La influencia de la Comunicación en los Derechos Humanos

Para la construcción plena de una comunidad democrática, inclusiva y equitativa, es fundamental el reconocimiento y protección de los derechos fundamentales de las personas por parte del Estado y el conjunto de actores que integran la sociedad civil. Los medios de comunicación, desde sus prácticas, pueden contribuir en la garantía y protección de los mismos o permitir su vulneración.

Por Stefanía de la Fuente

El papel que desempeña la comunicación en la construcción de la realidad social es determinante, por lo que la relevancia dada a un tema, así como su ocultamiento o la reafirmación de estereotipos son factores que impactan directamente en el ejercicio y garantía de los derechos.

A propósito de cumplir 41 años desde el último golpe de Estado cívico militar en Argentina, se pone en debate el rol específico de los medios de comunicación masiva en el registro de los acontecimientos y su contribución a la memoria histórica. La evidente responsabilidad de algunos de ellos en el encubrimiento de los hechos de violación masiva y sistemática a los derechos humanos impone como desafío hacia el 2017 el edificar una forma de comunicación avanzada que tenga como base la dignidad humana y el respeto al pluralismo de opiniones.

Existe una relación directa entre derechos humanos, democracia y comunicación social; la democracia requiere de una ciudadanía participativa, informada, que pueda indagar todo el tiempo la información que le es dada sean protagonistas o receptores. Sin embargo, ¿reconocemos la responsabilidad como ciudadanos en este entramado?

 Vestigios de la dictadura

Rodolfo Walsh redactó el 24 de marzo de 1977, a un año de instalada la Junta Militar en el país, una carta abierta en donde subrayaba que la dictadura contaba con el apoyo de poderosos grupos económicos y una pata civil que venía a beneficiarse con la miseria planificada para los argentinos desde los intereses de una minoría. Agrega, que esto solo podía darse interviniendo los sindicatos, amordazando a la prensa e implementando el terror[1].

Entonces, retomemos esto: grupos económicos, pata civil, prensa amordazada, ¿no es la prensa parte de la sociedad civil y a su vez un sector económico? Analizar el discurso de los medios de comunicación en la dictadura no se agota en saber qué se decía o cuál fue su actuación en la puja de poder, sino que consta de localizar qué guiños de ese discurso continúan y cuáles son los actores sociales que todavía lo establecen.

Los meses previos al golpe de Estado la propaganda mediática preparaba a la población con titulares que manifestaban la urgencia de un cambio en el país. La necesidad era de grupos económicos que pretendían terminar con el Estado como regulador de la economía, pero la fuerza era de los medios masivos y del consenso de gran parte de la sociedad. En la jornada posterior al 24 de marzo de 1976 la radio y la prensa escrita se encargaron de legitimar lo sucedido.

La dictadura militar no solo dejó miles de muertes y desapariciones, sino que creó nuevas relaciones sociales, económicas y políticas; una nueva forma de construir poder alejado de lo público y tejido por intereses privados. En ese marco, los medios no fueron la excepción, por lo que hoy, la información es una mercancía utilizada y tergiversada en base a intereses económicos y sensacionalistas.

 En el medio[2]

En el centro entre estos extremos que disputan poder están los receptores de la información. El público lector, oyente o televidente es quien legitima el mensaje que los medios despliegan, muchas veces sin desnudar las intenciones profundas y otras esperando que ese mensaje confirme y acredite sus propias ideas.

El receptor es consciente de su papel en este entramado de información, sobre todo en este momento de la historia en el que todos los medios de comunicación juegan a la ida y vuelta con sus destinatarios. Claros ejemplos son los noticieros que utilizan la aplicación WhatsApp como fuente de información, los programas dedicados a la vida privada de los artistas chequean la veracidad de lo que dicen en base a Twitter y piden que opinemos mandando un mensaje al número en pantalla.  ¿Cuánta de esta visibilidad, en realidad, invisibiliza? ¿Cuánta de esta información, desinforma?

En octubre de 2009 se sancionó la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, distinguida como la ley más democrática del país ya que fue arduamente discutida y analizada por la sociedad toda. Esta fue una herramienta que fortaleció la democracia porque bregó por un sistema de medios más equilibrado que brindara un espacio para que nuevas voces sean escuchadas.

Se tuvo en cuenta el acceso a la información, las voces de las comunidades, la importancia de la mirada nacional; se abrió el escenario para producciones que tuvieran en cuenta a la infancia, niñez y adolescencia no en términos de sujetos pasivos, encontró un espacio para los diversos géneros y sexualidades. Se democratizó la palabra y comenzaron a ser tenidos en cuenta las Organizaciones Sociales y los Medios Comunitarios, se garantizaron derechos.

Junto con la sanción de la Ley fue creada la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), entidad encargada del cumplimiento y la regulación de la Ley 26.522.

En 2016, poco tiempo después de la asunción del Presidente Mauricio Macri el organismo fue disuelto y se creó en su lugar el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM), «su objetivo es conducir el proceso de convergencia tecnológica y crear condiciones estables de mercado para garantizar el acceso de todos los argentinos a los servicios de internet, telefonía fija y móvil, radio, postales y televisión».[3]

Aquí estamos de nuevo: la construcción de la comunicación en manos de la oferta y la demanda, dependiente de las condiciones de mercado, del acceso a la última tecnología y de los intereses económicos de sectores minoritarios.

Como hemos dicho anteriormente, el análisis no debe quedarse en saber qué papel jugaron los medios en la última dictadura militar, sino en qué o quienes siguen hoy perpetrando el mismo discurso.

Todos, como lectores de nuestra realidad, debemos ser capaces de interpretar y criticar la información que nos llega en términos de derechos humanos.

El debate sobre el rol de los medios masivos en democracia se pregunta sobre sus límites, controles y objetivos. Entender los procesos de concentración es un paso necesario para avanzar en este sentido, pero aún más importante es democratizar la comunicación para cumplir de una vez con lo proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948: declaró la ONU que la libertad de información era la piedra angular de todas las libertades y un derecho humano fundamental.

  stdelafuente@hotmail.com

[1]     WALSH, Rodolfo Jorge. Carta abierta a la Junta Militar. Buenos Aires, 1977
 {Disponible en: http://www.domhelder.edu.br/veredas_direito/pdf/26_160.pdf / última visita: 14/03/2017}
 [2]     de la Fuente, Stefanía y Maidana, Lautaro. Talleristas en el medio. Revista Barriletes. Paraná, 18 de Julio de 2016.
{Disponible en:https://issuu.com/barriletes/docs/barriletes_178_julio_2016 / última visita: 14/03/2017} Pp. 19
 [3]     Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM)
 {Disponible en: http://www.enacom.gob.ar/institucionales_p33 / última visita: 14/03/2017}