Yo te odio. Tu me odias. Nos odiamos.

Yo te odio. Tu me odias. Nos odiamos.

Por SuLi*

Yo te odio. Tú me odias. Nos odiamos.

Desde que murió George Lloyd, y porque se hizo público (porque debe haber miles de Georges muertos de negrura, por el peso del sometimiento y el desprecio al independentismo de las razas marginadas), desde que él murió, digo, vivo en estado de angustia. No es que una se proponga “bueno, ahora voy a angustiarme por este problema y trataré de debatirme entre el olvidarme o recordar con dolor este hecho a través de mi racionalidad”; no es así. Hay una parte de cada uno de nosotros que elige o no ser responsable de lo que ocurre; al menos en tanto en cuanto la responsabilidad de analizar por qué ocurren tragedias como ésa. Es, sí, una tragedia que alguien, que cobra un sueldo para representar a la ley y al orden cargue el cuello de un hombre con el peso de su rodilla hasta asfixiarlo. Siempre pasó. Con los negros. Con los pobres. Con los indígenas. Con los linyeras; pero verlo así, oír a esa persona gritar pidiendo aire y nombrar a su mamma…un hombre inocente, un ciudadano al menos con derecho a condena si no lo hubiera sido, resulta cruel. No hubo piedad para George. Murió ahí, asfixiado por las rejas de la crueldad. Privado de respirar por una mente dependiente /obediente.

Mientras, aquí, en Argentina, en la localidad de Fontana, Chaco, la policía golpeó a hombres y mujeres de la comunidad qom. Hubo balas, tortura y abuso sexual.  No es que haya sido este suceso el único. Ya ahogaron a Santiago Maldonado, mataron a Rafael Nahuel por la espalda y centenares de casos por el estilo (es decir, por parte de quienes cobran un sueldo para defender a la gente de su país). No puede tanta sangre ser a causa de un rapto de desobediencia policial o gendarme. No puede ser la obediencia ciega a una orden de no tener piedad (la “banalidad del mal” le llamó la filósofa Hannah Arendt). ¿Podrá ser la proyección de una crueldad que antes fue recibida en el entrenamiento que reciben para ser parte de la “fuerza”? Porque ¿Qué mejor forma de enseñar a odiar que recibiendo el odio en espalda propia? Si enseñas a odiar desestabilizas. El que odia no es dueño de sí.

¿O acaso traemos el odio incorporado como parte del ADN y tal vez nos pasamos la vida tratando de no- odiar?

Les que hablan de bondad y caridad ¿de qué hablan? Si cuando deben ayudar “no pueden”, y cuando pueden (como evitar un contagio) se evaden.

Recuerdo que hace algunos años, en la cola de un banco, yo, que siempre fui un poco ingenua y creía en la solidaridad, la caridad, el amor al prójimo y toda esa mitología, una laica consagrada (que es como una monja, pero sin tomar los hábitos) se despachó conmigo contándome su rabia por los planes sociales a la gente que “no trabaja en nada”. Yo no entendí en ese entonces.  Después, he ido tratando de entender cómo es el proceso mental de la gente unidireccionada, mejor dicho, teledirigida o mejor dicho, direccionada como la de ella: hay una ideología que atenta contra las clases marginales. Esa es la derecha de los ricos y todo su aparato comunicacional (que incluye el púlpito).

La cuestión es que odiamos. A los rateros, a los negritos con celular, a las pobres que se embarazan, a los obreros que viajan en colectivo, a los perros que ladran, a los comunistas rebeldes, a la Cámpora solidaria, a los ka populistas, a Cristina mujer inteligente, o a todo lo que no sea brillante blanco puro y transparente (como definió Pamela David, la señora vip, a la esposa de Macri, obviando el adjetivo “esclavista”). Los del campo odian a los de ciudad; los pobres odiamos a los ricos; los profes de escuela privada, a los de escuela pública, y así podría seguir hasta el infinito si me atreviera a ser sincerísima. Pero me van a odiar por esta nota. Ja.

Los mismos que lloran ante una foto de los campos de concentración nazis son quienes desprecian a los indígenas originarios (Toba, Mapuche, quom, wichi) o al habitante de un asentamiento o de una Villa.

La misma mujer que va a misa cada domingo y deja su diezmo en la canasta de la iglesia desprecia con frenesí, tanto a una joven prostituta como a una mujer pobre que recibe un subsidio por maternidad. Es capaz de “no ver” (literalmente) a quien carga un carrito cartonero o defenestrar a homosexuales (porque es “pecado”).

Les que piden pena de muerte (o de hecho, linchan a un motochorro, o aplauden a policía que mata a un ladrón) se resisten a la legalización del aborto para evitar que miles de mujeres pierdan la vida en consultorios clandestinos. Esa contradicción está dada por el odio que sienten por el ladronzuelo o motochorro  y no logran sentir lo mismo por ladrones de traje y corbata que despojan a un pueblo de su dinero, su soberanía, su oro, sus posibilidades de progreso (Los Roca, los Arribas, los Vicentin, los Macri), gente que hace un culto a la evasión de impuestos, deposita sus millones en paraísos fiscales y endeudándonos con el FMI por un siglo para quedarse ellos con los créditos obtenidos. Hemos sido despojados de educación, salud y posibilidades de progreso,   sistemáticamente durante cuatro años por el gobierno del Pro/cambiemos;  sin embargo, todavía hay gente despojada, perseguida, encarcelada, espiada, que sigue apostando por esa nefasta política mercantil que está en contra de la clase trabajadora. ¿Cómo sucede este prodigio? Porque tienen todos los medios de comunicación repitiendo hora tras hora, de un modo sutil o literal el discurso triunfalista de los odiadores.

Ay, qué lindo es ver en la alfombra roja a las divas argentinas, posando sus vestidos de varios miles de dólares porque van a entrar a una cena de beneficencia… ¡Cena de beneficencia! ¡Beneficencia! ¿Acaso eso es posible entre gente que gasta en una noche lo que a muchos nos duraría una vida? ¿Por qué no son capaces de donarlo anónimamente?  “Así aprendiste –interrumpió Zarathustra- que es mucho más difícil dar bien  que tomar bien: porque dar bien es un arte y la última y más ingeniosa maestría de la bondad.” (…) “Hoy toda beneficencia y toda pequeña dádiva irritan a los plebeyos. ¡Que estén prevenidos los demasiado ricos!”, afirma Nietzsche.

¡Vengan, vamos a odiar! Dicen los que permiten salir a correr en CABA como “esparcimiento”,  mientras hay una pandemia mundial que  está llevando a millones de personas a la muerte. ¡Odiemos juntos! ¡Odiemos todos y a todos! ¡Odiemos libremente! Esos mensajes los recibimos. Los tenemos incrustados. ¿Y si me los saco odiando a los odiadores?

¿Y por qué nos dejamos odiar así? ¿Por qué ser pobre debería ser pecado y ser obscenamente rico no?

Todo odio recibido va mutando; se acumula la bronca, impotencia. Cuesta entender que Macri y su troupe tenga aplaudidores todavía. Pero ¿acaso no los tuvo Hitler? ¿No fue aclamado Mussolini?  ¿Y ellos cómo lo lograron? ¡con la misma estrategia que se utiliza hoy, es decir, dirigen la propaganda masiva a la emotividad de las personas! Y los incautos caen. Una vez que tienen el poder, lo ejercen de la peor manera. ¿Sos sindicalista? ¿Estudiante librepensador? Entran en la sede o en la universidad y te torturan o te apresan y te torturan, o te espían, al azar, para disciplinar, para que todos se enteren de que si hablas mal de un presidente de derecha por twitter, podés ir varios meses a la cárcel sin juicio ni condena. ¿Por qué? Porque los sindicatos organizan y los estudiantes también. Nos odian unidos. Nos odian por unanimidad.

¿Sabes cuándo nos demuestran su odio, cuándo su odio nos pringa? Cuando un par nuestro se pone del lado de ellos y nos habla con su lenguaje de ricos, con su voz de poder, con sus herramientas ampulosas…pero no siendo rico, ni poderoso, ni estratega. Una señora dice que hoy, A.F. “Nos somete a una dictadura más suave” (por la cuarentena del coronavirus) y otra dice que “No hay libertad” (desde la libertad de decir que no la hay), y que “Nos encierran para poder robarse todo”, de lo cual no tienen la más mínima demostración, pero se lo están inoculando desde el permanente avance de los medios masivos de comunicación.

Y así nos sentimos muy odiades. Tanto, que podríamos odiar a esa pobre gente pobre que toma para sí una causa que no le es pertinente.

Dicen que “Velaban por las instituciones”… “por la constitucionalidad”… los mismos que utilizaban el espionaje para controlar tanto a opositores como a los del propio partido. Y una vez tenían un elemento lo utilizaban para crear “testigos” que si no decían lo que ellos querían (para involucrar a los Ka) iban a la cárcel. ¡Semántica vulnerable! Dicen lo que no hacen; hacen lo que no dicen; hacen lo contrario de lo que dicen hacer…Y ahí enfrente, decenas de miles de personas que creen en eso de “Somos institucionalistas y constitucionalistas”. Los que no comemos carne buena más allá de la General Paz, los que caímos en la escuela pública, la grasa militante…El cinismo es una de los peores grados en el ejercicio del odio.

Los indolentes rugbiers que asesinaron a golpes a Fernando Báez Sosa, que apenas tenía 18 años, realizaron ese cruento acto premeditadamente y con odio. Los feminicidios con los cuales están asolando el país diariamente, también hacen gala de un odio visceral hacia la mujer.

Una gran sombra oscurece nuestra vida. La gente se está sacando la sonrisita falsa de la cara y ya se anima a mostrar su rabia. En cualquier momento nos agarramos a los palazos.

Yo  odio, tú odias, él odia. Saquémonos la careta, somos odiadores seriales.

“Me dicen que el hombre se ama a sí mismo. ¡Ay, cuán ingente debe ser ese amor a sí mismo, cuánto desprecio tiene que vencer!” Friedrich Nietzsche. “Así habló Zarathustra”

*Susana Lizzi

 

 

Deja un comentario