La semilla

En 2008 el proyecto político iniciado en el 2003 luego del descalabro neoliberal menemista y aliancista, inició una disputa con sectores de la economía agraria concentrada (Resolución 125pergeñada por Martín Lousteau) que dio comienzo a la reorganización política de la derecha reaccionaria, cuyo proceso culminó con el triunfo en las elecciones de 2015 de Mauricio Macri.

Cuando el ignoto y hasta torpe Mauricio Macri inició su carrera política, el primer eslabón fue encontrar un espacio que le permitiera alcanzar cierto grado de popularidad y junto con ello demostrar su capacidad para gestionar con éxito. El destino elegido fue el club Boca Juniors, que abrió puertas hasta entonces insospechadas en otros sectores de la sociedad.

Seguramente los años pondrán luz sobre todo ese entramado, los personajes detrás de escena, los acuerdos y los/as estrategas. El resultado final fue la instalación de una figura que rompió con ciertos criterios sociológicos para una institución de las características del club de la rivera. Rubio, ojos claros, hijo de millonario. Hasta se podría decir que el perfil daba más para el otro equipo tradicionalmente enfrentado.

El nombre Macri comenzó a ser conocido en todo el país, aunque ya no por el ¿secuestro?, o por el escándalo en Morón,  o por el contrabando comprobado de SEVEL, sino por la popularidad de ser parte de una camiseta. Los títulos obtenidos serán el anclaje necesario para revestir la situacion de “un tipo exitoso”, ganador, hábil.

En una década marcada por la frivolidad y la exclusión social, este tipo de personajes no sólo alcanzaron cierto grado de popularidad, sino que además llegaron para permanecer durante mucho tiempo, aunque algunos luego se fueron diluyendo, tal el caso de Ramón “Palito” Ortega.

Pasó mucha agua bajo el puente y la tragedia de 2001 tuvo dos hitos que modificarían totalmente las lógicas políticas y electorales: el asesinato de dos militantes sociales como Maximiliano Kosteki y Darío Santillán que derivaron en el llamado a elecciones para principios de 2003 y por otro lado la tragedia de Cromagnon el 30 de diciembre de 2004, donde el descontrol por parte del gobierno de la ciudad fue utilizado descarada e inmoralmente por la derecha para destituir a Anibal Ibarra, dando lugar a una fuerza emergente en la ciudad de Buenos Aires denominada PRO, cuyo lider era Mauricio, que es Macri. Es que desde siempre este sector actuó de la misma manera miserable, sin límites ni miramientos, ¿Por qué habrían de proceder de otra manera en esta ocasión?

La destitución llevó al poder transitoriamente a Jorge Telerman, que lejos de llevar adelante la agenda de su predecesor, inició una gestión de centro derecha, abriendo así el camino para la llegada del PRO al gobierno de la ciudad. La novedad estaba en el soporte político de una organización de clase alta y que respondía a los nuevos criterios del marketing y características de los partidos siglo XXI atravesados por el neoliberalismo.

Llegado al poder en 2007, desde esa trinchera se comenzó a reconstruir el poder político de  las clases dominantes y acomodadas del país, oligarquía agraria incluída, que pese a estar disfrutando de ganancias extraordinarias, no consentían un gobierno peronista y popular, y mucho menos compartir sus riquezas “obtenidas con el fruto de su trabajo”. El “campo” había resucitado y ahora adquiría 4 x 4, cosechadoras, sembradoras, fumigadoras, etc., y de paso inundaba los campos de agroquímicos envenendo a su paso ríos, lagos y tierras. La figura en ascenso era un tal Macri, cuyo pedriguee y estatus quo daba perfectamente en la aristocrática Buenos Aires, la del mayor producto per cápita del país. Tan afín unos y otros que la fidelidad en el voto así lo demuestra.

Así, con una derecha reorganizada, con su propio partido, con el acompañamiento de los medios de comunicación masivos, llegó la fatídica 125, y este dato no es menor, ya que el impacto en el ciudadano común, por lo general falto de formación política, fue determinante y llevó a qué, por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires, Néstor Carlos Kirchner perdiera las elecciones con un millonario como De Narvaez. La traición de Julio Cobos daba sus primeros resultados.

Es necesario detenerse aquí, pues la derrota política del gobierno, al revés, el triunfo de la patria agraria privilegiada, disparó muchas consecuencias, una de ellas fortalecer y unificar la oposición detras de organizaciones que luego se mantendrán más o menos estables durantes los próximos años, una de ellas, la Mesa de Enlace, donde a algunas de las entidades poco les importó traicionar sus principios fundacionales para abrazarse a los intereses de los grandes grupos económicos.

Otra consecuencia fue la de generar un enfrentamiento social que desde ese momento resultó irresoluble para el kirchnerismo, perdiendo de forma definitiva la ruralidad y el voto de las grandes ciudades del país. Los medios trabajaron insistentemente sobre este tema garantizando “la grieta” y sosteniendo una línea editorial que uno de los más inescrupulosos periodistas como Julio Blanck denominó “periodismo de guerra”. Las canalladas de la derecha siempre necesitan un Bernardo Neustad o un Mariano Grondona… y un público que compre el mensaje.

Como una obra trágica, el 2010 trajo la desaparición física de Néstor Kirchner, que provoco la modificación coyuntural en sentido electoral y permitió en gran medida que Cristina Fernández obtuviera un triunfo histórico en términos porcentuales. Pero ese 54 % era una ilusión, y luego, con las tremendas dificultades en un mundo convulsionado por cuestiones económicas, esa ilusión se fue diluyendo. El problema fue que ese resultado, ya sin Néstor, fue leído como el trinfo final del movimiento nacional y popular. Enorme error. La batalla cultural, la construcción de una base sólida todavía distaba mucho de ser una realidad, y el espejismo que las mayorías con sus mejoras materiales acompañaría el “proyecto”, o podría discernir políticamente entre dos opciones, se derrumbaría.

Aún así, el leal y laborioso Scioli obtuvo un resultado que pocos hubiesen imaginado, ya que perdió el ballotage por menos del 2% de los votos, y sin el acompañamiento de la estructura política de todo el país que se dedicó a disfrutar de sus triunfos y preparar sus gabinetes. Fue un trabajo gigantesco y admirable de la militancia que con pasión, convicción y persevancia recorrió incansablemente casa por casa, barrio por barrio y evitó una derrota catastrófica.

Pero el tsunami amarillo, la ola neoliberal ya era incontenible, en sintonía con toda una estrategia que supera en mucho lo nacional y que incluyó en su derrotero golpes de estado, inventos de causas, criminalización de la política, demonización de candidatos, law fare, etc.

Golpe con Zelaya en Honduras; destitución de Lugo en Paraguay; destitución de Dilma en Brasil; bloqueo a Venezuela; persecución a Correa en Ecuador, son sólo algunos de estos hechos pergeñados en otras latitudes por el poder económico y financiero con sede en Washington.

La carcel de Lula completó el panorama para que la experiencia transformadora del cono sur naufragara y la derecha reaccionaria destruyera todo atisvo de progreso e independencia. Eso es Bolsonaro y Macri. Exactamente eso.

En Argentina, la semilla nació con la 125. Y continuó con la subestimación de la derecha y su candidato. El resultado ya es conocido, y las derivaciones también.

El problema es no aprender de la historia y por ese motivo, cometer los mismos errores. Si algo no ha ocurrido es que luego del desastre de la gestión anterior la Alianza de derecha, ésta no tenga fuerza o esté debilitada. Puede parecerlo. Pero no.

Así, Alberto, que pretende superar “la grieta” y tiende puentes, de pronto se encuentra con la frontalidad de una marcha en todo el país. Es cierto que probablemente el número (en pandemia) puede parecer poco representativo. Es sólo un parecer. Detrás, en las redes, en los medios masivos, en las líneas editoriales, en los debates políticos, en la capacidad para establecer y manejar la agenda, la realidad es que siguen teniendo poder y capacidad de respuesta y organización. Aquí es bueno recordar que Macri, luego de haber destruido la industria, el empleo, la economía, la salud y la educación obtuvo más del 40% de los votos (y la gente ya esta olvidando lo acontecido).

Entonces, con responsabilidad y como aprendizaje, es lícito, corresponde preguntarse si “Vicentin” no es la semilla 2027 (y de no media mejoras en ciertas condiciones macroeconómicas y de la economía familiar, incluso 2023) para el retorno del conservadurimso al gobierno.

Porque se puede convenir que no existen distintos sectores que apoyan a estos candidatos del establishment, sino que cada sector es una expresión de la misma clase social, con la misma ideología y con los mismos intereses. Entonces, no debería llamar la atención que Clarin y La Nación trabajen como medios opositores. Ellos son sus dueños. O que los empresarios acaudalados juegen a su favor. Son los mismos. O bien que los bancos no acompañen al gobierno de Alberto sino que lo boicoteen. Es su propiedad. Sería nefasto y de una irresponsibilidad inconmensurable subestimarlos.

Es indudable que es necesario aprender del pasado y no caer en ingenuidades. Lla disputa se debe dar en todos los campos, estableciendo agenda para lo cual es indispensable la construcción de un sistema de medios altenativos que contrarresten el discurso conservador, es decir, no contarnos entre nosotros que bueno esto o aquello, sino llegar a los sectores que no se está llegando, y son de todos los estratos sociales,  pero también avanzar en reformas estructurales elementales; sistema financiero, sistema productivo, sistema de salud, comercio de granos, transformación impositiva, transformación (y no reforma) de la Justicia. Aunque para ello sea necesario romper algunos huevos.

Si no se puede disputar la construcción de sentidos, aún con mejoras materiales es probable que la derecha vuelva al poder. Y en eso hay mucho para aprender y modificar.

Caso contrario, la semilla que se ha sembrado, puede que crezca y luego nos demos cuenta que estamos sentados bajo su sombra.

Las elecciones 2021 pueden ser un punto de quiebre, pero sólo si a la tibieza de querer contentar a todos se la convierte en una disputa real por el poder, en las calles, en los medios, en el congreso, en la justicia, en cada barrio y club. El poder no se negocia, se ejerce, y si no se ejerce, prontamente otros vendrán por él.

Y no es una cuestión de acumulación de fuerzas, ni de coyunturas, sino de decisiones políticas. La semilla está sembrada. El reloj corre. Será bueno despertar antes que nos cubra el invierno y la noche.

 

 

 

 

 

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