REFLEXION SOBRE LA NOTA “PARAR LA PELOTA”

Para “Voces de Inclusión”. 17/05/2020

Por Marcela I. Fernández*

Hola a todos, desde mi confinamiento en CABA y conservando la salud, que no es poco en los tiempos que transitamos… celebro esta reflexión editorial en relación con el contexto de “virtualizad forzada e inmediata” que aparece como ¿alternativa? a la presencialidad en el sistema educativo, en todos sus niveles.

El aterrizaje obligatorio en el “planeta virtual” está siendo desafiante, provocador, arduo, incómodo, espinoso, también desalentador y frustrante para algunos… Obviamente, como proceso social “complejo, contradictorio y desigual” está atravesado por “múltiples tensiones” -psicológicas, afectivas, intelectuales, éticas, económicas, entre otras-, a la exposición del Lic. González agrego mis impresiones. Veo/escucho a colegas con estudiantes de escuelas medias muy, muy desbordados, con la sensación de “no es justo lo que está pasando, hay una completa dispersión de/o ningún criterio desde las instituciones acerca de cómo abordar/organizar la virtualidad”, o expresando “no tenemos dos coles con la misma directiva, ni con el mismo formato, ni con la misma idea, un día dicen una cosa y otro día dicen otra, es una locura…” porque, claramente, no es posible trasladar automáticamente la propuesta presencial a la modalidad virtual. Va de suyo, pero esta obviedad no parece estar siendo considerada por muchos funcionarios, instituciones y directivos. Redimensionar los contenidos y concentrarse en “el hacer”, en el trabajo colaborativo, son las recomendaciones básicas y ¿qué hacemos con la evaluación?… “primero dicen que no hay evaluación y ahora quieren un informe personal de cada alumno”, me comenta una profe amiga… ¿cómo se incorpora al que queda fuera?, ¿cómo se rescata y/o reintroduce a los que se van perdiendo?, ¿qué les enseñamos y qué van a poder aprender los chicos?, son las preguntas que desvelan a un grupo de profes comprometidas con el trabajo en la escuela media y que trabajan a destajo en esta coyuntura… Y la casa, también hay presiones y exigencias que impone el teletrabajo en este sentido “…ahora tuve que comprarme un escritorio y estoy buscando una silla más cómoda, estoy en un estudio de TV, pero es que no puedo hacer otra cosa más que trabajar, 12 classroom abiertos…” me confía otra amiga.

Y todos estos desafíos se enfrentan acompañando a cientos y cientos de estudiantes a los que los profes prácticamente no conocen: en algunas jurisdicciones, en CABA ha sido así, solo hubo una semana de clases presenciales… 

Todos y todas al borde del ataque de nervios… y solo estoy compartiendo algunas preocupaciones viendo el sistema “desde el lado del docente”, no me atrevo a hablar de los adolescentes porque solo soy profe en el nivel superior, si imagino que no lo están pasando bien porque ya gritan desear “volver al cole”, ese lugar/territorio material, tan cargado de vivencias, afectividad y representaciones…

En el nivel superior (soy profe en la universidad y en la formación docente) hemos solucionado mal que bien las cuestiones de las clases online, con las plataformas de acceso gratuito Zoom/Meet/Moodle qué, más allá de las críticas sobre seguridad, nos permiten tener algún contacto “visual” con los estudiantes y organizar la rutina del cuatrimestre, dar las clases en las franjas horarias establecidas para la presencialidad, resignando tiempos y contenidos, rediseñando materiales y trabajos prácticos y acumulando el “estrés de las pantallas”, como cualquier hijo de vecino… Que incomodidad dar clases así, nos vemos (en el nivel superior somos pocos en las aulas virtuales) pero nos corren los tiempos… a veces se corta la transmisión, pero la verdad es que no se aguanta tanto tiempo de pantalla, entonces, suprimimos charlar un rato, reírnos entre nosotros, hablar de la vida… ¿no era eso construir el vínculo? ¿Y el desafío de concentrarnos en las tareas?, las dificultades se multiplican con los hijitos pequeños dando vueltas, con las cuestiones domésticas interfiriendo… “la casa no es la escuela”, tampoco el cole o la facu…

Hasta aquí, toda esta reflexión/catarsis vale para aquella parte del universo de estudiantes/docentes (comunidad educativa) que estamos “incluidos”… incluidos en la modernidad tecnológica (tenemos celu, compu, ipad, otros), en la conectividad (mas o menos eficiente) y tenemos ingresos que nos permiten sostener los gastos que representan… pero, en la geografía de nuestro país, hay otra parte de la comunidad educativa que no está incluida, hay un universo de “excluidos” de estos bienes imprescindibles pero escasos, en todo caso, menos abundantes de lo que se suponía… 

Soy geógrafa, entonces, desde la Geografía y como muchos colegas sostienen, esta crisis solo viene a “iluminar” un problema estructural de nuestro país y en muchos otros: “la desigualdad” o aquello del “desarrollo geográfico desigual” que tanto hemos leído en Harvey. Vivimos en “territorios desiguales”, no importan sus escalas; las desigualdades nos atraviesan y tenemos evidencia de ello por todas partes, el sistema educativo con sus emergentes (en particular acceso y permanencia) es un ejemplo, también el sistema sanitario y muchos otros y acerca de esta cuestión también se ocupa la nota Editorial de “Voces de Inclusión”. Pero, nuestro problema con la desigualdad es que es “demasiado desigual”, más de lo que se quiere ver, más de lo que se está dispuesto a aceptar… Todos sabemos lo que pasa, pero muchos se hicieron y hacen los desentendidos, los datos están y son asequibles (NBI, pobreza por ingresos, datos de instituciones oficiales, institutos de investigación y consultoras), ese no es el problema; en muchos ámbitos (inclusive el universitario), plantear estas cuestiones significa confrontar con muchos que se incomodan y se debería entender ¿¿quién quiere salirse de la zona de confort?? ¡¡Ups!!, tenemos gente pobre y no tan pobre “fuera del sistema” (educativo, laboral, político…), no todos los estudiantes tienen computadora, no todos tienen celular, no todos tienen conexión a internet, porque no tienen recursos económicos o porque vienen en lugares a donde “no llega la internet” o “la internet es mala”, como refieren algunos estudiantes… ¡¡Ups, no vivimos en Finlandia!!, diría yo, pidiendo disculpas por mi visión algo negativa, quizás influida por confinamiento que se prolonga… 

En este tópico, la pandemia más que iluminarnos, directamente nos “encandila”; las asimetrías, las desigualdades, las exclusiones o como elijamos conceptualizar al “fenómeno” nos obligan como comunidad académica, cuando menos, a reflexionar sobre la coyuntura… 

PARAR LA PELOTA es una excelente propuesta, pero va en contra de la corriente, en contra de la espiral de “aceleración” de demandas y exigencias desmedidas a docentes, estudiantes y familias que se ha venido formando, como una “bola de nieve”, desde el inicio de la virtualidad forzada… ¿cómo oponernos a la vorágine de la exigencia externa y de la autoexigencia? Dos lecturas podrían inspirarnos y ayudarnos en la reflexión “Elogio de la lentitud” (Honoré, C., 2009) y “La sociedad del cansancio” (Chul Han, B., 2018). 

Ya estamos todos cansados, normal, nadie estaba preparado para esto. Ir paso a paso, hacer lo mejor que se pueda la tarea, reforzar y sostener la comunidad, redoblar los compromisos éticos con la profesión y abrir espacios de crítica y discusión (en caliente) sobre la coyuntura, podrían ser maneras de ¡¡PARAR LA PELOTA!!! 

Mi perspectiva algo negativa de la realidad no me deja sin ganas de pelearla todavía, saludos cordiales para todos

* Prof. (Geog.) Marcela Indiana Fernández. Docente/Investigadora. Carreras de Geografía. Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales. Universidad Autónoma de Entre Ríos. Instituto Superior “Esteban Adrogué” (Formación docente/Bs. As.). 

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