LA OTREDAD ES UNA BUENA ALTERNATIVA EN TIEMPOS DE PANDEMIAS

Entonces ese Estado que necesitamos debe velar, en primer término, por el “otro”, y, en segundo lugar, ese Estado debe prestar sus servicios como lo hacen los voluntariados, con “calidad y  eficacia”.

Por Cesar Cesario 

No hay nada de novedoso al decir que el virus (COVID – 19) ha cambiado nuestras vidas; no imagino a nadie diciendo que esto no le ha generado ningún cambio, ningún trastorno. En mi opinión, el virus ha hecho algo más, ha provocado que esta época se torne aún más difícil para todos. Cuando digo “todos”, me estoy refiriendo a todos los estratos sociales, y a todos los habitantes de este planeta.

Ahora bien, para los estratos que siempre se han visto perjudicados o desprotegidos este fenómeno viene por ellos. La pobreza y las desigualdades se van a ver profundizadas (como ya lo señalan algunos indicadores); es entonces donde comienzan mis interrogantes. ¿Que pasará una vez que este Virus deje de preocuparnos, o comencemos a transitar lo que algunos llaman “la nueva normalidad” o la “pos/pandemia”?, ¿Qué pasará en Argentina?¿Que estamos haciendo como Estado(Estado en sí mismo) y como integrantes de él (como ciudadanos) – para colaborar en la resolución de este problema?.

Es una realidad que este suceso no nos encuentra a los argentinos de la mejor manera. También es verdad, que éste Virus ha puesto de  rodillas a las principales economías del mundo. A los argentinos nos encuentra saliendo de un endeudamiento internacional, con un índice altísimo de pobreza, con un sistema de salud muy endeble, con una economía paralizada, con pequeños emprendedores y pymes quebradas, con industrias cerradas, con una distribución de las riquezas o de los ingresos de forma inequitativa o desigual.

La pos/pandemia o la nueva normalidad ¿Existirán?

Este interrogante no es fácil de responder, porque no tenemos en claro si efectivamente va a existir un estadio posterior a la pandemia; a mi modo de ver la pos/pandemia implica la “no existencia del virus”, o mejor aún “el control de éste” por parte de los especialistas. Al margen de que está en curso la prueba de algunas vacunas o algunos otros métodos alternativos para morigerar los efectos nocivos del virus, esto no nos asegura que la nueva normalidad existirá o que todo volverá a ser como antes. Entonces la pos/pandemia parecería ser algo poco concreto, más bien abstracto. La nueva normalidad daría a entender que nuestras vidas, así como la concebíamos, no volverán a ser, porque todo supone que este Virus permanecerá entre nosotros por un buen tiempo, sumándose a ello que los países del primer mundo, que ya han experimentado la pandemia, aún no muestran indicios de que la pos/pandemia exista, de que el problema se encuentre resuelto o que se haya encontrado la manera en que todo esto se encamine de una vez por todas. Nada de eso ha pasado aún.

Entonces, desde mi visión, la pos/pandemia o nueva normalidad, es algo que todavía no tiene forma, es algo que se está gestando día a día con políticas de los Estados en distintas materias, por un lado,  y por otro, con las conductas individuales que cada uno de nosotros llevamos a cabo como ciudadanos del mundo.

En orden a ello entiendo que la nueva normalidad no solo será el resultado de haberle ganado al virus e impedir el lapidario futuro que nos vaticinan, sino también el fin de algunos modelos (económicos y políticos) que han provocado durante mucho tiempo el sacrificio de algunos sectores de la sociedad en pos del crecimiento y desarrollo de otros.

Evidentemente no estamos en la POS/PANDEMIA, sino que estamos transitando un estadio sin precedentes y que demandará una resistencia de largo aliento.

El mundo.

Hasta finales del 2019 y principios del 2020 “el neoliberalismo” era la opción para enfrentar los problemas estructurales del mundo en lo que a materias primas y explotación de recursos naturales se refiere; en esa carrera se encontraban varios países, entre ellos Estados Unidos, China y Brasil para determinar cuál sería la potencia en los próximos años, todo hasta que apareció el COVID-19. Recordemos que en el mes de diciembre de 2019 fue reconocido un nuevo coronavirus en la ciudad china de Wuhan y que desde aquel entonces hasta nuestros días se han reportado un sinnúmero de casos que demandaron medidas extremas y de contención que jamás habían sido tomadas por los países afectados. En nuestro país, por ejemplo, no se tenían registros documentados del cierre de las fronteras, no hay antecedentes.

Con la llegada del COVID-19 se comienza a vislumbrar que los Estados liberales empiezan a inclinarse hacia un modelo más “paternalista”, se comienzan a emitir una multiplicidad de decretos o disposiciones de tipo legislativas para ordenar y justificar el aislamiento social urgente, a limitar la circulación de las personas en miras de tutelar el interés público (en este caso la salud de la población).

Desde aquel comienzo hasta la actualidad todo ha cambiado. El mundo ha cambiado; comenzamos a darnos cuenta – como seres humanos – que cualquier acto individual tiene incidencias en el otro. Las consecuencias de esta pandemia hacen que el “otro” tenga más relevancia que antes; paulatinamente comienza a resquebrajarse la visión antropocéntrica de todo el “orden” que conocemos.

Ahora bien, dentro de este panorama atemorizador en sí mismo de la pandemia, alimentado por los medios de comunicación y las redes sociales, se está generando el ámbito propicio para que, en el mundo, se comience a pensar de otra manera, para que se comience a reflexionar cual es el mejor “modelo” político y filosófico para enfrentar la crisis actual y las venideras.

Comienza aflorar, de a poco, un pensamiento social y económico que tiene como punto de referencia “la vida humana y no humana”, que comienza a entender que no se puede supervivir sin el otro y sin un medio ambiente sustentable.

Durante años la sociedad ha buscado el beneficio material y eso ha sido lo único colectivo que la ha identificado; como dice  una vieja frase: “solo sabemos que es lo que cuestan las cosas, pero no lo que valen”. En este sentido, el discurso liberal ha hecho que el estilo materialista y egoísta de la vida actual se haga parte de la condición humana como de la pandemia que estamos viviendo.

Se ha visto como los Estados Unidos, Inglaterra y Brasil – por ejemplo – han manejado la crisis solo desde el punto de vista económico y esto ha primado sobre la vida humana.  El 28 de marzo de 2020 el Presidente de los EE.UU, Donal Trump, decía ante un medio periodístico que su país no estaba diseñado para cerrar o confinarse, que la economía no debía sacrificarse por una enfermedad que consideraba insignificante. Al día de hoy han fallecido más de 156.000 personas como consecuencia del COVID-19.

A nivel mundial se ha evidenciado que las “instituciones” han sido degradas sobre todo por el dinero y la política se ha vaciado de sustancia y significado. En los países que he mencionado la gente no está satisfecha con la forma en que se gobierna, con las formas en que se toman las decisiones referidas particularmente a la pandemia.

La Argentina.

Nuestro país no escapa de los mismos avatares o transformaciones que se están produciendo en el resto del mundo.

El problema es que para los países emergentes las transformaciones – más que los cambios – demandan aún más sacrificio, porque para acercar o disminuir la brecha entre los sectores más postergados u olvidados de la sociedad con aquellos más acomodados, los primeros tienen que experimentar una espera que a veces no pueden tolerar. A ello hay que contextualizarlo en esta circunstancia global y particular que es la pandemia.

Las desigualdades y las brechas en nuestro país fueron generadas en la década del setenta por la última dictadura militar, la cual se encargó en comenzar con el plan de desintegración de una sociedad argentina cohesionada, homogénea, e igualitaria, y en la década del noventa le dieron el golpe de gracia. Se ocuparon de eliminar a una clase media ascendente. Desde aquel momento hasta la actualidad no hemos podidos resolver ese problema, y ahora con la Pandemia el desafío no es para cualquiera.

Lamentablemente en este escenario que nos fue armado, el pobre termina siendo más pobre y para el pobre aquellos servicios que una parte de la sociedad argentina ya no los quiere o bien prefieren que se lo preste un privado (producto de la famosa reforma del Estado / la desregularización de los bienes y servicios/ el Consenso de Washington, etc. etc.). Entonces al pobre le quedo un servicio de salud endeble, un servicio de educación deficitario, un servicio de transporte ineficiente, entre otros servicios que nadie quiere.

Debemos decir que la mayoría de los argentinos hemos experimentado en carne propia las grietas o brechas que nos han dividido. Hace poco menos de nueve (9) meses finalizó el mandato presidencial del Sr. Macri quien por producto de sus políticas neoliberales, de las cuales se beneficiaron los de siempre, el país se vio sumergido en un índice de pobreza histórico, así como en un endeudamiento público internacional sin precedente.

Fuente: Tex Monterrey

No caben dudas que a esas recetas “políticas y económicas” de un modelo Neoliberal no les cabe una crisis mundial como la generada por el COVID- 19, de hecho evidenciaron lo endeble que son, las economías que se decían ser “las más fuertes” de cayeron como un castillo de naipes. Se vio que el Estado Liberal – para aquellos que lo habían olvidado – reduce la protección social, no protege al mas débil de una relación jurídica, comercial, laboral, se olvida de los servicios públicos más esenciales, posterga la justicia social, recluye al desprotegido. No me atrevo siquiera imaginar por un instante cuales hubiera sido las medidas a tomar por el ex presidente ante la Pandemia del Covid-19. Entiendo que hubiese sido muy gravoso.

Pero como decía al inicio, nuestro país no escapa de aquellas transformaciones que se están gestando. El manejo de esta crisis dependerá de sus políticas económicas, las cuales deberán centrarse sobre el privilegio de la vida humana,  de la asociación entre los actores fundamentales para cimentar un nuevo modelo de Estado, un nuevo paradigma, con la identificación real del problema y con el convencimiento de que somos parte de la problemática – jamás vivida –  y que requiere de un alto condimento de otredad.

La otredad ha sido lo que ha permitido, en épocas difíciles, que el expulsado del “Sistema” (creado por el Neoliberalismo), continúe respirando, por decirlo de alguna manera. Véase, que en estas circunstancias extraordinarias “el voluntariado” ha logrado la subsistencia de los olvidados, ha logrado alimentar (con el desayuno, el almuerzo, la merienda en distintos comedores comunitarios)  ha logrado llegar a aquellos a los que el Estado no ha podido aun queriendo hacerlo.

Es fundamental que en esta instancia nos cuestionemos que Estado necesitamos para afrontar éste desafío de la Pandemia y los venideros. Entiendo que la reflexión debe comenzar pensando en el “otro”, al margen de que esto sea un reto, porque deberá hacerse en todos los niveles. Ahora bien ese “otro”, no es cualquier “otro”, porque es fácil pensar en el “otro” rico que asiste a un colegio privado y que no tiene muchos problemas; es necesario pensar el “otro” que no tiene los medios para solventar sus necesidades, porque vive el día a día, porque no tiene acceso a una vivienda, debemos pensar en la madre soltera, en aquel que no puede acceder a un empleo registrado porque el mercado no se lo permite, en aquel que no tiene acceso a una obra social, que no puede asegurar una nutrición adecuada a sus hijos, etc., etc.

Entonces ese Estado que necesitamos debe velar, en primer término, por el “otro”, y, en segundo lugar, ese Estado debe prestar sus servicios como lo hacen los voluntariados, con “calidad y eficacia”.

En estas circunstancias extraordinaria como Estado y como ciudadanos debemos pensar en el “otro”, debemos decidir “con y por el otro”, debemos mitigar las consecuencia de la pandemia todos juntos, es por eso que quiero resaltar aquellos que han demostrado tener dignidad humana y han garantizado el empleo de muchos trabajadores a pesar de las problemáticas económicas que todos conocemos.

Las decisiones que de ahora en más tomemos (desde lo individual / como desde lo colectivo) deben tener en cuenta el cuidado y el respeto del “otro”.