La mujer precarizada, en el marco del día Internacional de la Mujer Trabajadora

Por María Belén Biré

Exclusivo para Voces de Inclusión

Hace días atrás, en nuestro país, en un escenario de lucha impostergable en estos tiempos, vivimos el PARO NACIONAL DE MUJERES. El mismo, se enmarcó en un reclamo que traspasó las fronteras y en 50 países las mujeres salimos a la calle; como leí por ahí,”hicimos temblar la tierra”. Los reclamos fueron contra las violencias machistas, femicidios, la desigualdad en el trabajo y el hogar, los despidos, la precariedad laboral, el ajuste, entre otros.

Como dijo, Dora Barrancos (socióloga e historiadora) a Página 12, “LAS MUJERES ESTÁN INTERPELADAS POR SI MISMAS” “hay un estado de movilización en la subjetividad de millones de mujeres”.

Las mujeres de cada pago de nuestro país, nos organizamos, nos encontramos, damos continuidad a nuestro legítimo reclamo en cada marcha que se viene gestando: un Estado que se haga cargo de lo que debe hacerse cargo.

Sin embargo, volvimos a sentir “la caza de brujas”, la represión y persecución por parte de la ultraderecha, no se hizo ausente y una vez más, la magnitud de lo que significa que las mujeres tomemos conciencia de la dominación masculina y salgamos a marchar, se desvirtúa desde los medios dejando aflorar de manera latente, la invisibilización del reclamo.

Pero esto tiene una correlación con las decisiones políticas que toma el gobierno nacional respecto a la causa, que corresponde a la cara más dura del capitalismo salvaje, el neoliberalismo.

“Te la debo, no estoy en el tema”, fue la abyecta respuesta del actual presidente del país, ante la pregunta de un periodista sobre la muerte de una mujer que habría percibido un error de carga en su cuenta bancaria, dejándola sin su salario. En el mismo plano, también muere una mujer quién fuera despedida de su trabajo, al igual que su pareja días atrás.No debe sorprendernos la parsimonia con la que contesta, ya que la correspondencia entra la indiferencia y sus políticas de ajuste son el claro escenario de un Estado que poco a poco comenzaba a perder terreno en materia de derechos adquiridos.

Los jóvenes y las mujeres somos el primer eslabón de precarización laboral de un gobierno neoliberal que apuesta a la mano de obra barata de la clase trabajadora disciplinándola a través de despidos, contratos de corta duración, empleo en negro, competencia, “meritocracia”.

Esto se debe a que somos quiénes todavía estamos dando la batalla cultural en un sistema capitalista patriarcal que amalgama las inequidades más profundas de clase, estableciendo relaciones de trabajo donde somos las mujeres quiénes históricamente permanecemos en desigualdad. Sostenemos  un doble rol dentro de la sociedad, el trabajo remunerado, y el trabajo que cada una lleva adelante desde el sostenimiento de las relaciones afectivas y emocionales que suelen estarnos designadas. El trabajo remunerado resulta así, desde una perspectiva de género, precario, desigual, discriminado para quiénes asumimos identidades feminizadas, mujeres, lesbianas, trans, travestis, somos quiénes nos enfrentamos a la segregación laboral de puestos (determinados para mujeres relacionados al cuidado y la educación), a salarios inferiores que los de los varones y a la discriminación laboral y en un alto porcentaje, acoso sexual. Remitiendo así, a la promiscua respuesta mencionada en el primer párrafo, por parte del presidente, el empresario Mauricio Macri, “no estar en el tema” implica justamente un desembarazo moral, ético y político ante la actual coyuntura que atravesamos las mujeres trabajadoras. El plan económico-político-social-cultural, montado por la extrema derecha en Latinoamérica, arremata sobre quiénes debemos enfrentar la pobreza, la desigualdad, la violencia, la indiferencia y la discriminación de un sistema patriarcal, atravesadas por la cuestión de clase.

Ser mujer y madre, y “se embarazan por el plan”, o somos despedidas por hacer uso de nuestra licencia por maternidad. Ser mujer, trans, lesbiana, y ser despedida del estado, de la empresa, ver caer su Pymes o morir x ello. Ser travesti y buscarte en el mercado laboral, encontrándote en la inerme explotación sexual. Ser dirigente social, militante política, y estar más de 365 días presa sin causa probada. Ser madre y amamantar su cría en un banco de la plaza, y ser echada por la policía por mostrar la teta y no para placeres del mercado. Ser mujer, libre de su cuerpo y sus tetas, genera más revuelo policial y mediático que el condonamiento a una deuda millonaria a un empresario, varón, cómplice de oscuras operaciones en deterioro de toda una sociedad a la que le da lo mismo pero que se siente amenazada por un pezón a la vista.  No es casualidad, ni descuido, ni ignorancia; es complicidad, es planificación, es el deterioro de avances de más de una década dónde el reconocimiento al pobre, a la mujer pobre, trabajadora, militante política, pone en riesgo el establishment de “lindxs, purxs y blancxs”.

Es por esto, x nuestras madres y abuelas de plaza de mayo, por nuestras compañeras caídas en la lucha, en la misma lucha, es que debemos organizarnos, formarnos, manifestarnos, generar espacios de debate, continuar dando la batalla cultural, visibilizarnos y exigir respuestas que no queden en deuda por parte de quiénes oprimen nuestra clase y son provechosos de ello.

Lo que le 8M nos dejó, es la clara continuidad de una lucha que no se agota en fechas, si no, que vuelve a encontrarnos, cada vez más unidas en la pluralidad de subjetividades, con objetivos claros, visibilizar la violencia machista que padecemos, y reivindicarnos en la lucha y conquista por nuestros derechos como trabajadoras, todas.

María Belén Biré. Mujer, docente, compañera, militante política.