Democracia. ¿Democracia?

Hay términos, palabras, frases que son de uso rutinario, pero cuyo contenido dado por obvio, puede que no lo sea tanto.

 

Cuando en diciembre de 1983 en Argentina terminó el gobierno de facto, se suele emplear concurrentemente el concepto “vivimos en democracia”, reduciendo el contenido a las meras formas jurídicas del cumplimento de reglamentos que regulan elecciones.

Este cuadro, como ya lo dijera Atilio Borón en 1997, bien se puede aplicar a Latinoamérica, aunque bien podría aplicarse a escala planetaria. ¿Se puede asegurar, sin cuestionamientos, que la “cuna de la democracia contemporánea (Estados Unidos) es, efectivamente un país democrático, plural, con participación popular en la cosa pública, en los debates políticos, en los grandes temas que lo atraviesan? La respuesta, a poco de horadar un poco el manto protector publicitario, nos descubre un estado manipulado de manera atroz por las grandes fortunas y corporaciones internacionales, donde en general, el gobierno no es más que un instrumento para conseguir determinados fines sectoriales.

O la misma Europa, donde el resurgimiento de movimientos y partidos fascistas (incluido el neo nazismo) ocupan cada vez más lugar en los órganos de representación política. Esto que pudiera parecer “democrático” implica un grave retroceso pues estas facciones son profundamente antidemocráticas y sectarias, incluyendo en su ideario la supresión del otro y la violencia como instrumento de poder.

 

El mundo, globalización neoliberal mediante, ha deconstruido todo un sistema de valores y cosmovisiones, modificando las estructuras culturales y arrasando en su derrotero avances sobre cuestiones tan sensibles como los Derechos Humanos en sus diversas manifestaciones, es decir, con respecto a las relaciones laborales, acceso a la salud y la educación, etc.

La afirmación, que a priori puede parecer temeraria, debe entenderse como análisis de la dinámica impresa en el devenir histórico, donde hasta los principios fundamentales de cualquier ética humanística es puesta en debate. Allí está como testigo fiel la controversia por “el número de los desaparecidos”, que, a diferencia de algunas creencias, cuanta con raigambre en amplios sectores sociales, incluyendo el educativo con la gravedad que ello presupone.

En esta nueva “lógica” modelo XXI, hasta los movimientos sociales son afectados, tal como la gravedad de la luna modifica las mareas. En este caso la gravedad es reemplazada por una cultura centrada en el individuo y el confort, muchas veces revestidos con el ropaje de “derechos”, y que, en lugar de apropiarse de las diversidades como riquezas, las marca con fuerza.

De igual modo, aquello bastante claro de las ideologías, el sentido de pertenencia, la conciencia de clase, se encuentra subsumido en un collage de inclinaciones y posturas que sería una labor imposible poder definir una línea rectora. Y en ese contexto se medidas de típico corte neoliberal son aplicadas por todo tipo de gobiernos. En todo caso, es la derecha la que aparece con mayor coherencia. Es la dinámica expresada. El mundo se ha derechizado, y es un fenómeno social que atraviesa todos los estratos, sin hacer distinción alguna. Las marchas por Vicentín se explican desde esta nueva realidad.

En las manifestaciones están como dice Serrat “Hoy el noble y el villano,
el prohombre y el gusano, bailan y se dan la mano, sin importarles la facha”, independientemente de algunas afirmaciones desopilantes, se pueden rastrear algunos rasgos ciertamente preocupantes como disparadores: odio, racismo, xenofobia, antiperonismo (que bien se puede entender como un sentimiento en contra de todo lo popular), el ataque sistemático al rol del estado, y más grave aún, a la política como herramienta de transformación reivindicando dictaduras.

El 12 cv y la Hilux; el peón y el hacendado, el albañil y el dueño de la empresa de construcción. El millonario, la clase media y los sectores más pobres. Todo arrogándose la representación de “la Patria”. La línea mitrista y oligárquica ha instalado contundentemente su hegemonía.

En este contexto, donde hace poco más de un semestre asumió un nuevo gobierno, los huestes han comenzado el trabajo de demolición. Llama la atención que haya personas y políticos que se sorprendan por el ataque a los periodistas de C5N. ¿Dónde está la novedad? Lo irracional es que este tipo de hechos no se produjeran. Una violencia instalada desde hace mucho tiempo, día a día, hora a hora, desde la palabra, pero también en la construcción de representaciones simbólicas, que, a modo de mito, resultan muy efectivas y difíciles de contrarrestar, en especial cuando esa violencia verbal comienza a transformarse en expresiones físicas de agresión.

Y sería ingenuo creer que esto son “actores aislados”, pues la sincronización en la acción indica un plan prediseñado y ejecutado sin piedad, persistentemente. Intentar ver diferencias entre Bullrich y Larreta es entelequia. Las formas no modifican el fondo de la cuestión, aunque las circunstancias exijan hoy cierta mesura por parte de quienes tienen responsabilidad de gobierno, so pena de cargar con la terrible herencia de los muertos, los une una mirada ideológica común.

En esta situación resulta evidente que el operativo “destrucción”, o, dicho de otra manera, el “operativo retorno” está en marcha, y es importante destacarlo, es portador de una fuerza y presencia considerable. Puede parecer una masa informe, pero existen vínculos que los homogeniza. Subestimarlo, como ya se hiciera hasta el 2015, parece temerario.

Los análisis al respecto, tal como bien lo ha descripto Ricardo Foster y un montón enorme de intelectuales, son precisos y detallados, pero el problema real consiste en encontrar las respuestas, las líneas de acción, las formas de comunicación que permitan revertir este cuadro de situación que se presenta extremadamente complicado.

La democracia en Argentina está en duda, y las raíces de estas incertidumbres anidan en su propia historia de golpes, traiciones, estafas y retrocesos, y esos mismos sectores destituyentes, los del 55, 66 y 76 por citar algunos, continúan pergeñando, aunque ya no desde las sombras porque no lo necesitan, la caída de cualquier intento de un gobierno popular. Y el cuadro se repite sin solución de continuidad en toda Latinoamérica, con la biblia, con el órgano judicial o con cualquier instrumento legal o no.

Y, como si todo ello fuera poco, la pandemia vino a lavar todo el desastre del gobierno del Gerente. En efecto, para las personas la comparación ya no será (ya no es) con lo acontecido hasta diciembre de 2019, sino que la barrera de referencia es la pandemia y sus consecuencias. Asi lo indican las encuestas de opinión.

Por eso es tan necesario que las políticas definidas, las decisiones tomadas sean pensada y repensadas una y mil veces, y que la comunicación comience a ser una tarea seria y eficiente, pues cualquier desliz, cualquier situación especial será utilizada por la derecha para desgastar a todos los niveles de gobierno, es decir, Alberto, gobernadores e intendentes. Es muy obvio, pero parece que muchos no lo ven. Y ello, tendrá serias consecuencias. Revisar, revertir, revolucionar… o chocar la calesita.