tiene razón. Donald Trump firmó el decreto que autoriza la construcción de un muro de 3 mil kilómetros en la frontera sur con México, para frenar el ingreso de inmigrantes ilegales. Cumplió con su promesa. Y lo bien que hace este loco lindo. Acá tuvimos un intento similar, cuando el intendente Posse buscó saldar las desigualdades sociales de su partido: un muro que dividiera al San Isidro rico y aristocrático de su otra mitad pobre. Fue una pena que el kirchnerismo se opusiera.

Deberíamos adoptar la idea de Trump. La de construir todos los muros que sean necesarios. Que nos separen de las zonas peligrosas y nos dejen a salvo a los decentes, a los que pagamos nuestros impuestos y les dejamos propina a los trapitos. Muros que dividan los barrios de la clase baja de Córdoba, de Mendoza y de Jujuy, por ejemplo. Y ni qué hablar del conurbano bonaerense. Muros que pongan límite a La Matanza del resto; o a Florencia Varela, Boulogne, en fin, zonas atestadas de villeros. La televisión aplaudiría a rabiar una medida así. Mirtha almorzaría más tranquila al ver que por fin esta sociedad que ella tanto ama va madurando, como los países serios. En los bares donde se ve TN se celebraría la construcción de esa inmensa pared de hierro oscuro que cubriría el país, hoy temblando bajo las garras de la inseguridad. Estaríamos por fin a cubierto de todos los negritos de mierda, de toda esa lacra de guachines paraguayos, peruanos y bolivianos, esa manga de asesinos que merecen morir aplastados.

Escuchemos a Patricia Bullrich, prestemos atención a nuestro Presidente, sobre el tema. Hagamos muros. Ya mismo. Construyámoslos en nuestros countries. Eso, amuremos cada ambiente de cada casa, levantemos paredes en el living, en las cocinas, en los parquecitos, en el lavadero, y hasta en el cuarto de nuestros niños. Amuremos todo. “Por fin, a salvo de los asesinos malparidos”, ya imagino a mis vecinos dejando mensajes de desahogo en Radio Mitre.

Es cierto que con tantos muros resultaría imposible abrazarnos entre nosotros, pero ya veríamos cómo reemplazar esa necesidad. A través de un Whatsapp, por ejemplo, y adiós trastorno. Lo importante será el triunfo sobre los delitos que provocan los extranjeros, el narcotráfico y todo eso que nos cuenta la ministra de Seguridad. Ya no habría razones para turbas descontroladas en busca de “justicia por mano propia”, ni muertes a patadas en las calles. Habremos terminado definitivamente con la maldita inseguridad. Trump está en lo cierto.