Necesitamos hablar sobre el PT

El Partido de los Trabajadores de Brasil se encuentra en un profundo proceso de debates y reflexiones, luego del golpe contra Dilma Rousseff, de la persecución mediática y política por causas de corrupción que afectan a algunos de sus dirigentes y, sobre todo, de la pérdida de algunos de sus principio fundacionales que derivó en la desconfianza popular y en una dura derrota electoral.

El partido que enfrentó a la dictadura, que contribuyó a la redemocratización del país, que batalló incansablemente
por la consagración de un sinnúmero de derechos sociales, que hizo posible la más profunda y acelerada reducción de la desigualdad, nunca vista en la historia de Brasil. Ese partido está en la lona. Cayó, en parte, por la persecución implacable a la que fue sometido, en la función de los golpes dirigidos contra muchos de sus líderes más destacados, contra su organización y contra su militancia. Aunque también, en gran medida, por peso de sus errores, por bajar la guardia en la defensa de algunos atributos que forman parte de su propia identidad y de la lógica que los diferencia.

Las elecciones de 2016 fueron el desenlace de una ofensiva de la derecha que tiene, como de sus objetivos prioritarios, destruir un instrumento esencial de la lucha de la clase trabajadora, de la democracia y de la inclusión social. Está claro que el PT no está siendo investigado. Está siendo cazado. La absurda diferencia de tratamiento hacia algunos líderes de PT, sólo porque son de PT, en relación a los políticos de otros partidos demuestra, un vez más, como en otras tantas circunstancias históricas, que el discurso de la lucha contra la corrupción es en realidad un combate sin tregua a la izquierda como un todo para posibilitar la entrega del país a quienes son lo más retrógrado y lo más corrupto.

La abrumadora derrota de la izquierda en las elecciones de 2016 – salvo raras y muy honrosas excepciones – muestra el tipo de país que está siendo meticulosamente construido por las fuerzas de coalición golpista.

Es preciso reinventar el partido, urgentemente

Para bien o para mal una parte del PT ya no existe. Fue diezmado por los escándalos de  corrupción (Mensalao, Lava Jato), por la debandada de alcaldes y parlamentarios, por el golpe parlamentario que destituyó a la presidenta electa y por las elecciones municipales. Se necesita un nuevo PT, urgentemente, o no quedará ningún PT.

Junto a la defensa irrestricta del Estado democrático de derecho, el partido necesita hacer una autocrítica pública como primer paso para recuperar autoridad moral y credibilidad política y así sostener los ideales de igualdad y la renovación política sobre los que fue fundado. Es necesario, de manera inmediata, renovar la dirección partidaria sobre nuevas bases.

Además de elegir una nueva dirección y nuevo presidente,  el PT precisa reconstruir su programa, redefinir su organización y revigorizar sus prácticas. El PT precisa reinventarse con la misma radicalidad con que un día osó disputar los rumbos del país con la fuerza de los trabajadores y excluidos.

Actualizar el programa democrático y popular

El partido también necesita recuperar su vocación de partido de los trabajadores, de los asalariados, de los que están fuera del mercado laboral, de los pequeños y medianos agricultores y empresarios, de los sin tierra, de los jóvenes. De los que luchan por la vivienda, de los que pelean por la afirmación de su identidad, de los que quieren elegir libremente su orientación sexual, de los que luchan por la dignidad y por sus derechos de ciudadanía. El programa partidario deber estar fundamentalmente orientado a los trabajadores, excluidos y oprimidos, con una orientación inequívocamente democrática, humanista, igualitaria, libertaria.

El PT no es, aunque quisiese, un partido que pueda firmar un pacto social entre las elites y el pueblo. Para comenzar porque las élites de este país no quiere el pacto, porque no quieren pagar la cuenta, sino transferirla justamente a los pobres y a la clase media, que son los finalmente sustentan al Estado brasileño debido a las exenciones fiscales y beneficios que los más ricos disfrutan.

El puente hacia el futuro de una parte importante de la elite brasileña es, más bien, la green card hacia Estados Unidos y una cuenta en Islas Caymán.

El desarrollo de un país es directamente proporcional  a la calidad de su democracia. Pero a la vez, democracia significa, en tanto representación y actuación del Estado, la atención a los intereses de la mayoría y la pluralidad de personas y de opiniones con voz y voto en los procesos de decisión política.

Un programa democrático y popular se distingue por proporcionar mecanismos claros de fortalecimiento de la democracia y de la capacidad de actuación del Estado. Se distingue también por el combate sin tregua a los grupos políticos y económicos predatorios que, de forma recurrente, dominan los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, y que engendran instituciones perversas, que generan ganancias para una pequeña parcela de la sociedad, imponiendo costos sociales elevados a la mayor parte del pueblo brasileño.

Redefinir el modelo de partido. Transparencia, presentación de cuentas y democracia participativa

Entendemos que el partido que aboga por la transparencia, la rendición de cuentas y la democracia participativa no es transparente, no rinde cuentas a sus miembros y dejó su democracia participativa en algún lugar en el pasado. El PT cambió sus antiguos espacios de participación, su debate formativo y discusión programática por Procesos de Elección Directa (PED), por priorización de lo electoral y por alianzas con la política tradicional.

El PT debe aclarar sus cuentas, realizar su propio presupuesto participativo, establecer reglas claras para la contratación de empleados y empresas de servicios públicos a través de licitaciones públicas, exponer su planificación y planes de trabajo en audiencias públicas con participación presencial y por Internet. Y necesita crear su propia auditoría, que aunque ya se encuentran en los Estatutos, nunca salieron del papel.

El PT debe abrirse y estar más expuesto que nunca para que no haya dudas acerca de sus métodos, sus criterios, sus decisiones, sus recursos, su capacidad para escuchar a la militancia y partidarios y su voluntad de estar profundamente enraizado en la sociedad civil.

Política por vocación

El PT debe afirmarse como un partido que hace política por vocación, no por profesión. Las personas electas deben comportarse como funcionarios públicos conscientes de su papel y sus responsabilidades republicanas. Deben estar sujetos al escrutinio no sólo de la maquinaria partidaria, sino también de sus electores y organizaciones populares. Ellos deben abrir sus cuentas, exponer sus agendas y saber demarcar la frontera entre lo público y lo privado.

En el PT no puede haber lugar para los políticos tradicionales. La política no es una carrera y el político no es un profesional. ¿No es? Bueno, no debería ser, al menos en el PT. Si algo está mal, tiene que cambiar.

El PT debe abolir la elección a dedo, volver a ser un partido de reuniones, conferencias, y, ahora, de redes sociales.

El PT debe ser un partido conocido y reconocido por sus discusiones de base y la elección de delegados y representantes por barrios y colectivos temáticos o identitarios (trabajadores de diferentes categorías y estratos, juventud, cultura, deportes, mujeres, LGBT, rurales, discapacitados, transporte , educación, salud, asistencia social, gobierno y gestión pública, medio ambiente, vivienda, seguridad pública, igualdad racial), con límites y controles estrictos para evitar la burocratización y las prácticas de la política tradicional.

Las direcciones partidarias deben ser la expresión de una militancia y un debate sobre las políticas públicas, y no de la compulsa entre quienes puedan reclutar y transportar el mayor número de miembros. Las nuevas direcciones deben expresar la pluralidad de nuestra sociedad y el debate que se da en ella. Un partido incapaz de alimentarse de la energía social acaba inevitablemente separado de la sociedad civil y sus luchas.

También debe crear nuevos mecanismos de participación y consulta que faciliten la interacción virtual y la intervención en las redes sociales. El PT tiene que ser un partido con frenos, contrapesos y control social.

Oposición firme y consistente al gobierno de Temer y reconfiguración de la política de alianzas

La sociedad dio un mensaje claro en 2016: no está satisfecho con los partidos, rechaza la política tradicional y quiere al PT en la oposición. El arco de alianzas del PT debe establecerse, claramente, orientado a la conformación de un frente de oposición al gobierno de Temer, que se oponga al entreguismo, a los sectores reaccionarios y sea defensor de los trabajadores, de los excluidos y de los intereses nacionales.

El PT debería rechazar terminantemente las coaliciones electorales y acuerdos de  gobierno con los partidos que apoyaron el golpe de Estado y que integran en actual gobierno Temer. Aunque los partidos políticos no son monolíticos y tienen diversas líneas políticas – como los casos de los senadores Roberto Requião, del PMDB, y Lídice da Mata, del PSB, así como parlamentarios federales que se pronunciaron contra el golpe- es esencial que el PT contribuya al debate político que delimita claramente su ámbito político-ideológico y programático de izquierda.

Los diálogos e incluso los acuerdos en un amplio frente social y parlamentario en defensa de los derechos sociales, que ahora están bajo amenaza, son esenciales, pero no se debe confundir con alianzas electorales a la prioridad del diálogo sobre un programa para el país. La prioridad debe ser la relación del PT con el PC do B, el PDT y el PSOL.  Y en el caso del PDT, al menos mientras que aún permanezca allí algo de brizolismo- es decir, del nacionalismo, del trabajo y la defensa de los servicios públicos. En el caso de PSOL, incluso si todavía hay renuencia completamente comprensible, una aproximación del PT es necesaria para iniciar el gesto por la reanudación de las relaciones.

Las grandes batallas perdidas en el Congreso y el poder judicial, fueron primero perdidas en las calles. El desgaste del partido es crítico, pero la desilusión generalizada con la política como instrumento de cambio social es grave. Retomar la confianza social en la política y en la democracia requiere persuasión, diálogo con amplios sectores de la sociedad y un arduo trabajo de base. El núcleo de esta tarea implica la consolidación del Frente Brasil Popular y estrechar el diálogo con los nuevos frentes de lucha que se presentan en todo el país, con gran vitalidad, como “Povo Sem Medo”o “Levante da Juventude”. Allí se forjan ideas, estrategias de lucha y una nueva generación de militantes sociales que se hacen cargo de las calles para desgastar con la mayor fuerza posible a la política nacional. Al PT y a los otros partidos de izquierda no les cabe sólo alentar para que eso suceda, deben ser orientadores -programáticamente y organizativamente-. Los movimientos y organizaciones sociales y los partidos políticos fuertes no son incompatibles, al contrario, son un imperativo de la democracia.

En resumen, el PT debe asimilar que en adelante la lucha política requiere la formación de un frente amplio que reúna a los partidos políticos, organizaciones y movimientos de la sociedad civil e incluso a ciudadanos de otras banderas democráticas y sociales.

Un proyecto estratégico para Brasil

Además de un reordenamiento organizacional y una reorientación política, para completar el reto de reinventarse, el PT tiene que invertir de manera decisiva en la reformulación de un proyecto estratégico para Brasil. La experiencia de gobierno con medidas de desarrollo y las políticas públicas de inclusión social conformaron un activo valioso, pero insuficiente en un escenario económico de primacía de la internacionalización del capital financiero, la dependencia del boom de los commodities, del declive del “Estado de Bienestar” en todo el mundo en descenso y de la pérdida de empleo como medio de integración social.

Un partido con vocación de poder no puede ignorar esta agenda tan compleja, que también incluye los cambios de sistema político, el peso y el lugar de instituciones como el Ministerio Público y el Poder Judicial, el papel de los medios de comunicación y de las nuevas herramientas de información y comunicación, la importancia de la ciencia y la tecnología, la investigación y el desarrollo, el pensamiento estratégico y la seguridad nacional, la conservación y el manejo de los recursos naturales estratégicos, entre otros. Un partido con vocación de poder debe estar dispuesto a comprender las transformaciones en curso para ofrecer su interpretación, sus ideas y su programa para el país.

Un desafío de esta envergadura remite a la necesidad de reunir a lo mejor de la intelectualidad nacional e internacional y dialogar con muchas otras instituciones y segmentos que se enmarcan en la misma agenda en la perspectiva de disputar intelectualmente el rumbo del país. Una de las principales lecciones que se pueden extraer de la crisis por la que pasamos es que pasó el tiempo de responder a los dilemas estratégicos con respuestas tácticas de corto plazo.

Fortalecer los lazos con los movimientos, organizaciones, partidos y gobiernos progresistas de otros países

El intercambio de experiencias, las estrategias comunes de acción y la conformación de un programa internacional de luchas en temas como la implementación de un impuesto internacional a las transacciones financieras, la lucha contra los paraísos fiscales, la reforma de los organismos multilaterales, la internacionalización de los derechos básicos de los trabajadores, la universalización de las políticas de distribución del ingreso o la solidaridad a las víctimas de violaciones de los derechos humanos, deben volver a ser la agenda de trabajo prioritaria del PT. No existe salida nacional sin la articulación global de las luchas sociales con una reforma de las instituciones gubernamentales y económicas.

A una derecha transnacional y antinacional debe oponérsele una acción internacional con las pautas unificadas y acción combinada, sobretodo en el campo programático, formativo y de comunicación.

Ahora es la hora, o “saludos al PT”

El PT vive un momento crucial. Muchos de los cambios necesarios son ciertamente posible porque la coyuntura se encargó de volverlos no sólo como lo mejor opción, sino que en algunos casos,  como las únicas posibles. El PT besó la lona, llegó hasta el suelo. Antes de que la mayor parte de sus seguidores y su activismo le envíe “saludos al PT” hay que ponerse de pie, sacudirse el polvo y volver a caminar con la cabeza bien alta. Pero esto no es un ejercicio que demande sólo voluntad política. Exige rescatar el carácter civilizador de su ideario y la osadía y la dignidad que históricamente marcó la trayectoria de las izquierdas

* Por Antonio Carlos Granado, Antonio Lassance, Jefferson Goulart, José Machado e Ronaldo Coutinho 

*Los autores son referentes del Partido de los Trabajadores de Brasil