De la subsistencia al escalafón

Por Noelia Campostrini[i]

Al considerar la real dimensión del papel que jugó el individualismo en nuestra historia, se intenta promover un modelo de empresa que demostró que la participación ciudadana es capaz de impulsar transformaciones sociales, con este fin surgió el cooperativismo.

Los modelos políticos hegemónicos, en toda sociedad, moldean las concepciones pedagógicas dominantes que luego las instituciones y organizaciones reproducen culturalmente. Los procesos en la economía social y solidaria no escapan a esto y es, en este lugar, donde se fijan las bases del cooperativismo, teniendo en claro sus principios y valores y apelando a la interrelación con quienes lleven adelante las mismas premisas.

Desde los orígenes, las personas poseen de manera innata la capacidad de asociarse con otras. Un claro ejemplo es la conformación de una familia donde, desde un mínimo de dos personas, se establece un vínculo de cooperación.

En los tiempos que corren donde el ritmo de vida se ha acelerado suelen escucharse frases como “esta noche dejo la comida hecha para mañana”, “el primero que llegue… (haga tal o cual tarea)”, “paso a buscar a X a la salida de la escuela mientras tanto alguien que se ocupe de…”. De esta manera se observa que en las simples acciones cotidianas de la división de tareas se practica la cooperación tal vez sin notarlo.

La cuestión es cuándo surge el cooperativismo como filosofía de vida y, en este sentido, remite a la época de la organización de la sociedad por escalafones. Lo que nuestros pueblos originarios dividían en pesca, caza y recolección para alimentarse y sobrevivir en comunidad, pasó a segmentarse en los grupos que producían y en los que se apropiaban de dicha producción. En términos de períodos históricos la analogía se refleja en el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo y, con ello, las desigualdades sociales.

A partir de los diferentes procesos históricos se llega a la Revolución Industrial que tuvo a Inglaterra como escenario y a los trabajadores como protagonistas de la explotación y el sometimiento pero también de la lucha de clases, de la resistencia, la organización obrera y la construcción colectiva.

El fortalecimiento de ésta última,  dio lugar a que en 1844 se creara, con 28 socios fundadores de la industria textil, la cooperativa de consumo  “los Pioneros de Rochdale” que fundó sus bases en los principios y valores del cooperativismo.

Para ayudar a los trabajadores que atravesaban una situación económica difícil, impulsaron la apertura de un almacén cooperativo de consumo y uno de sus pilares fue el de la compra al contado. Con la mitad de lo que los cooperativistas acumularon en un año, alquilaron el local para el almacén y lo demás lo destinaron para comprar productos de alimentación básica, que como sociedad compraban al por mayor y vendían por unidad, obteniendo una ganancia mínima.

En la actualidad, dicho lugar se conserva como el Museo de los Pioneros de Rochdale, llevado adelante por el movimiento cooperativo a través de la Universidad Cooperativa, que lo gestiona. Su objetivo es la conservación del edificio original de la Sociedad de los Pioneros de Rochdale y concientizar acerca de los principios del movimiento cooperativo.

 

 

[i] Cooperativista. Profesora en Lengua y Literatura. Escritora. Especialista en Educación y Nuevas Tecnologías. Secretaria de educación del Banco Credicoop Cooperativo Limitado filial Gualeguaychú. Socia – Síndica de la cooperativa educacional “Caminos Cooperativos Gualeguaychú” Ltda. Socia – Secretaria de la cooperativa comunicacional “Río de los pájaros” Ltda.