El amor vence al odio; crónica de una derrota anunciada

Del blindaje mediático al acuerdo Trump – FMI

En el marco de la cátedra de Opinión Pública y Medios de la Profesora Mara Vuoto del Profesorado en Ciencia Política del Instituto de Formación Continua “María Inés Elizalde” de la ciudad de Gualeguaychú, un grupo de estudiantes han realizado un análisis sobre el último proceso electoral en la Argentina. A continuación lo reproducimos.

El amor vence al odio; crónica de una muerte anunciada

Por Francisco Capurro, Axel Carcacha, Mariano Cuadrado, Catriel Gieco, Christian Leissa, Lucas Piana y Luciano Touron*

El domingo 27 de octubre, la República Argentina decidió democráticamente ponerle fin al gobierno liberal de Mauricio Macri. Sin embargo, esta derrota electoral no debe ser vista como una reacción momentánea, sino que se fue decantando en los últimos dos años de gestión de la coalición Cambiemos, ya que no se debe obviar que, el mismo sello en la anterior elección legislativa se dio el gusto de vencer -ni más ni menos- a la Dra. Cristina Fernández de Kirchner.

Ahora bien, para poder comprender lo ocurrido este último fin de semana, se debe observar la trayectoria de movimiento liderado por el Ing. Macri, el cual después de gestiones exitosas desde lo deportivo en el Club Atlético Boca Juniors y de solicitar el juicio político a Aníbal Ibarra post masacre de Cromañón, emprendió su carrera política como Jefe de Gobierno en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Estos hechos actuaron como trampolín político junto a la construcción de una figura opositora por el célebre gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba.

Su gestión en la rica ciudad porteña y la falta de un opositor que midiera en las encuestas para poder terminar con doce años kirchneristas, hicieron que la oposición se juntara bajo el ala protectora de Elisa Carrió, la defensora moral de la República, los sectores económicos dominantes y la complacencia de los medios hegemónicos de comunicación, a la cabeza del siempre temeroso Héctor Magnetto. Todos estos movimientos, más la falta de transición y construcción de figuras progresistas en las filas K, permitieron que el país cayera fácilmente en la “estafa electoral del siglo XXI”.

Ahora bien, ¿de qué se habla cuando se hace referimos a una “estafa electoral”? A las prácticas sistemáticas que generaron dicha coalición con sus falacias sistemáticas en cuanto a sus ejes programáticos, para lo cual sería necesario que todos visualicen nuevamente el histórico primer debate presidencial. Pero no se debe creer que solamente aquello pudo lograr engañar a un conjunto mayoritario de los ciudadanos del país, sino que también se debe denunciar abiertamente cómo el apoyo explícito de los medios de comunicación y sus agendas periodísticas -cargadas de denuncias de corrupción, supuestos robos descabellados de fondos públicos y demás- sumadas a la psicopatía creada en contra de “la yegua”, “la morsa”, “el tuerto” y su asociación ilícita, permitieron cargar de odio y ceguera a una mayoría electoral.

Este combo eficiente y letal, permitió que por primera vez en la historia de este país las tres cajas más ricas de la Nación, estén en manos de los referentes de un mismo partido-movimiento, siendo los encargados de su administración los dirigentes Mauricio Macri, María Eugenia Vidal en la provincia Buenos Aires y Horacio Rodríguez Larreta en CABA. Los mismos, en sus primeros dos años de gestión debieron generar legitimidad desde sus acciones, teniendo que articular sus políticas junto con los mandatarios provinciales y jefes comunales (recuérdese el Pacto Fiscal firmado por los 23 gobernadores y el Jefe de Gobierno porteño en 2018).

Pero a su vez, como se sabe -o por lo menos, saben los sectores concentrados de poder- el mismo se usa y si no se abusa. Por lo que, si por medio del procedimiento legislativo–ejecutivo no se podían llevar a cabo las políticas que venían a efectuar, estos se apoyaron en una herramienta de dudosa constitucionalidad y que muchos promueven: los famosos Decretos de Necesidad y Urgencia. Un ejemplo significativo de su utilización bajo el gobierno saliente, fue la supresión de la Ley de Medios Audiovisuales, casualmente: la ley más debatida de la historia argentina, pues en su discusión participaron diversas organizaciones de la sociedad civil, así como también universidades, comunidades originarias, cooperativas de gestión de pequeños medios como radios, etc. Sin embargo, la misma hoy es historia, precisamente gracias a la ejecución de esta potestad del Ejecutivo.

Además, con este último decreto sumado al que permitió la fusión del grupo Cablevisión-Multicanal con Personal-Fibertel, podemos comprender el pago -sin fondos directos, pero sí con la obsecuencia de la construcción monolítica del grupo encabezado por Noble Herrera-Magneto. Pago a qué, se preguntará el lector: a la impunidad ejecutiva, a la pérdida constante de derechos y garantías, a la persecución mediática-judicial, al robo descarado a nuestros viejos y niños, a la doctrina Bullrich, etc; hechos que fueron minimizados y aliviados a través de las “caricias” de los comunicadores de dicho grupo mediático a la población nacional.

Ahora bien, la legitimidad lograda en las elecciones legislativas del 2017, sumadas a las relaciones carnales con los medios afines (Mitre-Noble Herrera), el apoyo financiero internacional y los principales líderes mundiales, no fueron suficientes para borrar de la memoria colectiva aquellos momentos en los cuales el pueblo se podía dar el gusto de irse de vacaciones, comprarse una televisión, llenar su heladera, construir su casa, pagar sus impuestos y remedios o el “lujo” de llegar a un autito usado o a un cero kilómetro.

¿Pero por qué volvemos a la memoria? Sin ser Chiche Samuel Gelblung, porque el gobierno de la coalición Cambiemos, poco a poco fue eliminando todos estos sueños, construyendo un relato acerca de que las mayorías se habían acostumbrado a vivir en una serie de ciencia ficción con los “malos comunistas y chorros” y ahora debían caer en la realidad de vivir bajo la “tutela de los buenos y honestos”. ¿En qué repercutió este cambio paradigmático? En una apertura indiscriminada de la economía hacia el mundo, destruyendo el tejido social e industrial (dentro del cual, las pymes fueron las más perjudicadas), incrementando permanentemente los índices de desocupación, pobreza e indigencia y como contrapartida, generando un modelo financiero-especulativo, que permitió el enriquecimiento de sus amigos, parientes y socios políticos, provocando alzas indiscriminadas de precios, tarifas, dólar, tasas de interés, endeudamiento y fuga de capitales.

No obstante, no solo el poder mediático fue la consecuencia de el andar tranquilo liberal, sino que debemos recordar el avance represivo sobre nuestra gente, fogoneado y financiado por la “ex montonera” Patricia Bullrich y su doctrina Chocobar, ante lo cual se premiaba a los que fusilaban y en contrapartida se volvió a desfinanciar el CONICET y mandar a lavar los platos a sus científicos, repitiendo la selecta frase de “caer en lo público”, denostando la educación y salud pública mediante el recorte de presupuestos, etc.

Sin embargo, como bien sabemos todos aquellos apasionados por la lectura, la historia y los aportes cinematográficos, al gobierno amarillo no le alcanzó con la ayuda del norte -en este caso no Hollywood, sino Donald Trump- ni su amorío con Lagarde ni con el FMI, ya que el endeudamiento serial con los mismos, el desembolso más importante de su historia, el desconocimiento de sus principios constitucionales y el envío de 20.000 millones de dólares en efectivo de la Reserva Federal (FED), más los bonos a cien años y demás artilugios financieros (desfinanciamiento del Fondo de Garantía de Sustentabilidad), conlleva progresivamente a la unificación de la oposición peronista, la cual con una movida de ajedrez de su líder política y electoral, Cristina Fernández de Kirchner, permitió terminar de generar dicha unificación, dando un paso al costado en la cúspide del movimiento, colocando al ex jefe de gabinete del gobierno de su difunto marido Néstor Kirchner y comenzando un proceso comercial-político con su libro autorreferencial, visitando lo largo y ancho de nuestro país, debilitando y desorientando al enemigo mediático hegemónico.

Esta gran movida estratégica fue acompañada a su vez de una campaña que marcó los constantes saqueos macristas, buscando refundar el amor en sus seguidores y en todos aquellos que habían pasado la bonanza de tener la heladera llena, paritarias libres, un autito, vacaciones, el respeto creciente a los viejos, etc.; y así llegaron al primer paso que fueron las Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias (PASO), y a la ratificación de que la memoria y el amor no se borran tan fácilmente.

Los días posteriores a la jornada electoral generaron odio, despecho y retos del presidente a los argentinos, permitiendo una corrida financiera, un aumento indiscriminado de bienes de consumo y un desequilibrio psico-emocional en la coalición gobernante, los cuales con el correr de los días volvieron a poder encarrilar su desprolijo tren, y apelaron a las medidas “populistas” para intentar generar un milagro electoral, el cual por los resultados obtenidos por el binomio Fernández–Fernández a nivel nacional sabemos, no ocurrió, puesto que los mismos obtuvieron un claro triunfo en primera vuelta.

Sin embargo, lo que queda por delante es un país sobreendeudado, dividido y destruido, el cual deberá ser reconstruido nuevamente -sacado de terapia intensiva para progresivamente ir pasando a sala común y después ser dado de alta-. Aunque, para no volver a repetir los errores del pasado y que de un plumazo se caigan todas las conquistas y derechos sociales, el pueblo deberá ser reeducado políticamente con conciencia de clase y principios esenciales como la solidaridad, el amor, la diversidad y la empatía. De no ser así, no se podrá entender cómo aquellos que llevaron nuevamente a la destrucción sistemática del país, pudieron retirarse del poder con un piso del 40% de los votos.

Sin dudas, el amor vence al odio, la educación política al analfabetismo político y a la reproducción.

* Estudiantes de 4to año profesorado en Ciencia Política.

*Mara Vuoto: Lic. en lengua y comunicación.