Apuntes para una lectura socio política de los argentinos

HOMENAJES Y REFLEXIÓN

La Marcha del Bicentenario

Enrique “Quique” Bugatti

 

En vísperas del Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810, un puñado de amigos habitantes del corazón de la Pampa Húmeda bonaerense, concretaron una muy sentida iniciativa histórico-cultural, como lo fue el unir a caballo por los caminos y sendas históricas, el Cabildo de Jujuy con el Cabildo de Buenos Aires., realizando postas en la Casa de la Independencia en Tucumán, los Cabildos de Salta, Córdoba y Luján. La gesta que llevó el nombre de Marcha del Bicentenario, fue organizada por la asociación sin fines de lucro La Patria a Caballo y se realizó entre los días 13 de Abril y las 00 horas del 25 de Mayo de 2010, donde arribaron a la emblemática Plaza de Mayo y al Cabildo porteño. ( www.lapatriaacaballo.org.ar).

Los jinetes, todos argentinos de ascendencia europea (españoles, italianos, vascos y alemanes) y árabe, profesaban y aún lo hacen, un acendrado amor por la argentinidad y por los equinos, como prolongación de la cultura gaucha de las Pampas, del NOA y de la Mesopotamia argentino-uruguaya-brasileña.

Años después, más precisamente en 2013 reiteraron la travesía, uniendo las dos universidades más antiguas de la región: la de Chuquisaca y la de Córdoba, en homenaje a los 400 años de la creación de esta última y partiendo de aquella en la que se gestó y partieron las primeras proclamas y acciones revolucionarias de los libertarios del cono sur americano.

De ambas travesías surgieron cientos de anécdotas muchas de las cuales me han sido reveladas por los propios protagonistas y un par de reflexiones que –a modo de saldo conceptual- dejaron tales marchas y que enriquecen la paleta del pintor de las gentes, sus costumbres y sentimientos de Patria, en estas tierras.

Durante la Marcha de los Cabildos en el Bicentenario, los gobiernos locales de las provincias del Norte argentino, no sólo participaron en actos ad hoc con sus instituciones y dirigentes, proporcionaron cobertura de difusión y logística, sino que el paso de los jinetes fue puesto en valor con la asistencia del universo educativo, cultural y social de cada zona.

Pero al margen de los homenajes tributados desde el poder lugareño, lo que más impresionó a los jinetes viajeros, fue el acendrado sentimiento de orgullo y pertenencia a la gesta independentista de dos siglos atrás, mostradas por humildes familias rurales que, en casi todos los casos tienen algún antepasado muerto en las batallas de la guerra de la libertad de las Provincias Unidas del Sur. En caminos olvidados y alejados de las modernas vías de comunicación, se topaban con modestos ranchos cuyos habitantes abrían sus puertas de par en par y compartían sus escasos alimentos con los jinetes, como una manera de homenajear a quienes no olvidaron aquellos sacrificios de las familias del norte argentino.

Sin embargo, tal respuesta y sentimiento popular, se tornó casi inexistente desde la provincia de Córdoba hacia el sur. Los viajeros, como quien esto escribe, no somos profesionales sociólogos, pero a la sazón de los acontecimientos político-culturales contemporáneos, vale el compartir alguna hipótesis en ese aspecto, que contribuya a echar luz sobre los motivos que llevan al actual retroceso del campo nacional y popular en Argentina y varios países hermanos de la región. Sobre este tema volveremos más adelante.

Uniendo las Universidades

Desde Sucre, en donde se halla emplazada la antigua Universidad de Charcas, la Plata o Chuquisaca, partieron los jinetes argentinos, en su segunda marcha, en el año 2013, hacia la Universidad de Córdoba que cumplía sus 400 años. Con gran participación y calor popular, fueron transitando parajes y lugares que fueron testigos de las luchas contra los realistas y de los sacrificios en vidas que los hermanos del Alto Perú prodigaron a la libertad, con un símbolo emblemático en Juana Azurduy de Padilla, nombrada Generala de los ejércitos argentinos por Decreto de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y cuyo testimonio escultórico fuera emplazada en el año 2015 en los jardines de la Casa Rosada, sede del Ejecutivo nacional. Historiadores bolivianos referían que 39 de cada 40 hombres jóvenes perdieron su vida en aquellas batallas históricas que sucedieron al 25 de Mayo de 1810 cuando el Presidente de la Primera Junta patria era elegido un hombre de esas tierras, un boliviano: Cornelio Saavedra.

En uno de los actos protocolares, los jinetes tuvieron oportunidad de saludar al Presidente Evo Morales, quien les preguntó acerca de la región y ciudades de donde provenían. “De Ayacucho, provincia de Buenos Aires” dijeron unos, “de Las Flores, provincia de Buenos Aires” dijeron los otros y Evo pregunto “de Las Flores, pegado a General Belgrano?”, “efectivamente señor Presidente”, le contestaron y entonces Evo les manifestó “yo acompañaba a mi papá a recolectar papa a campos de General Belgrano, pegadito a Las Flores”.

Evo Morales, de humildísimo hogar rural, de zafreros o trabajadores golondrina; Lula Da Silva obrero metalúrgico, Nicolás Maduro, chofer de colectivos o buses, Cristina F de Kirchner, hija de colectivero y empleada pública, Néstor Kirchner, hijo de empleado de Correos, Lugo, sacerdote popular, el gran Hugo Chavez, militar como lo fue Perón, el querible Pepe Mujica. Todos hombres y mujeres de extracción popular que lucharon contra las adversidades y algunos aún lo hacen, por la igualdad de oportunidades, la equidad y la justicia social para sus pueblos y el desarrollo de sus naciones. Y otros líderes de la Patria Grande como Rafael Correa o García Lineras, proviniendo de familias acomodadas, desde sus sensibilidades humanas y lucidez política abrazaron la causa de las gentes de a pie, en contra de los adoradores del “estiércol del Diablo” tal lo expresara el Papa Francisco.

La grieta que siempre existió

La grieta, la famosa “grieta” puesta en valor mediático monopólico por los profetas del “cambio” en Argentina, a partir de los multitudinarios fastos del Bicentenario del 2010 en Buenos Aires, siempre existió en las distintas sociedades y con más razón en las del occidente capitalista. Cualesquiera región del planeta registra sucesos, manifestaciones, tensiones y guerras por intereses divergentes entre los actores sociales. Y que el trasfondo sea económico, por la apropiación de los excedentes, es casi de Perogrullo.

Desde el Consenso de Washington, diseñado para coronar el imperio de las finanzas y la pérdida de las soberanías nacionales, el mundo se tornó más injusto de lo que ya era. La concentración económica en manos de unos pocos, la especulativa,  libertina y cuasi anónima circulación de divisas, las guaridas fiscales aptas para todo tipo de negocios opacos, sucios e ilegales y la extraterritorialidad de las decisiones que afectan a cada sociedad, son –apenas- mojones de aquella construcción imperialista que comenzó a resquebrajarse a partir del 2008, con la caída del Lemon Brother que, por primera vez en décadas comenzó a afectar a las economías y sociedades de los países centrales, especialmente los europeos.

Sin embargo el agotamiento del modelo neoliberal, comenzó a manifestarse en América Latina, años antes, con el cambio de Siglo y la llegada de Hugo Chavez al gobierno venezolano. Al poco tiempo Luis Ignacio Lula da Silva conquistó el gobierno en un gigante exhausto, Brasil. Luego Kirchner en la Argentina quebrada y endeudada por los liberales de la escuela de Chicago de Milton Friedman y alumnos de Martínez de Hoz, todos prohijados por la dictadura más sangrienta de la historia argentina y por las clases dominantes cómplices de la misma.

Luego llegó Evo, Correa, Pepe Mujica, reverdeciendo el viejo anhelo de Patria Grande, con los requisitos sintetizados por Perón: la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación. Y como si ello fuese poco, fue ungido Papa de la Iglesia Católica universal, un hombre asumido como integrante de esa Patria Grande.

Cualquier indicador económico, social, cultural o educativo de los primeros 15 años de gobiernos orgullosamente “populistas” (el rescatar para la virtud tal adjetivo, es materia pendiente en la batalla cultural), revela asombrosos avances en crecimiento y desarrollo para tales países, como la estrepitosa caída de los indicadores de pobreza, desocupación, mortalidad infantil, analfabetismo, etc.

El avance, conquistas y recuperación de Derechos por parte de los pueblos de la América indo hispana encontró a sus tradicionales oligarquías dominantes y excluyentes sin respuestas políticas durante un tiempo y aun cuando ningún gobierno populista afectó sus rentas normales ( sí las extraordinarias, de privilegio), esa anomia pronto dio paso a una acción coordinada entre el poder económico tradicional, las grandes empresas trasnacionales, el amañado poder judicial de cada país y especialmente en rol central, por los grupos mediáticos dominantes que, aupados desde los EEUU por la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa, los patrones/dueños de los medios audiovisuales y gráficos), comenzaron la perversa guerra cultural de la que llevan ganadas varias batallas parciales.

La vulnerable cultura política de las clases medias urbanizadas y la reacción.

Aquél comentario de los primeros párrafos de esta nota acerca de la diferente reacción de los pobladores, según regiones, ante hechos u homenajes a gestas históricas, manifiestan distintos grados de reconocimiento y/o empoderamiento de la historia común y de las políticas populares del momento. En Argentina, de Córdoba hacia el sur, habitan las sociedades de mayor bienestar relativo, los grandes centros urbanos y una cotidianeidad permeada en información y opinión, por los medios de comunicación que –concentrados y hegemónicos- responden a las líneas editoriales de los monopolios de la ciudad de Buenos Aires que, se sabe, cultivan un “conveniente” ahistoricismo.

El grupo Clarín con sus casi 300 repetidoras de TV y diarios;  La Nación, TN, canal 13, 11, América, etc. comenzaron – a partir de la pulseada por las retenciones granarias, Resolución 125- a construir una agenda de discusión diaria amañada y ultra opositora al gobierno de Cristina Kirchner. Esa agenda, tendenciosa y falaz fue minando la confianza -frágil y desmemoriada- en su gobierno, de amplias capas sociales de la clase media y de los trabajadores calificados o mejor pagos, con aspiraciones de ascenso social. Ello, sumado a cierto adocenamiento rayano en actitudes de laissez faire, laissez pasé, de la dirigencia política oficialista, provocó la interrupción del ciclo virtuoso iniciado por Néstor Kirchner en el 2003.

Estas políticas de la derecha vernácula, tienen su correlato en el resto de los países de la región: en Bolivia, la opositora “media luna” boliviana con epicentro de Santa Cruz de la Sierra y Pando, intentaron acciones destituyentes en contra del gobierno de Evo Morales. En Ecuador algo similar ocurrió contra Rafael Correa en aquella asonada policial con objetivos de magnicidio, ante el beneplácito de las gentes de las ciudades costeras ecuatorianas. El golpe de Estado a Dilma, con su destitución en una flagrante y cuasi mafiosa acción para institucional, ante la contemplación anodina del Poder Judicial y el gozo estrepitoso de la red O Globo, Veja y los medios monopólicos brasileños. Venezuela –atacada despiadadamente- se mantiene enhiesta contra viento y marea gracias a la entereza de Maduro y su pueblo. Así podríamos seguir la enumeración, tal el caso de Lugo en Paraguay o Zelaya en Honduras. En suma, la derecha latinoamericana es minoritaria, salvaje sin ningún prurito y poderosa en medios. Y esa derecha está avanzando en la región.

Ese avance siempre es a expensas del bienestar de las capas populares. El freno a esa ofensiva deberá fundarse en la propia torpeza (esencialmente codiciosa) de los gobernantes de la derecha liberal conservadora que, además, nunca tuvieron contacto con el pueblo de a pie, ni conocieron sus necesidades, ni estudiaron en escuelas o universidades públicas, ni se parecen a su pueblo; en la movilización del pueblo en las calles (único escenario al que no pueden acceder las minorías), en la reacción de la burocracia sindical y en la tarea cotidiana en el territorio, de los dirigentes y militantes del campo popular, portadores de argumentos y verdades políticas y  económicas irrefutables. El viejo refrán de que “si no te embarras  las patas, no hay triunfo del pueblo”, es una máxima de hierro para la militancia o para todo ciudadano bien intencionado en estos tiempos.